Un estudio que siguió a jóvenes desde los 13 hasta los 30 años vincula el conflicto persistente con una edad biológica más avanzada, más inflamación y mayor riesgo cardiometabólico
La adolescencia representa ese espacio intermedio en el que el mundo adulto comienza a asomarse, aunque el cerebro y, particularmente, el control de los impulsos, todavía están en proceso de desarrollo. Por ello, se tiende a aceptar los portazos, las discusiones interminables y los «no me entiendes» como algo normal. No obstante, un estudio longitudinal ha puesto sobre la mesa una idea preocupante: la agresividad interpersonal durante la adolescencia podría dejar rastros detectables en el organismo y acelerar el proceso de envejecimiento biológico.
Esto tiene un carácter bastante profundo. Se trata de una serie de marcadores fisiológicos de desgaste (inflamación, glucosa, presión arterial, lípidos, función inmune) que, integrados, permiten calcular la edad biológica. Los científicos observaron que algunos individuos en sus treintas presentan un organismo internamente más envejecido que lo que refleja su edad cronológica.
La investigación fue encabezada por el psicólogo Joseph Allen, de la Universidad de Virginia, y publicada en la revista Health Psychology. En este estudio se monitorearon a 121 estudiantes de secundaria (46 varones y 75 mujeres) provenientes de comunidades suburbanas y urbanas del sureste de Estados Unidos, desde los 13 hasta los 30 años.
Durante ese periodo, la agresividad se evaluó mediante un método triangular: informes de los propios adolescentes, de sus padres y de sus pares (parejas o amigos), lo que minimiza la dependencia en un solo punto de vista.
Al cumplir 30 años, los investigadores estimaron la edad biológica de los participantes utilizando dos técnicas validadas en estudios de envejecimiento, junto con un panel de mediciones que incluía variables como presión arterial, inflamación (por ejemplo, proteína C reactiva), glucosa, colesterol y marcadores del sistema inmunitario (recuento de glóbulos blancos, entre otros). En términos simples, la edad biológica intenta reflejar el grado de desgaste acumulado de los sistemas corporales y suele ser un indicador más preciso que la edad cronológica para predecir riesgos de enfermedad y mortalidad a largo plazo.
¿Qué encontraron?
El resultado principal fue contundente: niños y adolescentes con niveles elevados de agresividad interpersonal a los 13 años mostraron una edad biológica más avanzada a los 30 años, incluso tras controlar factores como el sexo, ingresos familiares, enfermedades graves en la infancia y constitución corporal durante la adolescencia. Además, aquellos con mayor agresividad tendieron a presentar un índice de masa corporal (IMC) superior en la adultez temprana.
El estudio indica que el envejecimiento acelerado se manifiesta principalmente cuando la agresividad se establece como un patrón relacional persistente, es decir, cuando existen discusiones continuas con los padres, un trato hostil hacia amigos cercanos y conflictos que se prolongan en el tiempo. En otras palabras, no se trata de episodios aislados de agresividad, sino de conductas recurrentes.
Estrés social crónico que se convierte en inflamación
¿Cómo puede una dinámica social afectar al organismo? Los autores proponen una explicación centrada en un factor conocido: el estrés crónico. Las relaciones conflictivas mantenidas activan repetidamente los sistemas de respuesta al estrés y, cuando este modo de alerta se mantiene por períodos prolongados, el cuerpo sufre las consecuencias: inflamación crónica, alteraciones metabólicas y peor regulación de la glucosa, entre otros efectos.
Los análisis también detectaron que tanto los hombres como los participantes provenientes de familias con menores ingresos eran más propensos a mostrar señales de envejecimiento biológico acelerado. Sin embargo, este patrón parecía estar mediado por conflictos relacionales específicos, como las disputas con el padre o las conductas agresivas hacia pares (amigos). Esto no implica que ser hombre o crecer en contextos económicos más bajos condene a alguien, sino que ciertas circunstancias incrementan la probabilidad de que el conflicto se perpetúe y que, a largo plazo, se refleje en una fisiología más dañada.

