Carlos Westendorp, exministro de Asuntos Exteriores y figura decisiva en la diplomacia española, falleció a los 89 años.
Westendorp fue mentor de Pedro Sánchez, otorgándole su primera oportunidad internacional al incorporarlo a su equipo en Bosnia en 1997.
Ocupó puestos relevantes como embajador en Estados Unidos y representante ante la ONU, impulsando el diálogo y la paz.
Pedro Sánchez y otras autoridades han destacado su legado de servicio público y dedicación a la edificación de sociedades justas y pacíficas.
Carlos Westendorp, quien fue ministro de Asuntos Exteriores entre 1995 y 1996 durante el último Gobierno de Felipe González y una figura central de la diplomacia española, ha fallecido a los 89 años. El socialista fue el primer mentor de Pedro Sánchez, brindándole su primera oportunidad internacional en 1997 al incluirlo en su equipo cuando ejercía como Alto Representante de la ONU para Bosnia y Herzegovina.
El deceso de Westendorp fue confirmado por el actual ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. “Su compromiso con el proyecto europeo, el diálogo y la paz encarna los mejores valores de nuestra diplomacia”, señaló en un mensaje difundido en redes sociales.
Diplomático afable y de expresión sosegada, Westendorp fue durante la última década del siglo XX uno de los políticos españoles más reconocidos fuera del país. También ejerció como embajador de España en Estados Unidos, esforzándose por robustecer la relación transatlántica basada en el respeto mutuo, y como representante máximo ante la ONU, defendiendo un orden internacional fundado en el derecho.
Luego de su paso por el Ministerio de Asuntos Exteriores, recibió el cargo de Alto Representante de la Comunidad Internacional y asumió una labor compleja: lograr la paz entre serbios ortodoxos, bosníacos musulmanes y croatas católicos tras los acuerdos de Dayton.
En su equipo integró a Pedro Sánchez, a quien apodaba «Pedrito» y a quien conoció en Nueva York en 1996, cuando el actual líder socialista trabajaba en Manhattan. La esposa de Westendorp, Amaya de Miguel, había colaborado con el padre de Sánchez en el Instituto Nacional de Artes Escénicas del Ministerio de Cultura a principios de los 90.
“Le invitábamos a cenar en varias ocasiones. Los jóvenes de esa edad suelen tener malos hábitos alimenticios. Venía a casa y conversábamos. Era un joven de 25 años —con apenas tres de militancia en el PSOE—, muy interesado en la política”, relataba el exministro en una entrevista con este diario. “Me pareció una persona amable y calmada, con un gran carisma personal”.
Un año después, cuando Westendorp recibió la oferta para trasladarse a Bosnia, recordó a “Pedrito” al formar su equipo. Reconoció que la relación con los padres del presidente del Gobierno influyó en su elección, aunque no fue el único factor: “Si me hubiera parecido una carga, jamás lo habría llevado conmigo. Creo que acerté. Me fue de gran ayuda”.
“Servidor público infatigable, trabajó siempre guiado por la fe en la humanidad y la convicción de que es posible construir sociedades más justas, dignas, abiertas y en paz”, resaltó Pedro Sánchez en un obituario publicado en El País sobre su “amigo y fuente constante de inspiración”.
Westendorp y Sánchez volvieron a coincidir en Madrid. Cuando el hoy presidente era concejal, debió asesorar a su antiguo mentor en aspectos relacionados con mítines: “Él conocía bien esto y me explicó que debía lanzar el mensaje en el momento en que, de repente, las luces se encendían con fuerza”, recordaba.
Sánchez definió a Westendorp como “uno de esos discretos arquitectos del orden internacional que la humanidad ha construido con gran esfuerzo a lo largo de generaciones y que, hoy más que nunca, merece conservarse”.

