El número uno mundial concluyó su primera semana de pretemporada acompañado por su entorno más cercano y con la mirada puesta en Australia.
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La primera semana de Carlos Alcaraz sin la presencia de Juan Carlos Ferrero tuvo lugar lejos del bullicio de las grandes urbes.
En Murcia, lugar en el que todo comenzó, el número uno del mundo ha delineado las bases de una nueva fase que se muestra más como una transición ordenada que como una ruptura absoluta. Dos publicaciones en redes sociales reflejan con claridad la naturaleza de este cambio.
Samuel López, promovido de hecho a entrenador principal tras desempeñar funciones como asistente de Ferrero, fue el primero en dar el tono. En una publicación de Instagram —que luego eliminó, posiblemente como una medida de cautela comunicativa respecto al asunto— describió la etapa inicial del proyecto con términos cuidadosamente seleccionados.
Samuel López:
«Preseason first week completed. After passing the medical checkup we started off with good sensations, hard work, and commitment
We continue to train with enthusiasm, ambition, and unity, focused on growing day by day and continuing to make history in this sport» pic.twitter.com/z5h0Po6ip2
— Alcaraz Updates🐝 (@alcarazzupdates) December 21, 2025
«Primera semana de pretemporada completada», manifestó, dejando claro que el entrenamiento no se ha detenido, sino que ha sido redefinido. El mensaje destacaba tres valores que se convertirían en la brújula oficial del equipo: ilusión, ambición y unidad.
Las imágenes que acompañaban al texto mostraban precisamente lo que Samuel López quería transmitir: pistas en Murcia, pelotas oficiales del Open de Australia 2026, y en torno a Alcaraz seguía el mismo grupo habitual -Alberto Lledó, Juanjo Moreno, Albert Molina y Álvaro, hermano mayor de Carlos-.
El mensaje implícito era tan relevante como el explícito: se mantiene la misma esencia. El equipo sigue igual. Solo ha cambiado la figura que lo dirige.
Más tarde, Alcaraz tomó la iniciativa para expresarse. Su publicación tomó la forma de un carrusel de fotografías, formato utilizado por los tenistas actuales para narrar situaciones sin necesidad de pronunciar declaraciones directas.
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Se veía trabajo en pista dura —con la presencia de un invitado especial, el italiano Flavio Cobolli—, sesiones físicas guiadas por Samu López, y un elemento visual inesperado: un tatuaje nuevo en la parte posterior del brazo izquierdo.
La Estatua de la Libertad junto con el Puente de Brooklyn ahora forman parte de su piel, cumpliendo así la promesa que Alcaraz hizo tras ganar el US Open poco más de tres meses atrás.
Este no es solo un tributo al segundo título conseguido en Nueva York. También simboliza un compromiso de continuidad: en la semana en que concluía la etapa con Ferrero, el murciano continúa escribiendo su trayectoria deportiva con la determinación de quien confía en su plan.
Este gesto posee múltiples capas. Mientras expertos y aficionados debatían sobre las causas de una separación inesperada en el mejor momento competitivo de Alcaraz, el jugador optó por la acción en vez de las explicaciones.
En Murcia, junto a Ganga —su tatuador de confianza—, Alcaraz remarcó que los Grand Slams quedan tatuados, que los proyectos se construyen paso a paso y que la historia continúa escribiéndose.
Una semana donde todo parecía ponerse en duda quedó plasmada en su piel como una confirmación: el camino sigue adelante, pero ahora con la meta puesta en Australia, el único ‘grande’ que aún falta en su palmarés.

