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- Autor, Darío M. Brooks
- Título del autor, BBC News Mundo
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La histórica vinculación entre México y Cuba, que ha atravesado numerosos desafíos desde la Revolución Cubana de 1959, encara un desafío sin precedentes este año.
Estados Unidos implementó una política agresiva para aislar al gobierno cubano, con una orden directa del presidente Donald Trump decretada a finales de enero para sancionar a los países que suministren petróleo a La Habana.
"Existe un embargo. No hay petróleo, no hay dinero, no hay nada", dijo Trump el lunes al afirmar que su administración busca un "acuerdo" con sus homólogos cubanos, sin especificar el propósito.
Después de presionar al gobierno venezolano a principios de año, el foco regional de EE.UU. se desplazó hacia Cuba, un país que por más de seis décadas se ha mantenido como un adversario de Washington bajo los mandatos de Fidel y Raúl Castro, así como su sucesor político, Miguel Díaz-Canel.
En este contexto, México ha quedado en medio del conflicto.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha manifestado críticas abiertas hacia las sanciones estadounidenses sobre los suministros petroleros a Cuba, calificándolas de "muy injustas", pero ha tenido que equilibrar su colaboración con La Habana y la relación con Washington.
La mandataria optó por aumentar los envíos de asistencia humanitaria como muestra de solidaridad con el pueblo cubano, mientras suspende la carga de más buques con combustible hacia la isla, práctica que se mantenía en años anteriores.
"No es algo reciente, siempre ha existido… Desde la Revolución siempre hubo apoyo a Cuba", explicó Sheinbaum recientemente, señalando que los gobiernos mexicanos, ya sean de izquierda, centro o derecha, han cooperado con la isla durante más de 60 años.
Para los especialistas, la situación actual representa una prueba crucial para Sheinbaum.
"Actualmente México realiza un ejercicio de política exterior, no solo de solidaridad, sino con un enfoque estratégico en el que paga un costo político, diplomático y económico para desempeñar un rol presente y futuro en Cuba", destaca el internacionalista Juan Pablo Prado Lallande.
"Se debe asumir un costo, y ese costo es sostener la ayuda humanitaria para preservar la capacidad negociadora que México ha construido durante décadas respecto a Cuba y su horizonte", añade en charla con BBC Mundo.

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El acuerdo que sostuvo las relaciones
Tras el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959, la relación entre La Habana y Washington se fue deteriorando rápidamente hasta llegar al punto crítico que representó la fallida invasión de Bahía de Cochinos por EE.UU. en 1961.
A partir de entonces, Washington mantuvo una política activa anticomunista en la región, en medio de la Guerra Fría con la Unión Soviética, presionando a gobiernos latinoamericanos y de otras regiones para que cortaran vínculos con Cuba.
Sin embargo, México, siendo un vecino geográfico esencial, no solo reconoció al gobierno revolucionario cubano, sino que fue el único país que no rompió relaciones con la isla, incluso bajo presiones explícitas en asambleas de la Organización de Estados Americanos en los años 60.
Prado Lallande comenta que México fundamentó su postura en los principios pacifistas de la Doctrina Estrada, posicionándose además como mediador entre Cuba y EE.UU., logrando un acuerdo trilateral no divulgado que beneficiaba a todas las partes.
"Por un lado, Estados Unidos ‘permite’ a México mantener una política soberana de apoyo político, diplomático y cooperación con Cuba. Por otro lado, después de la Revolución, México y Cuba acordaron que la isla no promovería revoluciones en México —a diferencia de lo que hizo en otros países de Centroamérica, Sudamérica y África— a cambio de que México respaldara a Fidel Castro en foros internacionales y globales. Una especie de tit for tat [esto por lo otro]", explica el analista.
EE.UU., por su parte, se aseguraba de que no existiera influencia comunista en su frontera inmediata con México y combatía grupos surgidos en Centro y Sudamérica.

