Amelia Valcárcel del PSOE: «Decir ‘no a la guerra’ es similar a rechazar el cáncer; el reto es cómo actuar cuando la guerra ya está presente»

Amelia Valcárcel atiende a El Español en una sala del Congreso de los Diputados.

Amelia Valcárcel rechaza la idea de que el feminismo y la doctrina queer sean movimientos continuos, calificando al queerismo como un «caballo de Troya» dentro del feminismo.

Critica con firmeza la Ley Trans y sostiene que la medicalización de menores y la confusión entre sexo y género no forman parte del feminismo tradicional.

Valcárcel defiende que el feminismo es un movimiento sólido y advierte que el voto femenino, histórico apoyo del PSOE, está disminuyendo debido a la manipulación del feminismo por parte de los últimos ministerios de Igualdad.

Sobre el pacifismo, señala que simplemente decir «no a la guerra» es insuficiente y considera necesaria la acción cuando los conflictos ya están en curso.

Hasta hace poco, Amelia Valcárcel (Madrid, 1950) parecía vivir en constante tránsito, entre vuelos y pasillos de la T-4.

Ese aeropuerto funcionaba, de alguna forma, como su segundo hogar, un punto intermedio entre la residencia familiar en Oviedo y el Consejo de Estado, donde dejó una marca durante dieciséis años como una de las consejeras más activas.

Anteriormente, su trayectoria también fue política: ejerció como consejera de Educación del Gobierno del Principado de Asturias entre 1993 y 1995.

Pero lo que realmente define a Amelia Valcárcel es su pasión por el pensamiento y la expresión del mundo. En conferencias y libros, ha construido un entramado en el que convergen la filosofía, el feminismo y la historia de las ideas. Desde Sexo y filosofía (1991) hasta Feminismo en un mundo global (2008) y, más recientemente, La civilización feminista (2023).

Militante histórica del PSOE, no esquiva la crítica hacia su propio partido. Fue, por ejemplo, una de las voces más contundentes al cuestionar la Ley Trans.

Tres años después de su salida del Consejo de Estado, se la encuentra en una sala del Congreso de los Diputados, en el marco de un ciclo de conferencias por el 8-M. Lo que más le interesa en ese día es poder escuchar a la feminista iraní Masih Alinejad, que también visita la Cámara Baja.

En sus estudios aborda tres olas del feminismo, que comienzan en la Ilustración y llegan hasta la etapa actual, con una conquista gradual de derechos. Pero tras el resurgimiento de la última década, el movimiento enfrenta una crisis, dividido entre una postura ‘clásica’ y otra ‘queer’. ¿Cuál es su visión sobre hacia dónde se dirige el feminismo?

La cronología estadounidense habla generalmente de dos grandes olas feministas, porque evita referirse a la Ilustración. En mi opinión, como europeos o europeas, debemos considerar el feminismo ilustrado, dado que la Ilustración es la cuna originaria de nuestro mundo.

Nos encontramos, efectivamente, en la tercera ola del feminismo, y su pregunta implica que para usted existe continuidad entre el feminismo y la consecución de derechos desde la doctrina queer. Eso es algo que voy a negar rotundamente.

¿Por qué?

La doctrina queer es una consecuencia inesperada de los logros de las agendas feministas. Surge de la ruptura de las normas rígidas de género que el feminismo promueve. Como movimiento, forma parte de lo que Celia Amorós, mi apreciada maestra, denominaba una «alianza ruinosa». En ocasiones, el feminismo hace alianzas perjudiciales.

La agenda de esa desviación es completamente opuesta a la actual agenda del feminismo. El delirio queer ha funcionado como un caballo de Troya.

Si alguien sostiene, por ejemplo, que la prostitución debe dejarse en paz porque, como es sabido, es «creativa», está bien y es parte de la libertad, y se llama «trabajo sexual».

Si además se aceptan los vientres de alquiler como algo positivo para que quienes no tienen hijos puedan obtenerlos de otras personas con dinero, personas que justamente carecen de recursos, presentado esto como un intercambio económico común que no existía desde la época de la esclavitud…

O si continuamos afirmando que la pornografía es solo imaginación y que no tiene relación con el aumento de la violencia contra las mujeres…

«El delirio queer ha actuado como un caballo de Troya en el feminismo»

Si se pretende intervenir en la salud de niñas y niños mediante tratamientos hormonales y cirugías extremas…

Si todo esto —que es lo que propone la doctrina queer— se sostiene, hay que retirar la alfombrilla. Eso no es feminismo. Es otra cosa. Que además no solo corrompe el feminismo, sino que intenta reemplazarlo.

