Impacto de la guerra en Irán y su potencial para generar la mayor crisis petrolera registrada

Un hombre pasea en Teherán y al fondo un mosaico de los líderes de la Revolución Islámica.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 10 marzo 2026
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Cuando en 1973 los países árabes productores de petróleo impusieron un embargo energético en respuesta al respaldo de Estados Unidos a Israel durante la guerra del Yom Kippur, el precio del petróleo se cuadruplicó, causando un fuerte impacto en la economía mundial.

Más de cincuenta años después, la relación entre un conflicto en Medio Oriente y el costo del petróleo sigue sacudiendo las finanzas globales.

Desde que Donald Trump y Benjamin Netanyahu ordenaron un ataque contra Irán el pasado sábado 28 de febrero, y Teherán contestó extendiendo el enfrentamiento regional y bloqueando el estrecho de Ormuz, el precio del barril se ha disparado de US$60 a casi US$120 este lunes, alcanzando el incremento más notable en una sola jornada hasta ahora, para luego descender y estabilizarse cerca de US$90.

Durante esta semana, se registró la jornada más inestable en la historia del mercado petrolero, generando pánico en los mercados y —por la respuesta precipitada de Trump afirmando que la guerra está «prácticamente concluida»— también incertidumbre en las oficinas.

En un intento evidente de apaciguar la tensión, el presidente estadounidense convocó una rueda de prensa este lunes, aunque, según el corresponsal de la BBC para EE.UU. Anthony Zurcher, sus declaraciones carecían de claridad.

“Tengo un plan para todo, ¿entendido?”, le aseguró a un periodista del New York Post ante las dudas sobre la subida del petróleo. “Tengo un plan para todo. Te vas a sentir muy satisfecho”.

A la cadena CBS expresó que el conflicto “está prácticamente finalizado”. Sin embargo, cuando se le consultó sobre la posible pronta conclusión de la operación, contestó: “No lo sé, depende. La conclusión está en mi cabeza, no en la de nadie más”.

También declaró que “hemos ganado en muchos aspectos, pero no lo suficiente” y que su administración aún está “lejos” de decidir si enviará tropas estadounidenses a Irán.

Su intensa actividad telefónica y la reunión de ministros de Finanzas del G7, donde se rumoreó una posible liberación de 300 millones de barriles de reservas estratégicas, ayudaron a calmar los mercados y a moderar la subida del petróleo.

No obstante, como él mismo señaló, nadie sabe realmente qué piensa Trump, por lo que la situación, tal como señala el editor de Economía de la BBC, Faisal Islam, «podría transformarse en el mayor shock petrolero de la historia».

Por ahora, la guerra sigue activa, al igual que el gran detonante de esta crisis: el bloqueo del estrecho de Ormuz.

Dos hombres frente a unos petroleros atracados en Muscat.

Fuente de la imagen, Reuters

Aunque la importancia del petróleo en la producción y consumo global es menor que en los años 70, continúa siendo uno de los motores principales de la economía mundial, y las repercusiones por la interrupción del suministro —la más amplia en la historia— comienzan a sentirse en la economía cotidiana de millones.

Sectores como el transporte y la petroquímica son especialmente vulnerables ante alzas en los precios del petróleo, que también afectan a la industria pesada y agroalimentaria. Esta interrupción puede tener consecuencias graves para economías dependientes del crudo del Golfo Pérsico, sobre todo las asiáticas.

El aumento de la inflación derivado podría generar impactos políticos relacionados con el conflicto —también para Trump, que enfrenta elecciones legislativas en noviembre—, con posibles repercusiones en las urnas.

“El mundo está atravesando la crisis energética más profunda en décadas y quizá la más seria desde los grandes shocks petroleros de los años 70”, alerta Rafael Pampillón, profesor de Economía en la IE Business School.

Aquellas crisis, particularmente la causada por el embargo árabe de 1973 y la revolución iraní de 1979, combinaron interrupciones físicas del suministro, altas subidas de precios y un contexto geopolítico sumamente volátil, detalla el profesor a BBC Mundo.

La coyuntura actual comparte varias de esas características.

Una ilustración en la que aparecen bombas de petróleo impresas en 3D, la bandera iraní y un gráfico bursátil al alza.

Fuente de la imagen, Reuters

El cierre del estrecho de Ormuz, clave en la crisis

“El estrecho de Ormuz representa el cuello de botella energético más importante del mundo”, detalla Rafael Pampillón, profesor de Economía en la IE Business School, a BBC Mundo.

Por ese paso marítimo transita una quinta parte del consumo mundial de petróleo y el 25% del petróleo que se transporta por vía marítima. Además, el 30% del gas natural licuado (GNL) también es transportado a través de allí.

El conflicto ha paralizado ese flujo.

