
Realizar pagos con tarjeta se ha establecido como un estándar, y aunque en España el pago en efectivo permanece como la opción más empleada, es raro encontrar un lugar que no acepte esta modalidad.
Impulsado principalmente por la pandemia de 2020, el pago con tarjeta contactless o sin contacto se transformó en la forma preferida por usuarios y comercios debido a la rapidez y la comodidad de simplemente pasar la tarjeta sin necesidad de introducir el PIN para efectuar el pago.
Este mecanismo funciona gracias a la tecnología RFID (identificación por radiofrecuencia) y las señales electromagnéticas, que hacen posible la comunicación entre el chip de la tarjeta o el NFC del smartphone y el datáfono o terminal del establecimiento, facilitando el pago con solo acercar uno al otro.
Aunque este sistema ofrece múltiples beneficios para los consumidores, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos ha alertado que los ciberdelincuentes están aprovechando estas facilidades para llevar a cabo fraudes.
Esto sucede porque los delincuentes pueden interceptar y robar los datos de las tarjetas de forma inalámbrica, mediante esta tecnología que hace posible el pago sin contacto. Así, con solo aproximarse a la víctima y sin que esta se percate, pueden sustraer información o retirar dinero en cuestión de segundos.
Por esta razón, y aunque sea una solución sencilla, muchas personas optan por envolver sus tarjetas de crédito o débito con papel de aluminio, dado que su composición convierte al papel de aluminio en un conductor eléctrico efectivo, lo que provoca que al interactuar con las ondas electromagnéticas se generen corrientes eléctricas que circulan alrededor del conductor, impidiendo su penetración.
De acuerdo con especialistas, el grosor del papel de aluminio suele ser suficiente para resguardar la tarjeta de posibles ataques. Asimismo, existen otras opciones para protegerse, como usar carteras con bloqueo RFID o limitar los pagos con tarjeta que no requieran PIN.

