Las claves
Elena Fragio, sobreviviente del accidente ferroviario de Adamuz, ha lanzado un libro titulado «Adamuz, mi último tren» con el objetivo de relatar su vivencia y rendir tributo a las víctimas.
El siniestro le provocó consecuencias físicas severas, incluyendo una pérdida auditiva del 40% en un oído y daños en la cadera, lo que le impide continuar con su aspiración de ser funcionaria de prisiones.
Elena enfatiza el valor del apoyo psicológico y la solidaridad recibida tanto de su entorno como de los residentes de Adamuz, quienes desempeñaron un papel fundamental en el rescate.
El libro surgió como una forma de terapia recomendada por su psicóloga, con la intención de transmitir esperanza y brindar ayuda a personas que enfrentan dificultades.
La existencia de Elena Fragio (Huelva, 28 años) se transformó completamente desde aquel 18 de enero cuando ocurrió el trágico accidente ferroviario en Adamuz, que dejó 46 víctimas fatales, la mayoría a bordo del Alvia en el que ella viajaba.
El siniestro la sorprendió en uno de los dos vagones que cayeron por el talud, asignada en el asiento 19C del vagón 1. El choque la dejó gravemente herida, permaneciendo postrada en cama por más de tres meses. La evolución de su recuperación es lenta, apoyada por una gran fuerza de voluntad y la labor de sus fisioterapeutas.
La joven reunió valor para contar su relato mediante el libro Adamuz, mi último tren, editado en conjunto con la Editorial Niebla. Indica que su propósito es rendir un homenaje como muestra de gratitud y un mensaje de esperanza. La presentación tuvo lugar este miércoles en el Centro Cultural José Luis García Palacios de la Fundación Caja Rural del Sur en Huelva.
Viajó a Madrid, llevando consigo una maleta llena de ilusiones y esperanzas para su futuro, ya que el desplazamiento a la capital española tenía como objetivo cumplir su sueño presentándose a las oposiciones de funcionario de prisiones.
Elena recibió a EL ESPAÑOL en su casa, con una sonrisa, apoyándose en sus dos muletas rosas y acompañada siempre por su familia, quienes la han apoyado durante todo este proceso.
En primer lugar, Elena, ¿cómo está avanzando la recuperación?
El proceso es muy lento. Hay días en que todo parece mejorar y otros en los que ni siquiera desea salir de su habitación. A pesar de ello, percibe progresos, ya que pasó de estar tres meses en cama a desplazarse con ayuda de muletas.
El fisioterapeuta le ha indicado que queda mucho por recorrer en su recuperación. Pasó 103 días inmóvil en cama, por lo que progresa de manera paulatina.
¿Qué tipo de secuelas tienes en la actualidad?
Actualmente, sufre una pérdida auditiva permanente estimada del 40% en uno de sus oídos. Además, cuenta con cuatro clavos en la cadera, los cuales podrían limitar su movilidad en el futuro y ocasionar una leve cojera, sobre todo en el lado izquierdo.
Siendo criminóloga, ¿podrás presentarte nuevamente a las oposiciones?
No, lamentablemente su estado de salud no se lo permite. Por eso menciona que le fue arrebatado su sueño de convertirse en funcionaria de prisiones.
¿Cuánto tiempo permaneciste hospitalizada?
Estuvo ingresada durante 18 días. Los primeros cuatro en Córdoba y, posteriormente, fue trasladada a Sevilla.
Este evento generó un gran impacto mediático. ¿Lo consideras un accidente?
Ella lo trata como tal y evitó seguir las noticias en televisión. Quizá en el futuro se interese por conocer más detalles, pero por ahora está enfocada en su recuperación.
¿Disfrutaste del concierto de Manuel Carrasco en Sevilla este viernes? ¿Fue terapéutico?
Sí, fue muy útil para desconectar, pues su vida actual se ha reducido a citas con el psicólogo y sesiones de fisioterapia. Fue un momento especial, especialmente compartirlo con otras víctimas.
¿Fue la primera ocasión en que te reuniste con las víctimas?
En su caso sí, ya que previamente sólo había visto a algunos, pero no al grupo completo, puesto que no pudo asistir al funeral debido a su hospitalización.