Y eso no será permitido. No existen dos feminismos, uno clásico y otro queer. No. Existe un feminismo firme como teoría y práctica, y hay personas que están confundiendo el 8 de Marzo con el Día del Orgullo. Y no son equivalentes.

Amelia Valcárcel, posa tras la entrevista para EL ESPAÑOL.

Una diferencia significativa radica en cómo la doctrina ‘queer’ aborda la transexualidad en comparación con otras corrientes feministas.

He dedicado gran parte de mi vida a luchar para que la homosexualidad dejara de ser considerada un delito.

Me refiero a la transexualidad, no a la homosexualidad.

La transexualidad, en el sentido actual, implica que alguien declara ser de otro sexo y lo respalda mediante intervenciones físicas extremas: hormonas, cirugías complejas, incluso aplicadas a menores.

Esta es la barbarie del siglo XXI. No puede ser tolerada y quedará en la historia de la medicina como lo hicieron las lobotomías. Es una atrocidad.

¿Cómo se aborda, en cambio, la disforia de género, que sí es una cuestión clínica?

La disforia de género no es un diagnóstico clínico real. Es un concepto de John Money, un sexólogo con escaso reconocimiento en Psicología y disciplinas relacionadas.

La disforia de género simplemente indica: «Alguien no se siente cómodo». Entonces, todas las feministas sufren disforia de género: no se sienten cómodas con el rol que se les asignó y han luchado para romperlo. Y lo han conseguido.

Esto que llevo puesto se llama pantalón. En los años setenta, si una mujer usaba pantalones, la insultaban en la calle. ¿Era esto una transgresión del estereotipo de género? Sin duda. Ahora es algo tan común que ni se percibe.

Pero, ¿cuántas personas tienen alteraciones cromosómicas tan poco frecuentes que ocurren en uno de cada 80.000 a 400.000 nacimientos?

El delirio queer exagera un problema minoritario solo porque lo utiliza para justificar su postura. A esas personas se les debe garantizar todo lo necesario, pero eso no es lo que promueve la doctrina queer.

Ha pasado de que el feminismo sostuviera que el sexo no debe importar ni excluir en la mayoría de los ámbitos a afirmar que el sexo no existe. Sin embargo, luego eligen. Eligen socavar el feminismo y borrar a las mujeres.

En los últimos años han surgido posturas críticas. Por ejemplo, recientemente Gaspar Llamazares declaró…

Me parece maravilloso. Es una persona a la que le guardo un desprecio absoluto.

Bueno, dijo en una entrevista en ‘El País’ que la izquierda se ha «pasado de frenada» otorgando carnets de feminismo…

Él se pasó de frenada muchas veces en otras cosas que podría enumerar, pero no quiero aburrir a los lectores.

Coincidí con él en mis años en el gobierno. Me importa poco lo que opine alguien con una ética tan débil.

Uno de los retos del feminismo parece ser conectarse con los más jóvenes.

No, eso no es un reto para el feminismo. Es un desafío para los jóvenes: o se adhieren al feminismo o decidirán qué hacer.

A diferencia de las generaciones previas, los jóvenes hoy tienden a ser más conservadores.

Siempre existe un valle entre generaciones, según los conceptos de la teoría generacional del siglo XX. Entre victorias y sus consecuencias aparece un periodo de estabilidad seguido de un declive.

Tras lograr algo con esfuerzo, es normal que exista un periodo de estabilidad que luego desciende un poco. Es un proceso esperado.

«Tarde o temprano, nuestra civilización será feminista»

No hay por qué temer: cada logro debe ser asumido. Goethe lo expresó bien: lo que los padres heredan, es necesario conquistarlo. Eso no me inquieta. Tarde o temprano, nuestra civilización será feminista. Se logrará. Mientras tanto, algunos incels se quejan en redes sociales. Pasará.

Una encuesta reciente de la Fundación FAD indica que, entre 15 y 29 años, más de la mitad de los jóvenes considera el feminismo una herramienta de manipulación política.

La imagen que tienen es del queerismo predominante, que toman por feminismo, y creen que es manipulación.

Comparto esa percepción. Los jóvenes han sido testigos de los dos últimos Ministerios de Igualdad que manipularon totalmente el significado del feminismo.

Los dos últimos ministerios estuvieron ocupados por Irene Montero y ahora Ana Redondo. ¿Qué opina de esta última?

Es lo mismo, son gemelos.

¿Cree que mantienen las mismas líneas?

