Durante siglos, un rincón gallego ha permanecido como testigo callado de amores secretos, pasiones vedadas y encuentros que dejaron huella en la historia. Cada febrero, su legado afectivo resurge con fuerza
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Existen sitios que parecen diseñados para el amor, lugares donde el tiempo, la memoria y los sentimientos se mezclan con espontaneidad. En Galicia se ubica un enclave termal que, desde hace siglos, ha inspirado romances reservados, pasiones prohibidas y encuentros que dejaron marca en sus protagonistas. A punto de celebrarse el Día de los Enamorados, este destino surge como una opción única para festejar San Valentín envuelto en historia, literatura y un ambiente romántico difícil de igualar.
Se trata del Balneario de Mondariz, uno de los centros termales más antiguos de Europa y un emblema del termalismo en Galicia. Durante más de tres siglos, este lugar ha sido escenario de grandes relatos afectivos que forman parte del imaginario cultural español. Desde la boda medieval entre el rey Don Dinis de Portugal e Isabel de Aragón en la zona de Troncoso hasta los amores surgidos durante la Belle Époque, Mondariz cimentó su reputación como un sitio casi legendario, vinculado al poder de sus aguas y a un entorno favorable para el encuentro y la privacidad.
Amores reales y pasiones literarias junto a las aguas termales
Entre las historias más destacadas se encuentra la vivencia de la infanta Isabel de Borbón, conocida como la Chata, quien halló en Mondariz un refugio anímico durante su estancia en 1914. También sobresale el prolongado vínculo entre Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, nutrido en paseos, temporadas estivales y cartas que actualmente forman parte del acervo literario de ambos. A estas experiencias se suma un efímero pero intenso enamoramiento entre John Rockefeller III y Carmen Primo de Rivera, un episodio que, aunque no prosperó, dejó una profunda marca personal y simbólica.
El balneario igualmente ha sido fuente de inspiración para la ficción contemporánea. Obras como ‘Lo que escondían sus ojos’, de Nieves Herrero, y el más reciente ‘El Palacio del Agua’, de Laura Portas, han ambientado a Mondariz como escenario de amores prohibidos y dramas personales, consolidando su reputación como epicentro sentimental de la alta sociedad europea. Concebido por los hermanos Peinador como una villa termal al estilo de Bath o Baden-Baden, el complejo integró lujo, ocio y salud en un entorno donde enamorarse parecía inevitable. En la actualidad, esa herencia romántica transforma al Balneario de Mondariz en una opción especialmente evocadora para celebrar el amor en febrero.
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