La Moncloa intenta demostrar a sus aliados, pensando en el futuro, que no abandona los compromisos que asume para conseguir apoyos

Cuando en el Gobierno intentaban prever el rumbo político, situaban la implementación de la amnistía para los líderes del procés, como Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, como un «momento clave de 2026». «Habrá un antes y un después tras el retorno de Puigdemont», afirmaban. Sin embargo, la relación con Junts está muy dañada, rota, según los independentistas, y además se observa una aproximación desde el PP. La legislatura está en su fase final. En este contexto, la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que avala la compatibilidad de la Ley de Amnistía con la normativa europea representa un alivio para el Ejecutivo. Porque le permite a La Moncloa mostrar que cumple sus compromisos. Que promovieron una ley validada por la justicia europea.
El mensaje tiene gran relevancia y proyección a largo plazo. El regreso de Puigdemont no será inmediato. De ocurrir, sería en los próximos meses, en la parte final del año. Todo depende del fallo del Tribunal Constitucional y del pronunciamiento de los jueces del Supremo, además de si surge una nueva cuestión prejudicial que pueda suspender nuevamente la situación del ex president por meses. En el Ejecutivo existen pocas o nulas expectativas de que esta situación lleve a Junts a respaldar los Presupuestos que planean presentar en el Congreso. Su visión es más estratégica: requieren «momentos clave» como el ocurrido este jueves para demostrar a sus socios, particularmente los independentistas, que están comprometidos a cumplir las promesas políticas.
«Se están dando pasos que contribuyen a cumplir nuestro compromiso», explica un representante del Ejecutivo acerca del fallo del TJUE. Son conscientes de que la aplicación de la amnistía no depende de ellos, ya que, como se ha establecido, corresponde a los jueces, al Supremo, pero por parte del Gobierno no habrá obstáculos. La negociaron, impulsaron —a pesar de haberla considerado inconstitucional antes de que se les exigiera— y la redactaron y modificaron para intentar protegerla frente a los recursos esperados. «Es necesario que se completen todos los pasos», insisten. Y el último consistirá en que Puigdemont pueda acceder al beneficio del perdón.
La atención no está centrada tanto en las Cuentas Públicas —de hecho Junts ha votado ya junto a PP y Vox esta semana para rechazar la senda de estabilidad, primer paso hacia los Presupuestos—, sino en que tanto en La Moncloa como en Ferraz saben que sus opciones para hacer frente a la derecha en las siguientes elecciones dependen de reunir nuevamente una mayoría que incluya a formaciones nacionalistas. Los números son tan ajustados que no existe margen para prescindir de ningún aliado. Y PNV y Junts son dos partidos que permanecen en el radar tanto del PSOE como del PP.
«El Gobierno siempre estará abierto a buscar y recorrer ese camino de acuerdos entre las distintas fuerzas. Esa es la política con mayúsculas que deseamos y ejercemos. A pesar de las muchas dificultades en el camino, que las hubo, y las múltiples cosas que escuchamos en ese momento que nos helaron la sangre, todo valió la pena. Vale la pena«, fue la invitación que realizó Félix Bolaños, ministro de Presidencia y Justicia, al valorar el fallo del TJUE. «Ha llegado el momento de aplicar la ley con normalidad y continuar avanzando juntos», afirman desde Ferraz.
Por ahora, la representación pública entre PSOE y Junts permanece inalterada. Los socialistas muestran disposición a tender la mano y aunque evitan confrontar con los independentistas catalanes, señalan que se han aprobado ya 69 iniciativas legislativas en esta legislatura. Para ello fue necesario el apoyo de Junts. Esto indica que una cosa es lo que se dice públicamente y otra la dinámica diaria.
Desde Junts, el mensaje es que la aprobación de la amnistía no implica que su relación con los socialistas vaya a modificarse. Su secretario general, Jordi Turull, advirtió que hasta que «no se cumpla todo lo que nos deben, que es mucho, no podemos reconstruir la relación con alguien en quien no se confía».