No las ha cambiado. Como ve, hablo sin rodeos. No encuentro mucha diferencia entre ambas. Bueno, sí: esta es más tranquila, mientras que la otra era muy histriónica.

¿Recuerda cuando Pedro Sánchez afirmó que tenía amigos de 40 y 50 años que se sentían «incómodos» con el feminismo?

Tiene amigos bastante extraños. He leído mucho al respecto. Prefiero no seguir hablando.

Usted fue muy crítica con la Ley Trans, calificándola de «sumamente peligrosa para las criaturas, para las mujeres, para la sociedad y la libertad de expresión». Ya han pasado tres años. ¿Sigue manteniendo esa opinión?

Pura y dura barbarie. Administrar hormonas a niños de 7, 8, 14 o 16 años. Perseguir con demandas la libertad de expresión. Multiplicar organizaciones innecesarias. Distorsionar las pocas leyes que protegen la libertad de las mujeres …

Recientemente escuché a Bibi Andersen. Me impresionó cuando dijo que ya no podía luchar contra su propio cuerpo. Me pareció admirable. Absolutamente admirable. Esta persona siempre ha sido admirable por muchas razones.

Al aprobarse la Ley Trans usted estaba en el Consejo de Estado y denunció que, por primera vez en 16 años, una ley que afectaba a varias leyes orgánicas y preceptos constitucionales no pasó por el Pleno por decisión de la presidenta…

María Teresa Fernández de la Vega decidió que esa ley no iría al Pleno, sino que la estudiaría la Permanente. Sorprendente. Se le solicitó —yo incluso envié mensajes— que la presentara en Pleno, recordándole que afectaba a leyes orgánicas. No hizo caso.

Convocó a la Permanente a las 09:30 un miércoles para examinarla.

Pero a las 07:30 de esa misma mañana, dos horas antes de la reunión, la ministra Montero adelantó el resultado: el Consejo de Estado dictaminaría que la ley era estupenda. Lo comunicó en un tuit, y en el mismo agradeció expresamente a Fernández de la Vega.

¿No debería respetar las instituciones? ¿No podría haber esperado hasta las 12 para tuitear? No, no podía. Estaba demasiado contenta.

Amelia Valcárcel, en la sala Lázaro Dou en el Congreso de los Diputados.

Y poco después usted fue cesada.

Sí. Me llamó la entonces presidenta, Magdalena Valerio. Estaba muy afectada, honestamente. Me explicó que era necesario rejuvenecer el órgano. Me hizo gracia. Le respondí que a ella le pasaría igual pronto. Y así sucedió.

Hablé luego con compañeros que salieron conmigo. Recuerdo que Juan José Laborda [expresidente del Senado] comentó —estábamos en plena Semana Santa— que, dadas las circunstancias, es lógico que a Jesús lo acompañen unos cuantos más.

Por cierto, el Consejo de Estado avaló la ley del ‘solo sí es sí’. Se centraron en definir qué era consentimiento, pero no abordaron las consecuencias posteriores que permitirían la reducción de penas.

La ley del solo sí es sí es lamentable, aunque trata un tema crucial y complejo: ¿Qué es el consentimiento?

Las peores consecuencias de esta ley fueron evitadas gracias a la seriedad del PP en este caso. Es decir, el Partido Popular podría haber dejado que el PSOE continuara precipitándose bajo la avalancha de exoneraciones o reducciones de pena, pero decidió intervenir y apoyar al PSOE, lo que tuvo un coste.

Lo agradecí entonces a Feijóo. Le dije: «En esta ocasión has demostrado que puedes hacer política feminista seria. Lo hiciste impidiendo que esa terrible ley continuara».

Ahora me gustaría ver una mayor implicación. No olvido que el Partido Popular gobierna en muchas autonomías donde las leyes trans continúan siendo vigentes.

¿Mantiene su apoyo a Feijóo?

No puedo apoyar la política del PP porque soy socialdemócrata sin fisuras y del PSOE.

Pero debo reconocer y agradecer lo que está bien hecho. En este caso, fue bien hecho. PSOE y PP deberían fomentar el amplio terreno común que comparten como demócratas.

Tras el debate sobre el consentimiento, han surgido condenas mediáticas. Penso en el caso reciente de Julio Iglesias, quien ha decidido querellarse contra acusadores sin sentencia judicial, comenzando con Yolanda Díaz.

Realmente no seguí a don Julio en su carrera ni en lo actual, y no sé nada sobre este asunto. Solo puedo decir que se resolverá en los tribunales, punto.

