Rechazo europeo a apoyar a EE.UU. en Irán evidencia la ausencia de solución inmediata al conflicto en Medio Oriente

Trump

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    • Autor, Paul Adams
    • Título del autor, Corresponsal diplomático de la BBC
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Durante sus dos períodos en la presidencia, Donald Trump no ha dudado en criticar —e incluso atacar— a los aliados de Estados Unidos dentro de la OTAN.

Sin embargo, su más reciente afirmación —que no controlar el estrecho de Ormuz sería «muy perjudicial para el futuro de la OTAN»— ha desatado un debate sobre la interpretación del rol de la alianza.

“La OTAN se constituyó como una alianza defensiva”, comentó a la BBC el general Nick Carter, exjefe del Estado Mayor de Defensa del Reino Unido.

“No fue concebida para que uno de los miembros decidiera iniciar un conflicto y forzara a los demás a seguirle”, añadió. “No estoy convencido de que ese sea el tipo de OTAN que cualquiera de nosotros quiera integrar”.

Dado que hace apenas dos meses Trump reclamó con insistencia la soberanía de Groenlandia —territorio perteneciente a un miembro de la OTAN—, sus últimas declaraciones contienen un importante grado de ironía.

Esto quizás explique la contundencia con la que algunas autoridades han respondido.

En Alemania, un portavoz gubernamental señaló que el conflicto con Irán “no está relacionado con la OTAN”, mientras que el ministro de Defensa, Boris Pistorius, se mostró escéptico ante la capacidad de las modestas fuerzas navales europeas para influir en la situación.

“¿Qué espera Trump de un reducido número de fragatas europeas que la potente armada estadounidense no pueda lograr?”, cuestionó.

“Esta no es nuestra guerra. No la hemos iniciado”.

Posteriormente, el propio Merz rechazó la implicación alemana en el conflicto.

“No contamos con el mandato de las Naciones Unidas, la Unión Europea ni la OTAN, requerido por nuestra Ley Fundamental. Por esto, desde un inicio quedó claro que esta guerra no compete a la OTAN”, afirmó en una rueda de prensa en Berlín.

No obstante, esto no debe opacar la creciente y urgente necesidad de hallar una solución para la crisis en el Golfo.

Trump junto a otros mandatarios y altos funcionarios integrantes de la OTAN

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El bloqueo casi total del paso del estrecho de Ormuz por parte de Irán —salvo el tránsito de algunos buques que transportan petróleo destinado a aliados como China e India— ha forzado a los gobiernos occidentales a buscar una solución con urgencia.

Aunque esta crisis pudo haber sido precipitada por la decisión de Trump de considerar un conflicto bélico, debe solucionarse pronto antes de que su impacto en la economía mundial se agrave.

No obstante, queda claro que no hay una respuesta inmediata al problema.

El desminado ya no es tendencia

En la rueda de prensa del lunes, el primer ministro británico Keir Starmer indicó que se llevan a cabo negociaciones con Estados Unidos, Europa y aliados del Golfo para diseñar un “plan factible”, aunque “no están aún en la fase de decisiones”.

También mencionó la presencia de sistemas autónomos para la detección de minas que ya operan en la zona.

El HMS Middleton, un buque británico especializado en contramedidas contra minas (MCMV), está actualmente en el puerto de Portsmouth para mantenimiento mayor. Es la primera vez en décadas que ningún buque británico de desminado está desplegado en la región.

En cambio, se espera que la Royal Navy utilice drones marinos modernos, diseñados para localizar y neutralizar minas sin poner en riesgo a las tripulaciones.

Uno de los desafíos que enfrenta Trump es que el desminado, que alguna vez fue función clave en la mayoría de las armadas, perdió prioridad hace muchos años.

Tom Sharpe, excomandante de la Royal Navy, afirmó que las tecnologías británicas más recientes aún no se han comprobado en combate.

“Probablemente veremos en las próximas semanas si efectivamente funcionan o no”, declaró a la BBC.

El general Carter recordó que la última gran operación de desminado naval conjunta fue en 1991, cuando Irak minó las aguas frente a Kuwait para impedir un desembarco anfibio durante la primera Guerra del Golfo.