«El libro busca transmitir esperanza y servir de ayuda a otros. Me preocupaba cómo lo recibirían las víctimas y han tenido palabras de felicitación.»
¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?
Comenzó como una terapia. La psicóloga del hospital en Sevilla donde estuvo hospitalizada le recomendó llevar un diario que reflejara lo que pensaba en cada momento. Así fue tomando forma la idea de crear un libro.
¿Cuál fue la reacción de las víctimas?
Lo recibieron muy bien. A ellas era a quienes más importaba agradar con esta obra. Tenía cierto temor de que algunas pudieran sentirse afectadas, ya que muchas aún evitan hablar del tema. Sin embargo, muchas le han agradecido que relate lo ocurrido aquella noche y cómo lo vivieron.
¿Qué mensaje quieres transmitir con el libro?
Procura enviar un mensaje de esperanza. Espera que sirva tanto a las víctimas del accidente como a cualquier persona que atraviese por dificultades. Incluso recibió el mensaje de un joven que lleva 17 años en silla de ruedas, quien le comentó que el libro le ayudó mucho. Se queda con esos gestos.
Asimismo, el libro es también un agradecimiento a quienes asistieron a las víctimas y, pese a lo complicado de la situación, acudieron a auxiliar a los heridos.
Has anunciado que habrá una segunda edición. ¿Te ha sorprendido la repercusión que ha tenido?
Lo que más le ha sorprendido es la cantidad de personas que la han reconocido a partir del libro. Es su historia, aunque no la eligió, es la experiencia que le tocó vivir a ella y a todas las víctimas.
Miles de personas salieron a las calles en Huelva. ¿Qué opinas de la respuesta ciudadana?
La asociación de víctimas ha realizado un gran trabajo para visibilizarlo. Asistió una cantidad mayor de personas de lo esperado. Es un tema que caló mucho en la sociedad, debido a la gran cobertura mediática del accidente.
«Viajaba sola a Madrid. Le pedí a mi madre que me acompañara, pero finalmente no lo hizo. Los primeros en asistir fueron un compañero de la academia con su padre, que llegaron en hora y media.»
¿Era tu primera vez viajando en tren a Madrid?
Fue la tercera ocasión para ella en un tren. Tiene claro que no volverá a subir a uno tras haber vivido esta experiencia.
¿Viajabas sola o acompañada?
Viajó con dos amigas que también se presentaban al examen, pero ellas iban en los vagones tres y cuatro. Pidió a su madre que la acompañara, pero esta no lo hizo. Pensándolo ahora, considera que fue positivo que no viniera.
¿Cómo fue la vivencia durante el accidente?
Fue súbito. En seis segundos todo sucedió, quedando atrapados en la oscuridad total. Estuvo una hora y media atrapada. Recuerda los gritos, los teléfonos móviles sonando; nunca había presenciado tanta oscuridad como aquella noche.
Rememora que una joven sentada delante de ella le tomó la mano desde su asiento y le preguntó cómo estaba, ya que también estaba atrapada.
Le preguntó si seguía viva, y ella respondió afirmativamente. Fue la primera compañía en ese momento, aunque no podían ayudarse físicamente.
¿Quién fue la primera persona que te asistió?
Un joven de su academia, Víctor, junto a su padre y algunos vecinos del pueblo acudieron rápidamente al lugar del accidente y fueron los primeros rescatadores. Gracias a ellos siguen con vida.
Fueron valientes, dado que desconocían el riesgo de una posible explosión del tren. Llegaron con una linterna intentando rescatar a la mayor cantidad posible de personas.
¿Cuándo tomaste conciencia de la gravedad del accidente?
Desde el primer instante en el que salió a la superficie. Al ayudarla a salir del tren, notó que no sentía una pierna. Escuchó llorar a una joven por su madre, que había fallecido en el accidente.
¿Cuál fue tu primer pensamiento?
Inicialmente, pensó que el tren había descarrilado en una curva y que todos los vagones estarían dañados como el suyo. Observó escasa actividad en el área y temió que casi todos hubieran muerto.
«La ayuda para el tren llegó muy tarde. No tenían conocimiento de que el Alvia se había descarrilado. El problema no fue la falta de medios, sino no saber qué había sucedido con ese tren.»
