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- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 12 julio 2026
- Tiempo de lectura: 11 min
El hombre tiene que actuar como un caballero y la mujer debe ser conquistada. Ella se arregla, él asume la cuenta. Él toma la iniciativa, ella se muestra esquiva. Y nada de relaciones sexuales sin compromiso previo.
Consejos que muchas mujeres han escuchado, ya sea en épocas antiguas, cuando existían normas rígidas para el cortejo, o luego, a pesar de los cambios que trajo el movimiento feminista y la posterior revolución sexual.
Por ejemplo, el libro "Las reglas del juego" de Ellen Fein y Sherrie Schneider (1995), fue un éxito por ofrecer tácticas para atrapar al hombre ideal, entre ellas, no hablar primero ni llamarlo nunca; no pagar nada y evitar besos apasionados durante las primeras citas.
Pero hoy vivimos en la era de internet… y la desilusión.
Todo es más extremo, y con un matiz algo amargo.
¿Qué queda cuando los consejos de la abuela se mezclan con algoritmos y una decepción colectiva?
La femosfera. Un ecosistema compuesto por influencers, foros, pódcasts y consejos que invitan a las mujeres a replantearse el amor —despojándolo de cualquier ilusión romántica— y a transformar su manera de enfrentar las relaciones.
Más aún: las incita a "tomar la píldora rosa", una referencia a la "píldora roja" del filme The Matrix, que simbolizaba el acceso a una verdad oculta.
En el caso de la rosa, la realidad no está oculta, sino solo velada. Sostienen que las relaciones heterosexuales están estructuralmente desequilibradas en favor de los hombres, por lo que es necesario aprender a reconocer patrones masculinos, elevar las expectativas y evitar vínculos dañinos.
Ya previamente, la metáfora de la película fue adoptada por la manosfera, un movimiento que agrupa a diversos hombres que se sienten amenazados por las mujeres y responden con actitudes y discursos agresivos.
Para ellos, la píldora roja representa el despertar de quienes “ven” la supuesta manipulación femenina y un sistema que, según creen, perjudica a los hombres.
Esta reapropiación y transformación de términos que realiza la femosfera no es inusual. Al fin y al cabo, es en parte una respuesta a la agresión de ese oscuro submundo masculino.
Así, al observar ambos fenómenos, se notan con rapidez tanto similitudes como profundas diferencias.
La diferencia más importante, como señala la Dra. Jilly Kay, quien acuñó el término ‘femosfera’, es que ésta “no conlleva el mismo tipo de amenaza social ni de violencia en el mundo real” que la manosfera.
“Aunque ciertos grupos reflejan algunas tácticas y lenguaje, o deshumanizan a los hombres como ellos lo han hecho con las mujeres —explicó a BBC Mundo—, eso no significa que sean equivalentes”.
La manosfera, detalla la especialista en estudios culturales y de medios feministas de la Universidad de Loughborough, es una exacerbación de la violencia masculina contra las mujeres, un problema social estructural.
“No existen las condiciones sociales para que la femosfera provoque una amenaza masiva de violencia femenina hacia los hombres”.

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Según Kay, lo que ocurrió es que las redes sociales permitieron compartir vivencias y, al encontrar numerosas coincidencias en diversos lugares, concluyeron “que todos los hombres son y siempre serán esencialmente dañinos, y que no hay forma de cambiarlos social o emocionalmente, por lo que debían unirse, planear y actuar de manera implacablemente egoísta”.
A pesar de ello, destaca Onyinyechi Ezeanowi, activista por los derechos femeninos y especialista en entornos digitales, “no existe un equivalente femenino a la manosfera. No hay mujeres que enseñen a otras a abusar o ser violentas contra los hombres”.
“Lo que promovemos es el empoderamiento, la defensa y la lucha por los derechos y la igualdad”, afirma en diálogo con BBC Africa.
Aunque Ezeanowi no se identifica con varias de las ideas de la femosfera, sí comprende su dirección.
BBC Mundo también buscó comprenderla.
La cruda realidad
Al tomar la píldora rosa, lo primero que se entiende es que, a pesar de todas las luchas feministas, el mundo sigue favoreciendo a los hombres.
La brecha salarial y de pensiones sigue siendo significativa, pocas mujeres logran alcanzar altos cargos en cualquier ámbito y la justicia continúa respondiendo de forma insuficiente ante casos de violencia doméstica, violaciones, acoso o abusos.
