Montero impulsa a Sánchez a asumir el papel de candidato para detener la pérdida de apoyo en un territorio crucial para su continuidad en La Moncloa

Las elecciones en Andalucía también representan una prueba para el Gobierno. El presidente del Ejecutivo se comprometerá plenamente con la campaña

Pedro Sánchez y María Jesús Montero, en un Pleno del Senado.

El vínculo que los unió surgió hace ocho años, en la formación del primer Gobierno de Pedro Sánchez. Ahora, ha llegado el momento de romper ese lazo, aunque la identificación persiste. María Jesús Montero pertenecía hasta ahora al reducido grupo de ministros que han acompañado a Pedro Sánchez desde que accedió a La Moncloa tras la moción de censura. La decisión de Juanma Moreno Bonilla de fijar las elecciones en Andalucía para el 17 de mayo obliga a la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda a regresar a su región como candidata, en línea con la estrategia diseñada por el jefe del Ejecutivo que apuesta por ministros aspirantes para frenar el avance de la derecha.

Sin embargo, Montero no es simplemente una ministra más ni una candidata cualquiera. Supone prácticamente un reflejo directo de Sánchez en la última década. Ha formado parte del círculo más cercano del presidente, siendo la número dos tanto del Gobierno como del PSOE. Junto a él y al ministro para la Presidencia, Félix Bolaños, ha participado en las negociaciones con otros partidos. En su papel como titular de Hacienda ha trabajado estrechamente con todos sus colegas. Además, fue portavoz del Ejecutivo. Por ello, las elecciones andaluzas representan no solo un combate por la Junta, sino también una prueba para La Moncloa.

Porque Montero es Sánchez y Sánchez es Montero. Esta relación implica que el presidente del Gobierno debe involucrarse en la campaña, ya que en juego está más que Andalucía. Con una candidata tan ligada a La Moncloa, los comicios supondrán una especie de examen para el Ejecutivo. No se trata de que Sánchez asuma un papel de candidato en la sombra, como ocurre en Vox con Santiago Abascal, pero sí se volcará en la campaña, tal como confirmó ayer la propia Montero durante la presentación de su candidatura.

Desde el partido consideran que la presencia del presidente impulsa la participación electoral y motiva a sus seguidores. «Pedro siempre suma», afirman quienes han estado presentes en las campañas recientes. La implicación de Sánchez se explica no solo por la necesidad de defender las acciones de su Gobierno, que representa la candidatura de Montero, sino también para detener la pérdida de apoyos socialistas en un territorio históricamente considerado bastión del partido y clave en la ruta hacia La Moncloa. Aunque en los últimos años Cataluña ha reemplazado a Andalucía como motor socialista, esta última sigue siendo un pilar fundamental.

Tanto en el Gobierno como en el PSOE existe una preocupación común, expresada por todos los cargos consultados: «Hay que movilizar». Se refiere al llamado síndrome del sofá, en que los votantes que acuden en las elecciones generales luego permanecen en casa en las autonómicas. En las generales de 2023, 1.459.264 personas votaron al PSOE en Andalucía, pero en las autonómicas de 2022 solo participaron 888.325. Estas cifras están muy presentes para Montero, quien ayer incluso lo trasladó a sus compañeros del Consejo de Ministros en su despedida: el objetivo es evitar que más de medio millón de fieles no apoyen ahora al partido. «Nuestro problema es que la gente no sale de casa», admiten fuentes socialistas.

Las encuestas recientes no arrojan buenos pronósticos para el PSOE, ubicándolo por debajo de los 30 escaños obtenidos en 2022, que ya constituían su peor resultado histórico. «La gestión que ha realizado Juanma en el accidente de Adamuz y las inundaciones le ha favorecido», señalan fuentes socialistas. El foco que buscan colocar tanto La Moncloa como el PSOE es trasladar el debate al ámbito de la gestión de servicios públicos, donde el Gobierno desplegará toda su maquinaria mostrando la inversión realizada. La atención principal estará en Sanidad, donde confían tener un punto débil para atacar a Moreno Bonilla, por ejemplo, con la crisis en el cribado del cáncer de mama. También presentarán esta interpretación: según el Gobierno, Moreno Bonilla destinó 1.500 millones de euros a empresas privadas, cerró más de 2.000 auras públicas y renunció a 120 millones de euros de fondos europeos para crear 12.000 plazas gratuitas de educación infantil.

Aunque Montero abandona el Gobierno, no renunciará a su acta de diputada, argumentando que así puede conservar su plaza pública en el Hospital Virgen del Rocío. «Quedarse o no en la oposición es una decisión muy personal, pero necesitamos consolidar liderazgos. Puede darse el caso de no ser candidato en la primera ocasión y ganar después», reflexionan fuentes de la dirección socialista.

Montero representa el máximo exponente de la estrategia de ministros candidatos impulsada por Sánchez ante las pérdidas territoriales sufridas por el PSOE. No obstante, en La Moncloa, pese al antecedente de Pilar Alegría, no consideran que formar parte del Gobierno sea una desventaja. «María Jesús es una política experimentada. Contamos con la mejor candidata posible». Desde el mismo complejo presidencial se dio ayer el pistoletazo de salida a la campaña en apoyo de su candidata: «Conoce Andalucía a fondo, sabe lo que requiere. Tiene a Andalucía en el corazón y a España en la cabeza», afirmó Elma Saiz, portavoz del Ejecutivo, desde la sala de prensa.

Se espera que el sustituto de Montero sea designado en los próximos días, pero no hoy. Fuentes gubernamentales prevén un cambio preciso y cuidadoso.

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