Este descubrimiento científico podría transformar radicalmente los métodos para perder peso. Un grupo de investigadores ha identificado en la sangre de una pitón un compuesto capaz de reducir el apetito sin efectos secundarios.
Un grupo de la Universidad de Colorado Boulder, en conjunto con científicos de Stanford y Baylor, ha detectado un metabolito en la sangre de pitones que podría abrir nuevas vías para combatir la obesidad. El estudio, publicado en Nature Metabolism, destaca que este compuesto disminuye el apetito sin causar problemas digestivos ni pérdida muscular, efectos secundarios comunes en los tratamientos actuales.
La investigación se basa en una observación: las pitones pueden ingerir presas muy grandes, incluyendo animales del tamaño de un antílope, y pasar meses sin alimentarse, manteniendo al mismo tiempo un metabolismo saludable. “Es un claro ejemplo de biología inspirada en la naturaleza”, explica la principal autora, Leslie Leinwand, quien ha estado estudiando estos reptiles durante veinte años. “Estudiamos organismos con capacidades excepcionales para aprovecharlas en aplicaciones médicas”.
El equipo examinó muestras sanguíneas de pitones post-ingesta y identificó hasta 208 metabolitos con incrementos significativos. Sobre ellos, destacó uno en particular, el llamado para-tiramina-O-sulfato (pTOS), que aumentó hasta mil veces su concentración. Este compuesto, generado por las bacterias intestinales de las serpientes, resultó ser fundamental.
Al administrar pTOS a ratones, tanto obesos como delgados, los científicos observaron que actuaba directamente sobre el hipotálamo, la zona cerebral que controla el hambre. El resultado fue la pérdida de peso sin efectos secundarios importantes: ausencia de náuseas, fatiga o deterioro muscular. “En esencia, hemos identificado un supresor del apetito que funciona sin los efectos indeseados de los fármacos GLP-1”, comenta Leinwand, refiriéndose a medicamentos como Ozempic o Wegovy.
Este hallazgo tiene gran importancia en un contexto donde estos medicamentos han ganado gran popularidad, aunque presentan ciertas limitaciones. Varias investigaciones indican que hasta el 50% de los pacientes abandona el tratamiento durante el primer año, a menudo debido a sus efectos adversos.
De manera interesante, los propios fármacos actuales tienen un origen natural: derivan de una hormona encontrada en el veneno del monstruo de Gila, un reptil. Ahora, las pitones podrían representar el siguiente avance en esta evolución farmacéutica.
Los investigadores están trabajando para llevar este hallazgo a la práctica clínica. Han creado la empresa Arkana Therapeutics con el fin de desarrollar versiones sintéticas de estos metabolitos, aspirando a convertirlos en tratamientos para humanos. Asimismo, consideran que estas moléculas podrían ser útiles contra otras condiciones, como la sarcopenia —la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento— para la que aún no existen terapias efectivas.
El estudio también abre nuevas rutas de investigación. Aunque el pTOS no es completamente desconocido para el organismo humano —se detecta en pequeñas cantidades en la orina— ha pasado mayormente inadvertido debido a que la mayoría de los estudios metabólicos se realizan en ratones. “Para comprender el metabolismo de verdad, es necesario ir más allá de los modelos tradicionales”, señala el investigador Jonathan Long.
El próximo desafío será verificar si estos efectos se reproducen en humanos y analizar el papel de los demás metabolitos encontrados, varios de los cuales incrementan entre un 500% y 800% después de la alimentación de las pitones. “No nos concentraremos solo en uno”, advierte Leinwand. “Queda mucho por explorar”. El futuro de los tratamientos contra la obesidad podría residir, inesperadamente, en el metabolismo extremo de estos reptiles, lo que podría modificar el panorama actual dominado por Ozempic y Wegovy.