Además, desde la perspectiva de la femosfera, generaciones pasadas de feministas impulsaron que las mujeres actuaran como hombres, lo cual finalmente benefició a ellos.
Por ejemplo, señalan que el sexo casual es justamente lo que buscan ellos, y que en la vida en pareja, la mayor parte del trabajo doméstico y emocional continúa sobre las mujeres, aunque tengan empleo, lo que las agota en vez de empoderarlas.
Si detectas resonancias del feminismo tradicional, no estás equivocado. Muchas figuras de la femosfera se declaran feministas, pero sus respuestas y estrategias ante la situación difieren.
“Rechazan el principio de igualdad porque les ha fallado, por eso la filosofía central es aceptar esta cruda verdad”, explica Kay.

Fuente de la imagen, Cortesía de Jilly Kay
Si la igualdad de género es una quimera inalcanzable, “lo único que queda es aceptar la idea tradicional de que hombres y mujeres tienen roles claramente definidos y diferentes en la sociedad”.
Al igual que en la manosfera, la femosfera considera que los géneros son distintos, tanto física como psicológicamente, lo que en la primera justifica la inferioridad femenina, y para la segunda indica que los hombres son el problema.
Pero en lugar de tratar de cambiar el sistema políticamente como antes, la femosfera enseña a cada mujer a manejarlo individualmente.
La idea es que si cada mujer se protege y evita caer en situaciones negativas, habrá un cambio, porque los hombres de bajo valor no encontrarán víctimas.
Aquí surge una de las diversas etiquetas que es importante comprender para entender este universo, que habita tanto las redes sociales como varios libros.
Palabras, palabras, palabras
Cabe aclarar que la femosfera es un espacio diverso, de modo que no todas las comunidades que siguen a distintas influencers o pódcasts como Female Dating Strategy (Estrategia de citas para mujeres) siguen exactamente el mismo patrón.
Sin embargo, para ubicarse en ese universo es útil entender algunos términos y clasificaciones tan reconocidas allí que no necesitan explicación.
La femosfera impulsa a las mujeres a transformarse en la mejor versión de sí mismas, acudiendo al gimnasio, estudiando, cuidando su imagen y sanando sus heridas emocionales.
Además, deben descentrarse, es decir, priorizar su independencia económica y tranquilidad mental, en vez de girar todo en torno al romance y dar protagonismo total a los hombres.
El objetivo es convertirse en una MAV o Mujer de alto valor, un estado logrado cuando la mujer deja de ver su desarrollo personal como un regalo para otros y comienza a valorarlo como un activo estratégico que requiere una inversión proporcional del hombre.
En cambio, si a pesar de tanto esfuerzo acepta migajas o ruega por afecto, la femosfera la califica como una “Pick-Me” de alto nivel o una mujer ingenua.
Así, la MAV es una mujer que, tras analizar su capital estético, social y psicológico, conoce su valor y no se deja explotar en el mercado de citas.
Las MAVs buscan hombres de alto valor o HAVs.
Este es el hombre ideal para su pensamiento: proveedor, económicamente estable, maduro emocionalmente, respetuoso, leal, protector y generoso.
Por el contrario, el hombre de bajo valor (HBV) es alguien tacaño, sin estabilidad financiera ni emocional, carente del instinto protector para proveer, que no progresa o exige atención sin reciprocidad.

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En estas definiciones entran muchos otros aspectos y términos, pero el resultado es una fórmula clara: en cualquier relación el hombre debe aportar y no restar.
Curiosamente, aunque parezca contradictorio, estos espacios colmados de mujeres empoderadas discuten mucho sobre tácticas para conseguir pareja.
Solo que con precaución.
Normas a respetar
Entre las críticas más comunes está la afirmación de que “todos los hombres son iguales”.
La respuesta: “Claro que sabemos que no todos son así, pero si yo te doy una bolsa de dulces y te digo que el 10% está envenenado… ¿no los revisarías con mucho cuidado antes de comerlos?”.
Eso es justo lo que aconsejan hacer, sin compasión alguna.
Los estándares, por ejemplo, son inflexibles: una MAV no concede segundas oportunidades.
Si un hombre propone una primera cita económica (como caminar o tomar un café) o sugiere dividir gastos 50/50, es inmediatamente descartado.
