La emoción en España tras conquistar la segunda estrella de La Roja y las expectativas para el futuro

Aficionados de la selección española en el Puente del Rey durante la celebración del partido entre España y Argentina, a 19 de julio de 2026, en Madrid (España). Las claves

España conquista su segunda estrella tras imponerse a Argentina en la final del Mundial de Fútbol 2026, provocando gran euforia en todo el territorio nacional.

Miles de seguidores acudieron a plazas icónicas en ciudades como Madrid, Barcelona y Mataró para acompañar y celebrar la victoria de La Roja.

En Bilbao, la fiesta se vio marcada por altercados con manifestantes que intentaron sabotear la pantalla gigante mientras los aficionados seguían el encuentro.

El triunfo, conseguido en la prórroga gracias al gol de Ferran Torres, ha llenado de entusiasmo a los seguidores, quienes ya proyectan la vista hacia el Mundial de 2030.

En toda España, desde Bilbao hasta Barcelona y Madrid, la noche de este domingo fue un carrusel de emociones intensas. Primero se vivió la tensión, luego la frustración, y finalmente el júbilo tras vencer a Argentina en la final del Mundial de Fútbol de 2026.

La Plaza de Colón de Madrid fue el epicentro de un instante histórico para miles de españoles, un acontecimiento que no se repetía desde aquel gol de Iniesta que coronó a España campeona mundial en 2010. Allí, todos se congregaron para ver la final en dos pantallas gigantes instaladas por la capital, experimentando una montaña rusa emocional que concluyó con abrazos, lágrimas de felicidad, fuegos artificiales y gritos de triunfo.

En Madrid, más de 20.000 personas asistieron a Colón, sumándose a los centenares de espectadores ubicados frente a las pantallas del Puente del Rey y del Movistar Arena. Otros tantos siguieron el partido desde sus hogares, bares o terrazas.

Barcelona también vivió una de esas noches inolvidables. El principal punto de encuentro fue la Plataforma Marina del Fòrum, que reunió a unas 30.000 personas, entre residentes y turistas, para apoyar a su selección.

En Mataró, ciudad natal de Lamine Yamal, la celebración fue especialmente emotiva, con aproximadamente 10.000 personas juntándose en el Parc Central, completando el aforo establecido por el Ayuntamiento.

Previo al partido, numerosos seguidores visitaron el mural dedicado al futbolista internacional ubicado en el barrio de Rocafonda. Durante el encuentro, cada acción de Yamal fue festejada con gran intensidad y emoción.

En Bilbao, la tensión fue tan notoria que algunos aficionados llegaron a intentar sabotear la pantalla gigante instalada por el Partido Popular en el céntrico parque de La Villa.

La manifestación partió desde el pabellón de la Casilla y se dirigió hacia la zona del Museo de Bellas Artes. No obstante, varios participantes se desplazaron hasta el lugar donde se proyectaba el partido y donde se congregaban cientos de personas.

En ese punto, varios manifestantes, portando la camiseta verde de la selección vasca y muchos de ellos encapuchados, intentaron derribar la pantalla y desconectar cables que permitían la transmisión del partido.

Todo sucedió bajo una fuerte presencia policial de la Ertzaintza, que identificó a seis personas durante los incidentes.

Esta movilización forma parte de las acciones organizadas por la plataforma Zazpi Baietz en las tres capitales vascas, «en contra de la asimilación nacional» y en respaldo a Euskal Selekzioa.

«España supo sufrir y ganamos»

Regiones como Cantabria, Andalucía, Valencia, Asturias, Galicia, Murcia… Toda España celebra el logro de su segunda estrella y mira con esperanza la posibilidad de conseguir la tercera dentro de cuatro años.

«Tenemos la segunda, pero podemos lograr otra en cuatro años», señalaba un aficionado en Colón, ya anticipando el torneo que tendrá lugar en 2030 en España, Portugal y Marruecos.

«España fue el único equipo que mostró intención de jugar. Los argentinos estaban cerrados y actuaron con rudeza. Nos anularon un gol por una falta inexistente y, al final, Ferran marcó en la prórroga», relató David, uno de los seguidores en Colón justo tras la victoria.

Los gritos de emoción y alivio se escucharon después de más de dos horas de tensión. «Voy a llorar», expresó una joven en Colón en momentos claves, mientras se tapaba el rostro con las manos.

Tras una primera mitad «muy insípida», el segundo tiempo luego del descanso intensificó el ambiente paulatinamente.

Comentarios como «vergüenza», «rudos» o «hijos de puta» aumentaban entre los aficionados, cada vez más nerviosos y molestos. El marcador seguía 0-0 y se acercaba el desenlace.

El sufrimiento terminó en la prórroga con lágrimas de alegría. El gol de Ferran Torres revitalizó a una afición que empezaba a decaer. Los vasos volaron, las bengalas se encendieron y los fuegos artificiales anunciaron los últimos minutos que otorgaron la copa a España.

«España supo sufrir y ganamos», añadió David, quien, con la bandera sobre los hombros, se dirige hacia Cibeles para celebrar. «Fue difícil, pero lo logramos».

«Ha sido un alivio. Justo. El partido fue muy injusto», comentó Mónica. Mientras tanto, su amiga Natalia afirmó que «ganó un equipo muy joven y unido».

«Se hizo justicia. Se burlaron de nosotros, pero los vencimos», concluyó Luisa, que celebraba junto a otros en un bar cercano.

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