Hasta el 27 de febrero, cruzaban diariamente 37 petroleros por Ormuz; días después del inicio del conflicto este número se redujo casi a cero.

La incertidumbre y la volatilidad afectan el precio del petróleo, pero el bloqueo del estrecho obliga a que productores de la zona cierren temporalmente pozos petrolíferos porque los buques cargados no pueden transitar y no hay espacio suficiente para almacenar más crudo. Esto impacta «directamente en los precios globales de la energía», afirma Pampillón.

Pero ¿por qué cerrar temporalmente un pozo no es una solución viable? A diferencia de una llave de agua, los pozos petroleros no son fáciles de cerrar ni de abrir nuevamente. Junto con las dificultades técnicas, podrían perder presión y quizá nunca recuperen su flujo original.

La Guardia Revolucionaria Islámica advirtió que no permitirá el paso de ni un solo litro de petróleo por esta ruta mientras Israel y Estados Unidos continúen con sus ataques, mientras el presidente Trump advirtió que “la muerte, el fuego y la furia” caerán sobre Irán si bloquea el paso del petróleo.

Diversos países han implementado medidas de emergencia ante «la crisis más grave» a la que se enfrenta la industria energética regional, según el director de Saudi Aramco, la petrolera estatal saudí y el mayor exportador mundial de petróleo.

Amin Nasser advirtió que habrá «consecuencias catastróficas» para los mercados petroleros globales si el conflicto continúa interrumpiendo la navegación en el estrecho de Ormuz.

Macron con militares en Chipre.

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El presidente francés, Emmanuel Macron, confirmó que desplegará alrededor de diez buques militares en la zona con la posible misión de escoltar barcos comerciales en el estrecho de Ormuz “cuando haya concluido la etapa más intensa del conflicto”, dijo desde Chipre este lunes.

Esta fue la estrategia adoptada por Estados Unidos y otras potencias en la década de los 80 durante la guerra Irán-Irak, cuando varios barcos mercantes y petroleros sufrieron ataques en el Golfo Pérsico.

Sin embargo, ni siquiera en ese entonces el estrecho llegó a cerrarse totalmente, recuerda el profesor Pampillón.

Una guerra asimétrica

“Irán parece estar utilizando una forma clásica de coerción asimétrica: al no poder igualar la capacidad convencional de EE.UU. e Israel, busca convertir el sistema energético regional en un multiplicador de costos”, explica Omar Rachedi, economista y senior fellow en EsadeGeo, centro de economía global y geopolítica de la universidad española, a BBC Mundo.

Aunque la victoria militar le escape, Teherán demuestra capacidad para impactar el sistema energético global, elevando tanto el costo económico como político de cualquier conflicto.

Desde la perspectiva de la teoría estratégica, enuncia el economista, Irán “intenta convertir su desventaja militar relativa en poder de negociación mediante un cuello de botella global”.

Así, atacando infraestructuras, terminales, refinerías y rutas marítimas, hace más costosa la guerra para Washington, sus aliados del Golfo y los grandes consumidores asiáticos y europeos con el objetivo de forzar un alto al fuego o limitar la escalada.

Pero ese no es el único propósito, según especialistas.

“También envía un mensaje de disuasión regional”, añade Pampillón.

Con estos ataques, Teherán advierte a sus vecinos del Golfo que cualquier involucramiento directo en el conflicto tendrá consecuencias económicas severas, además de evidenciar que no pueden contar con protección total.

Sin embargo, la estrategia podría volverse contraproducente. “Atacar la infraestructura energética de sus vecinos podría reforzar, en lugar de debilitar, la alianza del Golfo con Washington. Es una jugada lógica desde el punto de vista coercitivo, aunque extremadamente arriesgada en sus efectos indirectos”, opina Rachedi.

Quiénes son los principales perjudicados

El impacto de esta crisis energética, cuya magnitud aún resulta incierta, se difunde de manera escalonada en la economía global, aunque ciertos sectores y zonas resultan especialmente afectados.

En primer lugar, se ven afectados todos los sectores “intensivos en combustibles líquidos y aquellos que dependen del Golfo como corredor físico”, explica el economista de EsadeGeo.

El transporte, y específicamente la aviación, es quizás el ejemplo más claro: el combustible para aviones en Singapur subió un 72% hasta alcanzar niveles récord, y desde fines de febrero se han cancelado 37.000 vuelos, recuerda Omar Rachedi.

Cuando el precio del crudo sube, estos sectores experimentan de inmediato un aumento en costos operativos, que generalmente se traduce en billetes y tarifas logísticas más caros.

La petroquímica también sufre el impacto, ya que muchas materias primas industriales —como plásticos, fertilizantes, productos químicos o fibras sintéticas— provienen del petróleo o del gas natural, recuerda Rafael Pampillón.

Lo mismo pasa con la industria pesada, que demanda gran cantidad de energía para producir acero, cemento o aluminio.