¿Por qué debe pagar el hombre?
Las razones van desde el mayor poder adquisitivo habitual en los hombres, hasta la inversión que ella hizo en maquillaje, depilación, vestuario y peluquería para esa cita.
¿Muy frío? Sí, pero esa es la posición. Opinan que las mujeres no pueden seguir enfrentando la batalla armadas solo con rosas.
El desapego y el control emocional son sus escudos: no actúan movidas por la necesidad de aprobación o miedo a la soledad.
Si un hombre disminuye su esfuerzo o muestra conductas dudosas, la MAV se retira sin dramas, explicaciones ni lágrimas. Su atención es un recurso limitado.
Y nada de enamorarse ni dejarse engañar.

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Aunque se ve como un juego transaccional frío y manipulador, lo curioso es que esos filtros pueden funcionar como un chaleco antibalas emocional para evitar que el hombre con quien se sienten a la mesa sea un narcisista, un estafador o un maltratador.
Los narcisistas y abusadores, por ejemplo, usan el Love Bombing (bombardeo de amor): aseguran que son el amor de la vida en la primera semana, los inundan con poemas, atención y promesas vacías.
Varias creadoras de contenido advierten sobre estos riesgos e instruyen a sus seguidoras a mantener una distancia psicológica fría. Al evaluar al hombre basándose únicamente en hechos concretos y estables en el tiempo, se evita la manipulación emocional del abusador.
Si el hombre no puede sostener sus promesas con un comportamiento respetuoso y protector a largo plazo, el filtro lo expulsa antes de que la mujer quede atrapada psicológicamente.
Si observas las estrictas “reglas de etiqueta” que estas gurús imponen para las primeras citas, verás que coinciden con los manuales de prevención de agresiones sexuales de la policía y organizaciones de apoyo:
Se prohíbe ir a la casa de un hombre, o invitarlo a la propia durante los primeros meses. Y está prohibido que la recojan en su coche: exigen que la mujer llegue por sus propios medios a un lugar público y concurrido.
Aunque sirven para “hacerse la difícil”, estas normativas garantizan logísticamente que la mujer mantenga el control total de su movilidad, eliminando el riesgo de quedar atrapada en un espacio privado donde podría ser vulnerable a una agresión física o sexual.
Entre el desencanto y la resignación
Ser una cosa y a la vez otra parece caracterizar a la femosfera.
Cuando impacta el lenguaje directo con que hablan del amor, de repente surge algo que resuena. Cuando describen a los hombres como un objeto con valor comercial, se percibe que también reclaman valor y respeto para ellas.
Pueden repeler, pero también hacer reír.
Para Kay, la femosfera responde a una realidad: las citas heterosexuales son genuinamente complejas para las mujeres, dada la normalización de la pornografía misógina, las apps de citas —que exacerban lo peor del comportamiento humano— y la amenaza constante de la violencia sexual.
El problema, señala, es la forma en que enfrentan ese diagnóstico: “la violación y la violencia sexual se suelen percibir como conductas innatas en algunos hombres […] así que solo puedes evitar a esos hombres de bajo valor, porque siempre existirán”. No contemplan la posibilidad de que la sociedad pueda cambiar; la violencia queda reducida a un factor casi biológico e inevitable.
La femosfera, añade, “es una mezcla extraña y compleja de algunas ideas feministas, con las que es difícil no concordar, pero con soluciones muy conservadoras ante el problema”.
“Confusa es la palabra que más la define”, afirma.
Lo que lamenta Kay es que “es una idea muy realista, pero, al final, también muy fatalista. La creencia de que deberíamos abandonar la política y renunciar a cualquier intento de mejorar la sociedad”.
Y le preocupa que eso sea lo que las jóvenes lleguen a entender como feminismo.
Destaca que hay otras comunidades que no comparten la visión de que hombres y mujeres estarán eternamente enfrentados y que nada pueda cambiar.
Pero añade que “actualmente hay algo en los medios digitales que parece propenso a este tipo de lógica más conservadora”.
Y así permanece la femosfera: a medio camino entre un manual de autoayuda y un parte de guerra, prometiendo proteger el corazón mientras, en el fondo, sigue anhelando lo mismo que cualquier historia de amor: que aparezca alguien que valga la pena.

