Las claves
Pedro Sánchez evita ofrecer respuestas claras respecto a los casos de corrupción que involucran al PSOE y a su círculo cercano.
Los aliados parlamentarios de Sánchez mantienen cierta distancia y critican la falta de transparencia, aunque no proponen una moción de censura.
Sánchez encara el cierre del periodo parlamentario en una posición más aislada y debilitada, con un otoño complicado previsto para el Gobierno.
Portavoces de ERC, Junts y Podemos cuestionan la dirección de Sánchez y reclaman un relevo o la convocatoria de elecciones.
El trámite está superado. A pesar de las múltiples dificultades y de no convencer ni a sus propios socios, Pedro Sánchez se encuentra más solo y debilitado que nunca, políticamente al borde del colapso, pero este miércoles ha cerrado el curso parlamentario y, en principio, no tendrá que presentarse en la Cámara al menos hasta mediados de septiembre.
El Pleno del Congreso se suspende hasta después del verano, salvo dos sesiones extraordinarias en julio para la convalidación de decretos; sin embargo, el presidente y sus ministros no pasarán por el control parlamentario durante más de dos meses y medio.
El tiempo funciona como un respiro para prolongar la difícil situación.
A Sánchez le espera una rueda de prensa de fin de curso el 28 de julio, momento en que podrá ofrecer explicaciones sobre temas como la corrupción. Este miércoles acudió al Congreso para informar sobre los escándalos que afectan al Gobierno y al PSOE y, finalmente, dedicó la mayor parte de su intervención a detallar los casos de corrupción del PP y a criticar la gestión de Alberto Núñez Feijóo en la Xunta.
El presidente se presentó en el papel de víctima y, por supuesto, rechazó cualquier responsabilidad sobre la corrupción de su entorno. Dijo desde la tribuna, refiriéndose a su exnúmero dos, ministro y secretario de Organización, José Luis Ábalos, condenado a 24 años de cárcel por el Tribunal Supremo: «Me cabrea«.
En su intervención inicial, Sánchez dividió los casos en tres categorías. La primera la denominó como «caso de corrupción flagrante».
En este grupo incluyó a Ábalos, Santos Cerdán y Leire Díez. Actualmente ya no niega la veracidad de estos casos, aceptándolos pero con la única salvedad de que piensa que los implicados usaron su influencia dentro del Gobierno y PSOE para obtener ganancias económicas.
Su defensa principal es que él no tenía conocimiento alguno. Incluso, se refirió a Ábalos y Cerdán como si no pertenecieran al PSOE ni hubieran sido secretarios de Organización con autoridad delegada por él mismo.
El segundo conjunto de casos es el que involucra a José Luis Rodríguez Zapatero.
Sánchez defendió al expresidente socialista, no aludió al tema de las joyas y se esforzó en aclarar que dicho caso está desligado del Gobierno porque no se detectó irregularidad alguna en el rescate de Plus Ultra.
El tercer grupo corresponde a asuntos que le afectan más directamente, es decir, relacionados con su esposa y hermano, en los cuales afirmó categóricamente su inocencia.
En estos casos habló con total certeza, refiriéndose a una campaña de «acoso y derribo, con informaciones falsas, seudomedios financiados por gobiernos del PP y ciertos lobbies». En otras palabras, lawfare.
Ninguno de estos casos contó con explicaciones o detalles adicionales. Tampoco abordó las supuestas cloacas del PSOE.
Distanciamiento de los aliados
De hecho, todos los socios, en diversos grados, mostraron distancia y expresaron su descontento por la falta de explicaciones.
Es cierto que ninguno toma la iniciativa de poner fin al Gobierno mediante una moción de censura, debido al alto costo político que implicaría pactar con Vox, pero la distancia entre ellos crece progresivamente. Esta situación hace improbable la aprobación de Presupuestos en otoño y, de no lograrse, podrían convocarse elecciones a principios de 2027.
Particularmente astuto fue Gabriel Rufián (ERC), quien reprochó a Sánchez su táctica del «y tú más».
«Aznar, Rajoy, Feijóo, Abascal, Ayuso o Felipe González son peores, ¿y qué?»: con esta frase desmontó la extensa réplica de Sánchez, que se limitó a enumerar casos de corrupción del PP y a descalificar a Feijóo para llegar a la presidencia del Gobierno.
Rufián también desmontó el argumento de la autonomía de Ábalos para actuar sin la supervisión del líder del PSOE, afirmando que negoció mucho con él y «su palabra era palabra de Dios y Dios era Sánchez».
Igualmente le preguntó qué diría si un expresidente del PP tuviera joyas en su domicilio, al igual que Zapatero, pero Sánchez no respondió.
La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, pidió a Sánchez que se «retire», como hizo su contraparte en Reino Unido, Keir Starmer, y permita que el Parlamento le reemplace, argumentando que está «tocado y hundido» y que la situación de corrupción es «insostenible». «A diferencia de usted, él cuenta con una amplia mayoría», añadió.
Sánchez respondió desafiante, desafiando a Nogueras a presentar una moción de censura, lo que evidenció aún más la distancia y su soledad política.
En la misma línea, la portavoz de Podemos, Ione Belarra, afirmó que «su ciclo político ha finalizado» y le instó a «dar paso» y convocar elecciones.
«Millones de personas depositaron confianza en usted, presidente, para dos objetivos: regenerar la política y avanzar en derechos. No se logró ninguno de los dos, por eso es momento de que dé paso,» afirmó Belarra.
Fuentes de Moncloa atribuyen estas declaraciones de los socios a la estrategia habitual previa al cierre del mandato, cuyo fin es distanciarse en lo posible sin romper completamente para mantener voz propia ante las urnas.
Sánchez sigue adelante, cada vez más debilitado y aislado, pero con el verano por delante para gobernar sin Parlamento y prepararse para un otoño e invierno cargados de informes policiales, autos judiciales, juicios y sentencias.