Vivimos una época MeToo porque las mujeres no van a tolerar indefinidamente no ser dueñas del espacio laboral y soportar abusos constantes, presencias indeseadas o comunicaciones no solicitadas…

Por cierto, el último ‘MeToo’ involucra al Partido Socialista…

Sí, y también al Partido Popular, a Vox, y cuando el tema pase al sector empresarial será aún más relevante. ¿Por qué? Porque para muchos hombres la idea de que el espacio de una mujer no sea intervenido constantemente es difícil de entender.

Muchos hombres no distinguen entre coqueteo y la invasión de un espacio ajeno. No creo que las mujeres repudien el coqueteo, pero sí rechazan la invasión inapropiada.

El poder es potente y a veces hace que personas pierdan el sentido común sobre lo correcto. Se creen con derecho a todo…

Respecto al PSOE, ¿considera que falló el canal interno de denuncias?

Sobre el canal: ¡cinco meses sin atender una denuncia! Creo que, en estas situaciones, lo mejor es acudir directamente a los juzgados. Esto es un asunto judicial. La lealtad es una virtud, pero inferior a la Justicia.

Una polémica que marcó al feminismo fue el caso de Juana Rivas, madre granadina que retuvo a sus hijos para no entregarlos a su padre, Francesco Arcuri, acusado de malos tratos. ¿Por qué no quiso pronunciarse?

No quise intervenir entonces ni ahora, porque estas situaciones deben resolverse en tribunales.

Se puede tener opinión sobre los hechos, pero lo prioritario es que la dignidad de la persona y sus hijos, junto con su protección frente a violencia, estén garantizadas. Confío en que la sociedad aplicará justicia, no nosotros mediante polarizaciones y manifestaciones.

Sí decidí actuar en el caso de La Manada. ¿Por qué? Porque la sentencia me pareció totalmente inadecuada. Provocó escándalo, prueba de que algo estaba mal. Luego fue corregida.

En el caso de Juana Rivas, no he dicho nada y no pienso hacerlo, pues no tengo suficiente información para emitir juicio certero.

Otro tema polémico recientemente fue el uso o no del velo integral. Vox presentó una propuesta contra el burka en el Congreso, apoyada por el PP.

No importa quién la presente. El rechazo se fundamenta en que la exposición de motivos contiene elementos negativos. Pero hay que diferenciar entre la exposición de motivos y la propia ley.

Lo relevante es la ley, no los motivos, que no tienen carácter legal. Ningún tipo de cubrimiento femenino es un “derecho religioso”.

«Es preocupante que haya quienes en el Congreso defiendan la existencia de un derecho religioso a llevar burka».

Para ser claros: no existen los llamados “derechos religiosos”. Decir que existen implica que textos religiosos están por encima de la ley, que son superiores a ella.

En democracia se tolera la religión, siempre que su ejercicio no altere la paz pública. Resulta inquietante que haya personas, incluso en esta Cámara, afirmando que existe un derecho religioso a usar burka.

Amelia Valcárcel, charlando con EL ESPAÑOL.

Incluso Patxi López y la ministra de Igualdad, Ana Redondo, han mencionado la libertad religiosa en este contexto.

La libertad religiosa es la que el Estado concede a un culto, siempre que no perturbe la paz civil. Ese principio ya estaba declarado en Holanda y Zelanda en el siglo XVII. Todo lo demás son intentos de crear conceptos jurídicos confusos para normalizar conductas sin respaldo legal.

Existe un problema adicional que no puede ignorarse: quienes se visten así suelen ser fundamentalistas extremas.

¿Qué queremos normalizar? ¿Que el fundamentalismo, las yihadistas, propaguen su mensaje dentro de nuestra sociedad y, por medio de su conducta, atraigan a otros que buscan escapar de la radicalización en sus barrios?

Hace más de dos décadas dio varias conferencias sobre mujer e Islam en Europa, tituladas «Ni putas, ni sumisas», prólogo de un libro de Fadela Amara.

Efectivamente. Escribí el prólogo en español para Fadela Amara, musulmana, francesa y feminista. Posteriormente fue secretaria de Estado y encargada de asuntos de las banlieue, precisamente donde ese problema era mayor.

Su libro fue muy influyente, aunque Francia enfrenta un problema considerable.

Nosotros, siendo más inteligentes que los franceses, ¿verdad?, como se sugiere evidenciando nuestra producción cultural, pensamos: «No tendremos ese problema». Al fin y al cabo, Montesquieu, Descartes y otros son de Castilla la Vieja.

