Mi experiencia presenciando la ‘mano de Dios’ y el ‘gol del siglo’ de Maradona en el Mundial que Argentina conquistó hace cuatro décadas

Imagen de primer plano de Diego Maradona con el puño en alto golpeando la pelota en la red con Peter Shilton muy cerca.

Fuente de la imagen, Archivo El Gráfico/Getty Images

    • Autor, Lourdes Heredia
    • Título del autor, Servicio Mundial de la BBC
  • Fecha de publicación 21 junio 2026
  • Tiempo de lectura: 6 min

Fue mi primera experiencia asistiendo a un partido de fútbol. Nunca antes había ido a un estadio y ni siquiera sentía interés por ese deporte, pero por pura casualidad terminé viendo a Diego Armando Maradona anotar dos de los goles más icónicos frente a Inglaterra en la historia del fútbol.

Ocurrió hace cuatro décadas. El Mundial se disputaba en México y la emoción era palpable porque la selección, comandada por Hugo Sánchez, había avanzado hasta los cuartos de final, en los que cayó con dignidad en penales contra la poderosa Alemania Federal.

A pesar de ello, nunca pensé que asistiría a un encuentro de la Copa, menos aun en el emblemático Estadio Azteca.

En la mañana del 22 de junio de 1986, mi padre nos avisó que un amigo le había regalado dos entradas que no iba a usar. Todo fue improvisado, pero mi madre decidió llevarme para que «viviera la experiencia».

Yo tenía 17 años y estaba emocionada, aunque no por el fútbol, sino porque era la oportunidad de ver a muchos chicos atractivos de diferentes partes del mundo. Me arreglé como si fuera a una fiesta: maquillaje y todo el conjunto. Mi madre decía que exageraba, pero igual me dejó ir así.

El Estadio Azteca estaba bastante lejos, por lo que salimos con anticipación. Desde el Periférico se respiraba el ambiente: autos con banderas, ventanas abiertas, gente animándose con porras de un vehículo a otro.

Lo curioso era que todos gritábamos: «¡Viva México!», aunque la selección ya estuviera fuera de la competencia.

Lourdes Heredia se ríe y mira de reojo a la cámara. Tiene el pelo castaño y rizado y tiene una gran sonrisa.

Fuente de la imagen, Lourdes Heredia

Maradona, el villano

Al llegar, todo parecía una enorme celebración. Había chicas pintando banderas en las mejillas y rápidamente les pedí que me hicieran una a mí también. No tengo fotografías de esa jornada y, por supuesto, entonces no existían los celulares.

Nuestros asientos estaban justo en el centro del estadio, una ubicación ideal porque había espectadores de muchos países, hablando una infinidad de idiomas. Siempre había soñado con viajar, y eso hacía el momento aún más especial.

Cuando comenzó el partido, apenas prestaba atención a lo que sucedía en el campo. Más bien, me enfocaba en la ola que recorría el estadio y en el ritmo de la multitud. Además, el primer tiempo terminó sin goles.

Sin embargo, a los 6 minutos de la segunda mitad, todo dio un giro.

De repente, el estadio entero se levantó. Durante un instante hubo celebración… pero enseguida aparecieron confusión, discusiones y ruidos provenientes de diferentes direcciones.

Maradona había saltado para disputar un balón aéreo junto a Peter Shilton: el portero inglés intentó despejarlo con el puño cerrado mientras que el argentino lo atacó con la cabeza… y la mano.

Este momento quedaría inmortalizado como la «mano de Dios», pero en ese instante, dentro del estadio, la gente debatía: ¿fue con la cabeza o con la mano?

Una camiseta con el rostro de Maradona y la inscripción "Mano de dios" en las calles del centro histórico al día siguiente del primer aniversario de la muerte de Diego Armando Maradona el 26 de noviembre de 2021 en Nápoles (Italia).

Fuente de la imagen, Laura Lezza/Getty Images)

Los ingleses mostraban su indignación con vehemencia. En cambio, los argentinos, mexicanos y latinoamericanos a mi alrededor defendían al número 10.

En esa época, el recuerdo de la guerra de Malvinas/Falklands estaba aún muy presente; en 1982, fuerzas militares argentinas desembarcaron en las islas reclamando su soberanía.

Durante los 74 días que duró el conflicto, murieron 649 soldados argentinos y 255 británicos, además de tres residentes de las islas.

Por ese motivo, dentro y fuera del campo, el enfrentamiento Argentina contra Inglaterra se sentía como algo más que un partido de fútbol común.

Pero yo aún estaba lejos de ser periodista y apenas entendía la discusión futbolística y la dimensión geopolítica, aún más en medio del alboroto.

Al lado mío, un hombre con traje —probablemente escapando de la oficina— me explicó lo deportivo: Maradona tocó el balón con la mano, el árbitro no lo percibió y validó el gol.

La polémica fue tan acalorada en las gradas que, cuatro minutos después, casi nos perdemos el segundo gol.

Y fue ese gol el que realmente quedó grabado en mi memoria.

«Por esto la gente ama el fútbol»

A diferencia del primero, cuando comenzó la jugada, todo el estadio permaneció en silencio.

Maradona avanzaba con el balón con una precisión casi inverosímil, eludiendo a cuatro defensores ingleses. El propio Shilton cayó sentado tras una finta.

De repente, el balón terminó en la red y el estadio estalló en júbilo.

Recuerdo que pensé: «Por esto la gente ama el fútbol».

Se ve a Maradona regateando el balón a través de varios futbolistas ingleses y se ve al portero inglés lanzándose hacia un lateral.

Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

Al mirar a mi alrededor, me sorprendió ver que varios ingleses también lo celebraban. Era imposible no hacerlo.

Años más tarde, Maradona pronunciaría la frase célebre: «La pelota no se mancha», que hasta hoy representa la mejor forma de explicar esta aparente contradicción ocurrida en unos pocos minutos.

Cuando finalizó el partido —con victoria argentina 2 a 1— mi madre y yo caminamos hacia el coche en medio del bullicio, comiendo tacos y fruta con chile y limón.

Con el paso del tiempo comprendí que había sido testigo de un acontecimiento histórico. El fútbol nunca me apasionó del todo, pero esa jornada quedó grabada en mi memoria.

Cuando posteriormente viví y trabajé para la BBC como corresponsal en Buenos Aires, la «mano de Dios» era un tema recurrente, mencionado especialmente por argentinos frente a mis colegas ingleses.

Sin embargo, siempre pensé que el gol verdaderamente inolvidable fue el segundo, casi increíble si no lo hubiera visto con mis propios ojos.

Por eso, antes que la «mano de Dios», prefiero presumir que fui testigo del «gol del siglo» en vivo.

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