“Nos tomó 51 días despejar las minas”, señaló a la BBC.

“Ninguna armada ha invertido lo necesario en este ámbito, especialmente la estadounidense”.

Los buques especializados de desminado de clase Avenger de la Marina de los Estados Unidos, con cascos de madera para evitar activar minas magnéticas, están siendo retirados y sustituidos por las fragatas de clase Independence, las cuales emplean variados sistemas no tripulados.

Ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius

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Pero el asunto no se limita al desminado. La Guardia Revolucionaria de Irán también emplea lanchas rápidas armadas, drones navales “suicidas” y misiles terrestres para obstaculizar el tráfico marítimo.

Recientes imágenes difundidas por la agencia iraní Fars muestran una gran cantidad de embarcaciones y drones almacenados en túneles subterráneos, indicando que Teherán lleva tiempo preparándose para esta situación.

Un enfrentamiento que se intensifica

Trump ha sugerido que mantener el estrecho de Ormuz abierto —una tarea que calificó de “muy pequeña”— podría incluir ataques contra objetivos en la costa iraní.

Además, señaló que está buscando “personas que puedan ir allí para neutralizar a ciertos elementos hostiles en la costa”.

Estados Unidos ya ha llevado a cabo ataques contra barcos minadores en puertos iraníes, pero parece poco probable que muchos de sus aliados estén dispuestos a replicar estas acciones, especialmente si implican el despliegue de tropas terrestres.

En un escenario repleto de riesgos, no sorprende que los países muestren reticencia a involucrarse, optando, como ha hecho el Reino Unido, por promover la desescalada como la vía más segura para desbloquear el paso por el estrecho.

Sin embargo, ante declaraciones de funcionarios estadounidenses e israelíes que indican que esta campaña podría prolongarse varias semanas, la desescalada no parece una opción inmediata.

Mientras tanto, ¿es factible convencer a los aliados para que ofrezcan escolta a los buques petroleros?

“Alemania no participará con sus fuerzas armadas en la seguridad del estrecho de Ormuz”, afirmó Pistorius el lunes.

La alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Kaja Kallas, señaló después que existe un “claro interés” por ampliar las operaciones navales europeas en Medio Oriente, aunque los ministros de Asuntos Exteriores de la UE rechazaron extender la misión actual en el mar Rojo. “Esta no es la guerra de Europa”, añadió.

La Operación Aspides de la UE se lanzó en 2024 para contrarrestar las amenazas que los rebeldes hutíes en Yemen, apoyados por Irán, representan para la navegación en el mar Rojo. Sin embargo, con sólo tres buques de guerra, se trata de una misión modesta.

Oficiales militares escuchan una conferencia de prensa

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El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, declaró que su gobierno desea conocer de Israel y Estados Unidos “cuándo consideran que sus objetivos militares en Irán están cumplidos” antes de avanzar en nuevos pactos de seguridad.

Entre los principales aliados europeos, el presidente francés Emmanuel Macron parece ser el más interesado en participar y, la semana pasada, informó que intentaba conformar una coalición para escoltar embarcaciones y asegurar la libertad de navegación.

Sin embargo, aclaró que esto sólo será viable una vez superada la fase más crítica del conflicto. Días después, la ministra de Defensa, Catherine Vautrin, indicó que no hay planes inmediatos de enviar buques al estrecho de Ormuz.

Sharpe señaló que una operación de escolta sería mucho más compleja que la Operación Aspides, debido a las amenazas en tres frentes: aéreo, marítimo y submarino.

“A diferencia del caso hutí, donde la amenaza era aérea, con Irán existen tres riesgos que se intenta neutralizar antes de que puedan atacar”, explicó. “Eso no siempre es posible”.

Por ahora, los aliados de Trump, algo desconcertados, dudan antes de abrir la puerta hacia una “participación en Irán”, mirándose con cautela y siendo conscientes de que la inacción tampoco es viable.

Starmer destacó que la solución debe involucrar “el mayor número posible de socios”, aunque el personal militar británico requiere garantías claras antes de participar en una misión con riesgos elevados.

“Lo mínimo que merecen es contar con una base legal y un plan bien definido”.

Por el momento, ese plan no está disponible.

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