Viajar a esta localización implica trasladarse directamente a una época muy distante de la actualidad, gracias a su excelente estado de conservación.
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La rutina diaria puede tornarse sumamente extenuante en muchas ocasiones. Por ello, es necesario concederse un descanso merecido con frecuencia para superar el agotamiento físico y mental profundo que provoca esta situación. En este contexto, numerosas personas optan por recuperar energías mediante una escapada reparadora ocasional.
Uno de los planes más habituales para estos fines consiste, sin duda, en visitar el entorno rural que ofrece nuestro país. En Galicia, por ejemplo, existen varias localidades sumamente acogedoras y encantadoras que atraen por su ambiente apacible y confortable, que resulta profundamente enriquecedor. Un claro ejemplo es, sin duda, Piornedo.
Esta modesta aldea, perteneciente a la parroquia de Donís, dentro del municipio de Cervantes, Lugo, constituye uno de los lugares más singulares de toda la comarca de Os Ancares. Se trata de una población con raíces prerrománicas situada en los alrededores de León a 1.300 metros de altura, en el puerto que en la antigüedad servía de enlace entre Galicia y Castilla, destacando por su belleza incomparable.
Eco de un pasado muy lejano
Lo primero que llama la atención al poner pie en Piornedo son las antiguas viviendas tradicionales, conocidas como palloza. Aunque hoy en día se utilizan como establos para animales, en tiempos pasados fueron el hogar de los primeros habitantes de la aldea. De forma circular y con techos empinados elaborados con centeno, brezo o piorno, estas construcciones ofrecían un refugio muy cálido, especialmente gracias a sus muros de mampostería. Por estas características, recibieron la distinción de Conjunto Histórico Artístico.
Su techo está diseñado cuidadosamente para evitar la acumulación de agua y nieve durante las precipitaciones, lo que previene daños y colapsos en la estructura. Además, carecen de chimenea, ya que el humo generado por el fuego puede penetrar la paja del techo y salir al exterior. En su interior, el mobiliario tradicional se orientaba a cocinar con el fuego abierto, junto con el dormitorio principal, mientras que la parte inferior estaba destinada a los animales, permitiendo a los dueños aprovechar el calor que estos emitían.
Muchas de estas viviendas antiguas presentan un estado de conservación ejemplar y pueden visitarse como patrimonio cultural, siendo la palloza-museo Casa do Sesto la más destacada, habitada hasta 1970. Piornedo representa un verdadero refugio de tranquilidad donde es posible descubrir el pasado de forma directa y amena.
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