Un rincón costero conserva una silueta histórica que muchos visitantes observan sin prestar demasiada atención. Su ubicación, su pasado ligado a la vida marítima y sus panorámicas lo convierten en una parada con más historia de lo que aparenta
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En la costa este de Mallorca se sitúa un monumento histórico que muchos turistas ignoran al recorrer calas, puertos y miradores. No obstante, su presencia está ligada a más de siglo y medio de historia vinculada al entorno marítimo de la isla y a la protección de quienes navegan en esta parte del Mediterráneo.
Este es el Faro de Porto Colom, ubicado en Felanich, una señal marítima inaugurada el 31 de diciembre de 1863 que todavía hoy mantiene una función clave en la costa mallorquina. Con una torre que alcanza los 25 metros y se eleva 42 metros sobre el nivel del mar, este faro representa una combinación de valor técnico, legado naval y una imagen fácilmente reconocible por sus franjas blancas y negras sobre una vivienda blanca con tejado rojo.
Un faro con más de 160 años de legado en Mallorca
La creación del Faro de Porto Colom está vinculada al proyecto de Emili Pou, quien propuso construir varios faros que no figuraban en el Plan General de 1847. En sus inicios operó con una óptica fija de sexto orden y una lámpara de aceite moderadora, aunque se fue modernizando: en 1917 se incorporó un sistema de pantallas con mecanismo de reloj y luz de gas acetileno, y en 1965 se electrificó con dos destellos blancos cada 10 segundos. La torre original fue ampliada en dos ocasiones: en 1918, cuando sumó 6 metros de altura y se cambió la linterna; y en 1965, junto a la electrificación, se elevó otros 10 metros.
En 1925 se añadió un piso superior, otorgando al edificio dos plantas y dándole la apariencia que conserva hasta hoy. Su historia también está marcada por episodios de riesgo en el mar, como los naufragios de llaüts ocurridos en 1874 y 1875, o el rescate de un barco de la compañía Miguel Estela en 1882, cuando los torreros asistieron en la salvación de toda la tripulación. Actualmente, este enclave se puede observar desde el mirador Josep A. Grimalt Gomila, aunque una de las vistas más sorprendentes se obtiene desde Sa Cova Foradada, donde la silueta del faro refleja la sobria belleza de esta zona mallorquina.
En la costa este de Mallorca existe un monumento histórico que muchos visitantes pasan por alto mientras recorren calas, puertos y miradores. Sin embargo, su presencia lleva más de siglo y medio vinculada al paisaje marinero de la isla y a la seguridad de quienes navegan por esta zona del Mediterráneo.