Amin Nasser.

Fuente de la imagen, Reuters

Por ejemplo, ya se registran tensiones en el suministro de fertilizantes en India, reducciones o paradas en plantas petroquímicas y refinerías en Asia, señala Omar Rachedi.

“En resumen: el impacto comienza en la energía y la logística, pero termina afectando a manufacturas, alimentación y precios al consumidor”, sintetiza el economista.

¿Qué economías resultarán más vulnerables ante esta crisis?

En primer lugar, las productoras de petróleo del Golfo, siendo Irak el caso más crítico: su producción se ha desplomado aproximadamente un 70%, de unos 4,3 a 1,3 millones de barriles diarios, en una nación donde más del 90% de los ingresos públicos dependen del petróleo.

Otros países como Arabia Saudita han comenzado a disminuir su producción y a desviarla por un oleoducto hacia el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, esquivando así los riesgos asociados a Ormuz.

Sin embargo, esta ruta no alcanza para manejar toda la producción del reino, lo que explica las preocupaciones expresadas por el director de Aramco.

Los grandes importadores de petróleo en Asia también están altamente expuestos a esta crisis.

China, India, Japón y Corea del Sur son algunos de los principales compradores globales de petróleo, y gran parte de ese crudo proviene de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Irak, transportado a través del estrecho de Ormuz.

En 2025, Pekín adquirió más del 80% del petróleo iraní a pesar de las sanciones internacionales, aunque ha desarrollado ventajas estratégicas que permiten mitigar el impacto de una crisis global energética: diversificación de proveedores, grandes reservas estratégicas y un amplio sector de refinado, explica Pampillón.

A corto plazo, los expertos concluyen que China está protegida frente a las consecuencias, pero un endurecimiento prolongado podría afectar su economía.

Europa, cada vez más dependiente del gas natural licuado (GNL), especialmente tras la guerra en Ucrania, también podría resultar afectada, así como las economías emergentes dependientes de importaciones energéticas que cuentan con monedas frágiles.

Estados Unidos, que en los setenta fue fuertemente afectado por el embargo petrolero árabe, hoy posee, según Omar Rachedi, más herramientas para amortiguar el impacto, sin embargo no para eliminarlo completamente.

Actualmente es el mayor productor mundial de gas y petróleo, por lo que su dependencia de importaciones es menor. También dispone de una de las mayores reservas estratégicas de petróleo, la Strategic Petroleum Reserve, que puede utilizar para estabilizar el mercado o compensar interrupciones temporales en el suministro.

No obstante, pese a esas ventajas, el mercado petrolero opera a nivel global. “Si el precio internacional del petróleo sube notablemente, los consumidores estadounidenses también notarán el aumento en los costos de la gasolina y el diésel”, apunta Rafael Pampillón.

Efectos políticos

El precio de los carburantes, en particular en Estados Unidos, es uno de los indicadores económicos más visibles para los votantes, ya que repercute directamente en el presupuesto familiar diario.

Para gran parte de la población, el costo de la gasolina simboliza el costo de vida: una subida afecta el precio del transporte, alimentos y muchos otros bienes, reduciendo el poder adquisitivo.

Donald Trump.

Fuente de la imagen, Reuters

En el caso de Donald Trump, quien enfrenta las elecciones de medio mandato en noviembre y ha puesto como prioridad económica reducir la inflación y bajar las tasas de interés, la subida en el precio del petróleo pone en riesgo su narrativa económica.

La experiencia comparada con otros shocks petroleros, recuerda Rachedi, indica que las subidas del crudo reducen sistemáticamente las chances de reelección de candidatos. Si esta crisis persiste durante el verano y el otoño, “el impacto electoral para los republicanos en noviembre probablemente será significativo y nada trivial”.

El efecto en América Latina

En América Latina, el efecto de la crisis energética y las variaciones en el precio del petróleo difiere según la matriz energética de cada país.

Los expertos consideran que los principales beneficiarios serán los exportadores netos de crudo, tales como Brasil, Guyana, Argentina y, con ciertos matices, Colombia.

Argentina se ve favorecida porque «Vaca Muerta continúa mejorando su balance energético externo», mientras que en Colombia «precios más altos podrían aumentar los ingresos y la capacidad de inversión de Ecopetrol», señala el economista de EsadeGeo.

En cuanto a México, aunque sigue siendo productor, «su producción ha caído en las últimas décadas y el país importa grandes cantidades de gasolina y otros combustibles refinados, por lo que el efecto neto de precios altos pudiera ser más complejo», agrega Pampillón.

Los más afectados son, coinciden los especialistas, los importadores netos de combustible del Caribe y parte de Centroamérica, así como países como Chile o Perú y Bolivia, que mantienen subsidios a los combustibles que hacen muy costosos para las finanzas públicas los aumentos petroleros.

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