La confesión de ‘Julito’ y de los directivos de Plus Ultra desmoraliza al PSOE y pone en alerta a Moncloa

La verdadera fuerza de la «doctrina Aldama» no reside tanto en la expectativa del beneficio penal para quien coopere con la justicia como en la amenaza inequívoca de que no habrá clemencia para quien no lo haga. Sería más correcto denominarla «doctrina Ábalos». Veinticuatro años de condena si te atrincheras o actúas en contra. Y un rayo de esperanza si decides colaborar. Como siempre ha sucedido, pero con mayor intensidad. Queda claro que el Tribunal Supremo no emite palabras sin fundamento.
Julio Martínez Martínez, socio y presunto testaferro de José Luis Rodríguez Zapatero, ha optado por cooperar porque, estrictamente hablando, no le queda otra opción. Su confesión desmiente la versión del ex presidente del Gobierno y derriba su estrategia de defensa penal. Mientras Zapatero negó rotundamente ante el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama haber mediado en el rescate de Plus Ultra, su amigo reveló que sí lo hizo, y no simplemente como un eslabón más en la cadena de responsabilidades, sino como autor intelectual y material del plan.
En términos políticos, la caída de Zapatero ya estaba ponderada, aunque el Ejecutivo se agarraba al último recurso de la vía penal. Ahora, esa ruta se cierra casi de manera total. En Moncloa lo saben, y son conscientes de que el daño causado a las siglas del PSOE es «enorme», incluso superior al causado por las cloacas que operaban en torno a Ferraz: «Esto, para los nuestros, es aún peor que lo de Leire». ¿La razón? Representa el derrumbe de una figura central en el proyecto de Pedro Sánchez. Zapatero fue el pilar básico de la España plurinacional y el motor que movilizaba a las bases desde la cúpula del nuevo santoral socialista. Desde ese lugar ha caído.
Lo expresado por Martínez —Julito para sus conocidos, y a quien Zapatero llegó a calificar como más que amigo, como familia— fue un mensaje claro: ¿ven esta manta? Pues tengo más. A tanto el kilo. Esta circunstancia no tomó por sorpresa a Zapatero ni a su entorno, aunque la repercusión no ha sido menos fuerte. «De cada 20 palabras que pronunciaba Julito, 19 eran sobre Zapatero«, lamentaba con ironía una persona próxima al ex presidente. A sus colaboradores más cercanos no les sorprendió el movimiento: lo daban por seguro desde, al menos, mayo, cuando este diario informó que Zapatero «temía» que su amigo imitara a Aldama, siendo «el eslabón débil» del proceso.
Estas sospechas se confirmaron esta semana y se agravaron con los testimonios del propietario de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, y del CEO, Roberto Roselli, quienes le asestaron dos golpes simultáneos al revelar que tuvieron que abonar «una mordida» relacionada con las gestiones del ex presidente. Que recibía comisiones por objetivos en lugar de remuneraciones por trabajos.
Jaque mate. No hay vuelta atrás. O sí, pero sólo para empeorar, ya que los tres escritos presentan detalles que aún no han sido explicados. Lo harán ante el juez, siempre que recuerden a Ábalos.
Mientras Zapatero permanece silencioso en el centro del escándalo mediático, el Gobierno pierde casi por completo la capacidad de imponer temas en la agenda y se frustra por la ausencia de aclaraciones. Continúa esperando una frase, aunque sea una sola, que mágicamente justifique las joyas valoradas en más de 1,3 millones de euros halladas por la Policía Nacional en una caja fuerte del despacho del PSOE que utilizaba el ex presidente. «Cada día que no ofrece explicaciones nos desgasta un poco más y desmoraliza aún más a los nuestros, pero hay que entender que esa es su estrategia de defensa«.
En Moncloa y en Ferraz solo queda resistir, aunque algunos cargos del PSOE ya reclamen desvincularse de Zapatero, el presidente sigue apostando fuerte y adapta su defensa con una estrategia estilo argentina, con ciertos ministros que se sienten cómodos en roles como el de Paredes o Nahuel Molina. Y eso a pesar de que algunos allegados a Sánchez reconocen en privado que el «golpe» de las joyas es «letal» para la credibilidad de Zapatero y resulta «insoportable» para el partido en términos generales. No creen que existiera tráfico de influencias, pero tampoco dudan de que dentro de muchos años persistirá la conversación sobre el ajuar del ex presidente.
Una vez ahí, no se retrocede, por mucho que la ministra portavoz, Elma Saiz, afirme que el Ejecutivo «sigue confiando en su inocencia», y por mucho que también el ministro Óscar López sostenga que la conducta del ex presidente imputado fue «intachable».
Ni siquiera ha prosperado esta vez la idea de que las vacaciones supondrán un borrón y cuenta nueva. Llegará septiembre y la manta de Julito Martínez continuará estando ahí. A tanto el kilo.

