Las claves
La UCO ha irrumpido en la sede de la Guardia Civil para solicitar expedientes abiertos contra sus propios agentes, en una investigación sin precedentes.
La directora de la Guardia Civil, Mercedes González, ha admitido reuniones con Leire Díez, a pesar de que el ministro Marlaska lo había negado en repetidas ocasiones.
Diversas asociaciones de guardias civiles denuncian una profunda crisis institucional y exigen respuestas inmediatas tanto al ministro Marlaska como a la directora González.
El mandato de Marlaska en Interior se caracteriza por múltiples crisis y escándalos, con cinco directores generales en seis años y continuos reproches desde el Congreso y el Senado.
El caso Leire no afecta solo al PSOE y al Gobierno; está debilitando, sobre todo, a la Guardia Civil.
Esto ha llevado al Instituto Armado a un escenario sin precedentes. En primer lugar, la unidad especializada en investigar la corrupción debió acceder a la sede de sus propios superiores para obtener expedientes abiertos contra ella misma.
Además, su máximo responsable, el ministro del Interior, Fernando Grande‑Marlaska, ha mentido o, en el mejor supuesto, ha declarado sin estar bien informado.
Estas «contradicciones», como señalan las asociaciones de guardias civiles consultadas por este periódico, se refieren a las distintas versiones que Marlaska ha ofrecido respecto a las reuniones de Leire Díez con la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González.
El ministro ha negado en al menos dos ocasiones, la última hace una semana, que se produjeran «encuentros de ningún tipo» entre la fontanera y González.
Luego matizó que no hubo «ningún encuentro vinculado a la trama» y que ella no fue informada sobre nada que comprometiera la labor de la UCO, a la vez que sigue calificando a González como una directora “ejemplar”.
Sin embargo, el sumario muestra otro panorama: confirma «al menos tres reuniones» entre ambas, y detalla cómo, paralelamente, se iniciaron investigaciones secretas contra los agentes que indagaban la corrupción vinculada al Gobierno. Tal como solicitaba Leire Díez.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), en diálogo con EL ESPAÑOL, denuncia una «grave falta de veracidad» y una «ruptura de la confianza institucional». Exige «aclaraciones inmediatas» tanto al ministro como a la directora.
Esta última, señala la AUGC, solo se ha manifestado mediante un comunicado difundido en «horas atípicas».
A esas reuniones —que, según la UCO, permitieron que la directora “iniciara procedimientos administrativos” contra los agentes que rastreaban las causas de corrupción que vinculaban al PSOE y al entorno de Pedro Sánchez— se suma el registro ordenado por el juez Pedraz.
Hace una semana, el 27 de mayo, la UCO dio un paso sin precedentes: el teniente coronel Antonio Balas, jefe de Anticorrupción, se presentó en la Dirección General de la Guardia Civil, en Guzmán el Bueno, con un requerimiento del juez Santiago Pedraz para solicitar los expedientes abiertos contra sus propios agentes.
Esto significa que los guardias que desmantelan redes de corrupción tuvieron que acudir a la sede de sus mandos políticos para recoger los documentos de la operación iniciada en su contra.
«Los peores años desde Roldán»
El caso de las cloacas de Leire Díez afecta a una institución ya agotada. Ocho años de Marlaska han dejado una huella que los propios guardias resumen de este modo: «los peores años desde [Luis] Roldán«.
Desde su llegada al Ministerio, Marlaska ha nombrado cinco directores en seis años, la misma cantidad de responsables que hubo en los 12 años previos. Durante este período, las crisis se han ido acumulando.
La destitución de los coroneles Manuel Sánchez Corbí y Diego Pérez de los Cobos por «falta de confianza» (con este último rectificado por el Tribunal Supremo). La negativa a promoverlos a generales. La dimisión del DAO de la Guardia Civil Laurentino Ceña en 2020 tras negarse a cesar a De los Cobos. La gestión de la crisis migratoria en Melilla el pasado junio…
Los escándalos relacionados con mandos implicados en adjudicaciones irregulares del caso Cuarteles. Un general encarcelado en el caso Mediador. Un comandante y un subteniente detenidos e investigados en el caso Koldo. La imputación del esposo de María Gámez (directora anterior a Mercedes González) en una pieza derivada de los ERE y su posterior renuncia…
En medio de este vaivén, González protagonizó un hecho único: ocupó el mismo cargo en dos ocasiones. Su primera etapa duró apenas dos meses, justo hasta su inclusión en la lista electoral del PSOE.
Entre ambas etapas, se produjo la crisis de Barbate, que terminó por afectar a Leonardo Marcos, director a quien las asociaciones calificaron como el «peor» que ha tenido la Guardia Civil.
Su nombre aparece ahora en los informes de la UCO como el mando que, según declaraciones del exjefe de la unidad, participó en una reunión donde se ordenó «mantenerse al margen» en la investigación sobre el hermano músico de Sánchez.
En Barbate, en febrero de 2024, los guardias civiles David Pérez y Miguel Ángel fallecieron atropellados por una narcolancha; en el funeral, la viuda de David rechazó la medalla que Marlaska pretendía imponerle.
Dos años después, en Huelva, otros dos agentes murieron tras chocar su patrullera persiguiendo a narcotraficantes. El ministro ni siquiera asistió al funeral, y cuando mencionó sus nombres días después durante una jura de bandera, el acto se convirtió en un abucheo general.
Las asociaciones llevan años alertando sobre la falta de recursos en la lucha contra el narcotráfico y del «desdén» que perciben desde Interior. Desde JUCIL describen a un ministro «distante e inactivo» y a una dirección que «solo aparece para las fotos».
El Congreso y el Senado han reprobado a Marlaska en tres ocasiones: por la muerte de inmigrantes en una avalancha en la frontera de Melilla, por Barbate y, en general, por su gestión al frente del ministerio. Ninguna de estas votaciones ha tenido efectos políticos.
De los tres ministros que permanecen desde el primer Gobierno de Sánchez en 2018 —junto a Margarita Robles y Luis Planas— Marlaska es el único sobre quien puede afirmarse que mantiene una «relación personal intensa» con el presidente, según relató Fernando Garea en EL ESPAÑOL.
Respecto a Marlaska, las fuentes consultadas aseguran que también se ha forjado una relación personal estrecha, con cenas habituales en Moncloa junto a las parejas de ambos. Según un ministro, es quizás el único de quien puede afirmarse que es amigo cercano de Sánchez.

