Expertos en neurología señalan que la exposición prolongada a pantallas modifica el desarrollo cerebral en niños

Neurólogos confirman que el tiempo que los niños pasan frente a pantallas "reprograma su cerebro"

En el transporte público, en la calle, en el hogar y en cualquier sitio donde nos encontremos, solo basta con levantar la vista para ver a alguien usando su teléfono móvil. Los smartphones se han integrado prácticamente como una prolongación del cuerpo humano, y aunque proporcionan numerosas ventajas y herramientas, es evidente que en general han generado un grave problema de adicción en la sociedad.

Este fenómeno ha alcanzado tal magnitud que países enteros están imponiendo regulaciones en el uso de smartphones, especialmente en lo que respecta a redes sociales, dado que son las aplicaciones en las que más tiempo se invierte. La preocupación principal se concentra en los menores, debido al riesgo de que la dependencia generada por estos dispositivos afecte su desarrollo adecuado.

No solo se trata de adolescentes; los niños pequeños están creciendo expuestos a pantallas desde muy corta edad, y la exposición excesiva a ellas durante períodos prolongados puede provocar alteraciones en su desarrollo, advierten los científicos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda en sus directrices que los niños no deberían superar una hora diaria de exposición a pantallas, una indicación cada vez más difícil de cumplir, ya que estudios demuestran que actualmente pasan más tiempo que antes ante teléfonos, tablets o televisores.

Investigaciones realizadas en Reino Unido revelan que uno de cada cinco niños entre tres y cuatro años posee un smartphone para ver vídeos y entretenerse, recurso que facilita a los padres realizar otras tareas, pero que a largo plazo impacta negativamente en el aprendizaje de los más pequeños.

El problema no solo es que los niños usen pantallas, sino el abuso que hacen de ellas los padres

Un aspecto generalmente olvidado es que no solo los niños están ante pantallas, sino también el modo en que los padres las emplean. Un estudio del Kids Research Institute en Australia, que analizó más de 200 familias, encontró que los niños entre uno y tres años expuestos a constantes ruidos electrónicos —como audios de WhatsApp, música de vídeos o sonidos de redes sociales— escuchaban y pronunciaban menos palabras.

Los investigadores observaron que esta exposición indirecta, causada porque los padres están en redes sociales en lugar de interactuar con sus hijos, hacía que los pequeños escucharan menos de 1.000 palabras y emitieran solo cerca de 800 vocalizaciones diarias, elementos fundamentales para el desarrollo del habla y lenguaje en esta etapa.

Además, la propia exposición directa a las pantallas por parte de los niños interfiere en su actividad física, en su capacidad de concentración y en la memoria.

La doctora Becky Kennedy indica que «a cualquier edad, las personas se sienten atraídas por cosas que ofrecen placer sin esfuerzo; el cuerpo prefiere la facilidad y recibir dopamina sin trabajo. Las redes sociales proporcionan un flujo constante de entretenimiento y novedades al alcance, y en el caso de los niños, les enseña que pueden experimentar ese bienestar sin esfuerzo ni riesgos«, lo que a largo plazo limita su desarrollo en múltiples áreas.

Qué medidas se pueden tomar

«Cuando hay una pantalla en la habitación, se tiende a querer utilizarla», explica Kennedy, «si un niño usa una tablet mientras está acostado en el sofá, cada vez que esté en el sofá querrá usar la tablet». Por ello, el primer paso es eliminar tanto la costumbre como la tentación de su alcance para que deje de asociar momentos con pantallas.

«Si un adulto no puede evitar tomar el móvil aun sabiendo que no debería hacerlo, imagina un niño. La clave está en no dejar visible el dispositivo, no poner la tentación delante del niño«, continúa Kennedy, lo que implica que los propios padres deben limitar su uso de pantallas en presencia de sus hijos.

Dicho esto, la clave no está en alejar a los niños de la tecnología, sino en usarla con una intención clara y consciente junto a ellos. Un uso controlado puede ser beneficioso, ya que existen cientos de aplicaciones educativas y juegos interactivos que favorecen el desarrollo infantil. El problema surge cuando se deja al niño viendo vídeos en YouTube durante horas de forma pasiva.

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