En una conferencia dijo: «Tal vez nos ocultamos cuando aceptamos desde ciertos grupos falsamente progresistas que el multiculturalismo es una buena ley democrática y que hay que hacer un esfuerzo de comprensión». Parecía profético.

Veinte años después… Creo que individualmente siempre debe hacerse un esfuerzo de comprensión. Hay que entender por qué actúa una persona, incluso si creemos que su conducta es errónea.

Por ejemplo, ¿recuerda el atentado en Barcelona? Una persona que perdió a su hijo dijo públicamente: «Necesito abrazar a un musulmán». Y lo hizo. Me pareció increíble. Son momentos que conmueven.

No podemos generalizar sobre todos los musulmanes, pero el fundamentalismo siempre se repite igual. No es propio de nuestra tradición y por ello no merece beneficio de duda.

«No todos los musulmanes son iguales, pero el fundamentalismo siempre se manifiesta igual».

Un desafío importante: ¿cómo integrar a estas personas?

Algunos sí lo logran. Algunos. En España, como mi amiga Najat El Hachmi, una excelente feminista, novelista y ensayista.

Recibimos personas con niveles sociales y culturales muy diversos, lo que influye en su adaptación. El problema surge cuando las redes de apoyo contribuyen al fanatismo.

Actualmente vemos una intervención militar en Irán, con un régimen cruel hacia las mujeres.

Sí, y también hacia homosexuales. En Irán hay dos grupos: a los homosexuales que insisten en seguir siendo hombres, los cuelgan. A quienes dicen tener alma de mujer, los castran y clasifican como mujeres.

Con las mujeres hacen cosas aún peores. Por ejemplo, si una virgen es condenada a muerte, primero la violan.

¿Qué lugar ocupa el derecho internacional cuando un país viola sistemáticamente los derechos humanos?

No contamos con una verdadera organización internacional; tenemos lo que tenemos. La primera idea fue la de Kant, la «paz perpetua»: un gobierno de gobiernos.

Luego estuvo la Sociedad de Naciones, tras la Primera Guerra Mundial, que colapsó cuando las potencias del Eje la abandonaron.

Ahora tenemos las Naciones Unidas, fruto del esfuerzo de Eleanor Roosevelt y otros, quienes redactaron la Declaración Universal de Derechos Humanos y contribuyeron a crear ese «tercer gobierno».

Han garantizado la paz en muchos lugares, pero hoy están muy debilitadas. Tal como están, carecen de fuerza.

Existen tres imperios [EEUU, China y Rusia] y un solo Golfo Pérsico. Si lo entendemos, tal vez ellos también.

Usted apoya la abolición de la prostitución, pero existe una división más que ideológica, casi territorial. Por ejemplo, partidos nacionales como PSOE o Izquierda Unida son abolicionistas.

Eso es lo que sostienen.

Sin embargo, partidos catalanes o Bildu, de posturas más regulacionistas —sobre todo ERC o los Comunes—, han generado divisiones.

La división aún no es profunda. Me conformaría si esos partidos al menos se pusieran de acuerdo en algo: erradicar la trata. Porque sin trata, no habría prostitución hoy.

El Ministerio de Igualdad planea legislar sobre trata.

Una ley de trata… Ya hay una similar y no parece eficaz.

La trata está muy extendida en España. Se trata de uno de los mercados más indignos: se comercia con la debilidad y el hambre. Eso no debe permitirse.

El acto institucional del 8-M se celebró este miércoles, pero el debate feminista fue opacado por discursos de «no a la guerra» del presidente y la ministra de Igualdad.

Decir «no a la guerra» cuando uno no participa en ella es fácil. ¿A quién le gusta la guerra? No conozco a nadie del ámbito militar que diga que le gusta. Decir «no a la guerra» es tan trivial como decir «no al cáncer de próstata».

El verdadero problema es qué hacer cuando la guerra existe. ¿Qué hacer con el derecho internacional cuando alguien como Putin lo ignora e invade Ucrania?

Paradójicamente, ese pacifismo impidió que el Gobierno evaluara un año difícil, con casos de acoso en partidos y otros escándalos como el DAO. Según encuestas, esto ha motivado que la izquierda pierda apoyo femenino.

Es comprensible. Las mujeres quizá aún no tienen completa conciencia de grupo, pero comienzan a desarrollarla. Son capaces de reconocer cuando se les engaña. El voto femenino, tradicional base del PSOE, está disminuyendo.

Amelia Valcárcel, tras una conferencia en el Congreso de los Diputados.

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