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Al gobierno mexicano de entonces, bajo Adolfo López Mateos, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y con una línea nacionalista, le convenía mostrarse ante sus ciudadanos como un estado que decidía autónomamente, especialmente frente a EE.UU. y su historial de hegemonía.
Pero, de forma menos visible, el acuerdo también le permitía evitar la penetración cubana en los incipientes movimientos revolucionarios y socialistas dentro del territorio mexicano durante los años 60, algunos de ellos inspirados en la isla.
De hecho, Fidel Castro y sus seguidores organizaron su levantamiento armado en México.
Por otro lado, en lo cultural, México y Cuba comenzaron un intercambio fructífero, principalmente en música, cine y literatura.
"Históricamente ha habido cercanía social entre México y Cuba. Existen afinidades históricas, culturales y espaciales, además de un pasado común bajo el colonialismo español", rememora Prado Lallande.
"Asimismo, hay fuertes lazos sociales entre mexicanos y cubanos, especialmente entre orientaciones de izquierda, personas, partidos, sindicatos y organizaciones sociales. Históricamente, han visto a Cuba como un referente".

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Cooperación y desencuentros
Los presidentes mexicanos en la segunda mitad del siglo XX mantuvieron buenas relaciones con Fidel Castro y solidificaron acuerdos de intercambio en el marco del pacto establecido en los años 60, pues EE.UU. veía con utilidad tener aliados en la isla a través de los mandatarios mexicanos.
De hecho, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid colaboraron con la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) entre 1960 y 1994, como revelaron documentos desclasificados posteriormente.
"Durante el período del PRI", comenta Prado Lallande, "hubo cooperación en ámbitos técnicos, científicos, tecnológicos, culturales y educativos para vincular oficialmente a ambos países".
El colapso de la Unión Soviética fue un duro revés para Cuba, que perdió el apoyo de su principal aliado frente a EE.UU. Sin embargo, México continuó siendo un respaldo.
Durante los años 90, el presidente Carlos Salinas de Gortari, un político neoliberal ajeno a la izquierda, mantuvo la cooperación económica justo cuando la isla enfrentaba la escasez ocasionada por el llamado "periodo especial".
Castro asistió en persona a la investidura de Salinas, quien enfrentaba acusaciones de fraude electoral, lo que ayudó a legitimar al gobierno mexicano.
México también comenzó a enviar petróleo a la isla, reflejando beneficios mutuos en la relación política.

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No obstante, con la salida del PRI de la presidencia en 2000, las relaciones entre México y Cuba enfriaron considerablemente bajo los gobiernos de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, ambos del Partido Acción Nacional (PAN) de derecha.
Un episodio recordado —llamado "Fidel, comes y te vas"— evidenció esta tensión: Fox invitó a Castro a la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de la ONU en México, pero le pidió discretamente al líder cubano que se retirara tras el almuerzo para evitar conflictos con otro invitado de peso, el entonces presidente estadounidense George W. Bush.
La charla fue grabada y difundida desde La Habana, generando molestia en el gobierno mexicano.
"No hubo ruptura formal, pero sí una crisis", rememora Prado Lallande.
A pesar de la reducción en las relaciones, debido en parte a críticas mexicanas hacia la falta de democracia y derechos humanos en Cuba, tanto Fox como Calderón hicieron visitas oficiales a la isla.
El regreso del PRI a la presidencia, con Enrique Peña Nieto (2012-2018), trajo un nuevo acercamiento, al punto que México condonó más de US$350 millones en deudas por envíos petroleros a Cuba.
"El propósito era conservar lo alcanzado, no perder el capital político invertido en Cuba en términos de relaciones históricas basadas en respeto mutuo y soberanías", detalla Prado Lallande.
Agrega: "Además, México buscaba presencia política y geoestratégica en el Caribe, su tercera frontera. Cuba, siendo la isla mayor de las Antillas, es un referente ineludible en la política exterior mexicana, independientemente de la orientación del gobierno".

