Iñaki Williams, futbolista de 31 años, revela: «Llevaba a Nico a entrenar y al colegio, le preparaba el bocadillo; para mí, ha sido como un hijo»

Iñaki Williams y Nico Williams, tras un partido contra el Athletic. El hermano mayor de los Williams se encargó de cuidar a su hermano hasta que éste alcanzó la estrella principal del Athletic.

Más información: Ni Bilbao, ni Barcelona: la residencia impresionante de Nico Williams en el sur de España con 9.000 m2, gimnasio y zona de spa privada

Ambos crecieron compartiendo habitación, barrio y camiseta, aunque el mayor siempre percibió que su rol iba más allá de ser simplemente un hermano.

En un hogar donde sus padres encadenaban trabajos y ausencias para sostener a la familia, Iñaki Williams tomó a muy corta edad una responsabilidad que hoy, con 31 años, resume sin rodeos: «Le llevaba a los entrenamientos, al colegio y le preparaba el bocadillo… Nico ha sido para mí como un hijo».

Esa percepción de haber ejercido casi como figura paterna explica la conexión especial que se observa ahora en el campo cada vez que ambos atacan desde los extremos de San Mamés.

Iñaki rememora aquellos años como una rutina exigente pero natural. Mientras otros chicos pensaban en salir o jugar a la consola, él se levantaba temprano para despertar a su hermano, preparar su mochila, hacerle el bocadillo y acompañarle al colegio.

Después, debía llevarle a entrenar, quedarse a su lado en la banda y velar por que no se le escapara ningún detalle. «Dondequiera que iba, lo llevaba conmigo, siempre estábamos juntos y siempre tenía que cuidarle», ha compartido en varias ocasiones, con el orgullo de quien sabe que esa cercanía definió el carácter de ambos.

Iñaki y Nico Williams, durante un partido con el Atlético de Madrid.

Iñaki y Nico Williams, durante un partido con el Atlético de Madrid. EFE

Con el paso del tiempo, esa relación de hermano mayor y “padre” improvisado se trasladó al fútbol profesional. Cuando Nico comenzó a subir a Lezama y a aparecer en el primer equipo, Iñaki ya era un referente dentro del vestuario y comprendió que su responsabilidad iba más allá del hogar.

Se convirtió en su mentor diario: quien le indicaba cómo actuar, corregía cuando era necesario y recordaba que el talento no es suficiente sin esfuerzo. Él mismo reconoce que en varias ocasiones sintió que estaba «educando» a Nico tanto dentro como fuera del campo.

Hoy, liderando el Athletic, la historia de Iñaki no suena a cliché, sino a relato personal. Sabe que el pequeño ya no es ese niño al que había que vestir, llevar al colegio y situar en el campo, pero continúa refiriéndose a él como un padre orgulloso lo haría con su hijo.

Por eso, cuando se le pregunta por Nico, emerge una mezcla de hermano, capitán y tutor: alguien presente desde el inicio, que ha observado todo su recorrido y que, pese al cambio en los focos, no deja de verlo con la misma mirada con la que lo llevaba de la mano por el barrio.

Scroll al inicio