¿Cómo lograste comunicarte con tu familia?
Pudo contactarlos aproximadamente dos horas después del accidente. Sus familiares ya iban en camino a Córdoba, sin noticias de ella.
Un hombre vestido con un chaquetón amarillo le prestó un teléfono móvil, pues había perdido el suyo. Aunque no perdió la conciencia, recordó el número de su madre y la llamó para decirle que tenía una pierna rota, pero que seguía viva.
¿Hay algo que no logras olvidar?
Recuerda todo con claridad, ya que no perdió el conocimiento en ningún momento. Llegó al hospital con heridas en el rostro.
Su padre no la reconocía por los golpes y la sangre que cubrían su cara. Ella le aseguró que era ella misma, pues en ese momento deseaba ver un rostro conocido más que nada.
La respuesta de emergencias fue tardía. ¿Lo entiendes?
La ayuda para el tren llegó con retraso. Inicialmente no supieron del descarrilamiento del Alvia, a diferencia de lo ocurrido con el Iryo, que fue atendido rápido.
Más tarde, un guardia civil de Adamuz solicitó ayuda urgente por radio. El problema no fue la falta de recursos sino el desconocimiento de qué había ocurrido con este tren.
¿Cuánto tardaron en trasladarte al hospital?
Aproximadamente cuatro horas desde el accidente. Sus padres llegaron al hospital antes que ella.
¿A qué atribuyes esa demora?
El personal de emergencias notó que estaba consciente y expresiva a pesar de las heridas. Le indicaron que no se durmiera, por eso hablaba mucho.
No estaban preparados para una tragedia de esta magnitud, y las circunstancias fueron complicadas para atender a tantas víctimas.
¿Te consideras afortunada por sobrevivir o desafortunada por haber estado en ese tren?
Es difícil definirlo, pero diría que ambas cosas. Se siente desafortunada porque este tipo de accidentes no deberían ocurrir en un país como España.
Por otro lado, se siente afortunada por haber sobrevivido y poder contar su historia, mientras que quienes fallecieron ese día no tuvieron la misma suerte.
¿Temes que este accidente sea olvidado?
Actualmente está siendo olvidado. La vida continua, las personas también. Los medios de comunicación se concentran en otros temas. Esto genera cierto malestar, pues observa que los demás avanzan a un ritmo que ella no puede seguir.
«Hace unos días vino a Huelva una familia de Adamuz que colaboró en el rescate, querían conocerme personalmente. Se han portado muy bien con nosotros.»
Este accidente sólo se recuerda el día 18 de cada mes. Es necesario mantenerlo presente.
En la recuperación, ¿qué pesa más: lo físico o lo psicológico?
El aspecto físico se recupera con el tiempo. Lo psicológico permanecerá durante muchos años tras vivir algo así. Asiste al psicólogo semanalmente y le han indicado que precisará terapia durante años para superarlo.
¿Experimentas frustración, impotencia o rabia?
Siente una combinación de esos sentimientos. Se pregunta por qué le ocurrió a ella, aunque reconoce que no debería haberle pasado a nadie.
¿Hay alguna sensación de culpabilidad?
En parte sí, porque las personas fallecidas no deberían haberse ido. Cada víctima tenía una familia y sueños, y no fue justo lo que sucedió.
Minutos antes de la tragedia, pensó en ir al baño, pero decidió quedarse en su asiento esperando la parada en Córdoba. Si hubiera ido, no estaría viva hoy. No era su día; su destino no era morir allí.
Siempre mencionas la solidaridad de Adamuz, ¿Siguen interesados en tu recuperación?
Sí. Este sábado la visitó una familia de allí que ayudó en el rescate, conduciendo más de tres horas desde Adamuz sólo para verla y conocerla personalmente.
Finalmente, ¿te gustaría volver a Adamuz?
Tiene planeado visitarlo más adelante, una vez recuperada, para agradecer la solidaridad mostrada.
La gente del pueblo se comportó muy bien con ella y con todas las víctimas. Siempre comenta que si el accidente hubiese ocurrido en un lugar más grande, la respuesta no habría sido la misma. El apoyo fue inmenso y fue gracias a los habitantes del municipio.