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Aunque la relación México-Cuba ha estado respaldada por la política exterior de cooperación estipulada en la Constitución mexicana, la promoción de derechos humanos o democráticos, también principios del Estado mexicano, no fue un aspecto prioritario durante las administraciones del PRI.
Prado Lallande señala que "para el PRI, que carecía de sensibilidad democrática, estos temas no representaban problemas, retos o contradicciones".
"El PRI pasó de ser un partido con orígenes izquierdistas a uno políticamente pragmático y adaptativo con el tiempo. En su relación con Cuba no enfrentó conflictos por esta razón".
No obstante, los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo establecieron los primeros contactos documentados con grupos disidentes cubanos, al igual que Vicente Fox y Felipe Calderón, lo que tensionó los vínculos con Fidel Castro.
El reimpulso en el obradorismo
La llegada del primer gobierno de izquierda en México, encabezado por Andrés Manuel López Obrador en 2018, representó un impulso renovado en la relación con La Habana, ya bajo el liderazgo de Miguel Díaz-Canel.
López Obrador no ocultaba su admiración por los cubanos "por su arrojo de sentirse libres" frente a EE.UU., y criticaba las sanciones económicas impuestas por Washington contra la isla: "¿No es ruin esa política medieval?", cuestionó el presidente mexicano en 2022.
Durante su administración, López Obrador reactivó los envíos de petróleo a Cuba, además de establecer acuerdos para la llegada de médicos cubanos a clínicas remotas mexicanas, la compra de vacunas durante la pandemia de covid-19 y la impresión de libros de texto para Cuba en imprentas mexicanas.
Prado Lallande destaca que desde entonces se notó la diferencia entre la cooperación "horizontal" presente en los gobiernos del PRI con Cuba, basada en intercambios recíprocos, y la asistencia "vertical" iniciada con López Obrador y continuada por Claudia Sheinbaum desde 2024.
"Ante el deterioro político y social de Cuba, y la fuerte figura de López Obrador con su modelo asistencialista, México brindó un apoyo no tanto en términos de cooperación bilateral, sino más bien mediante una relación paternalista y asistencialista", puntualiza el experto.

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La empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) inició la venta de petróleo a Cuba "en condiciones muy favorables", según Pardo Lallande.
Aunque la información sobre las ventas directas a la isla no ha sido pública, el director actual de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, declaró a principios de febrero que el monto vendido ascendía a US$496 millones bajo un contrato vigente desde 2023.
Respondió a críticas de la oposición señalando que representa menos del 0,1% de la producción petrolera mexicana.
Según los reportes más recientes de Pemex, entre enero y septiembre de 2025 México envió 17,200 barriles diarios de crudo a Cuba, lo que equivale al 3,3% del total de ventas externas del país.
Ante preguntas periodísticas, Padilla evitó precisar cuánto se destina como asistencia directa a la isla, pero indicó que "es mucho más por contrato que por ayuda humanitaria".
Tras la amenaza arancelaria de Trump, sin embargo, México se enfrenta a un escenario inédito que lo ha obligado a frenar su cooperación libre con Cuba.
Sheinbaum expresó críticas hacia la medida estadounidense, calificándola de "muy injusta" al afectar directamente a la población cubana, limitando la producción de energía eléctrica y paralizando en general las actividades en la isla.
"Se puede estar o no de acuerdo con el régimen cubano, pero nunca debe perjudicarse a los pueblos. Por eso México continuará apoyando y tomando las acciones diplomáticas necesarias para recuperar el envío de petróleo, porque no se puede asfixiar así a un pueblo. Es muy injusto, muy injusto", afirmó la mandataria.

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México ya despachó dos buques cargados con alimentos y productos de higiene personal hacia la isla, pero ha detenido el envío de más petróleo mientras su gobierno sostiene negociaciones con EE.UU. sobre el tipo de sanciones a implementar.
"Por ahora no enviaremos combustible", aclaró Sheinbaum.
El antiguo acuerdo que perduró por décadas ha quedado suspendido: "El flujo de cooperación hacia Cuba nunca había sido interrumpido por fuerzas externas. Es un cambio profundo que México se haya visto forzado a detenerlo. Ante esto, opta por el plan B que es brindar ayuda humanitaria", explica Prado Lallande.
Aunque ya no existe un intercambio directo con una Cuba que no puede corresponder, mantener el apoyo sigue siendo clave, según el experto.
"Hay que asumir un costo, y ese costo es sostener la asistencia humanitaria para que México conserve su capacidad negociadora construida durante décadas respecto a Cuba y su porvenir", detalla.
"Es un ejercicio de política exterior estratégico. Independientemente del color político que gobierne México, Cuba es un objetivo estatal por su peso político, su proximidad geográfica, su protagonismo en relaciones internacionales y su importancia en la política hacia Estados Unidos", añade.
"La línea roja —que México no está dispuesto a cruzar— sería no ejercer política exterior hacia Cuba".

