El jugador de la NBA centró su inversión en centros de ocio y restauración ubicados en barrios afroamericanos, un entorno que conocía a fondo por haber crecido allí.
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Magic Johnson va más allá de ser una leyenda del baloncesto; ha logrado convertir su salario deportivo en un imperio empresarial valorado en más de 1.500 millones de dólares.
Desde muy joven, el estadounidense tenía claro que el baloncesto sería solo el inicio de su carrera. «Mi padre siempre supo que quería dedicarme a los negocios. Solo necesitaba mentores que me orientaran en el mundo empresarial», afirmó en una entrevista con NPR.
En otra entrevista, recordaba que aún como jugador activo ya conversaba con sus compañeros sobre planes futuros: «Quería ser empresario… eso era nuestro tema: establecer objetivos, mantener disciplina y perseguir los sueños».
Esta ambición no se quedaba en deseos. Johnson se rodeó con prontitud de asesores que le enseñaron a interpretar balances, negociar contratos y analizar riesgos. Esta formación le permitió captar que el verdadero poder está en la propiedad, no solo en el salario: «Soy un empresario, y lo que manejo son los números y los negocios», suele decir.
El dato más relevante señala la diferencia entre sus ingresos como jugador y lo que ha consolidado posteriormente. Forbes valora su fortuna en cerca de 1.200 millones de dólares, impulsada fundamentalmente por sus inversiones y no por su sueldo en la cancha.
Magic Johnson, durante un partido con los Angeles Lakers. Getty Images
Diversos estudios indican que su etapa en la NBA le generó decenas de millones en salarios, aunque la mayor parte de su riqueza deriva de alianzas con Starbucks, cadenas de cines, fondos inmobiliarios, franquicias deportivas y últimamente, el sector asegurador.
El núcleo principal de su patrimonio actual es EquiTrust, una empresa de seguros y productos de ahorro en la que mantiene una participación mayoritaria.
De acuerdo con Forbes, Johnson ha impulsado que la compañía incremente sus activos desde cerca de 16.000 millones a unos 26.000 millones de dólares, con ingresos anuales próximos a 2.600 millones, estableciendo una fuente de ingresos constante muy superior a cualquier contrato deportivo.
Cómo selecciona sus inversiones
Johnson ha comentado en varias ocasiones que evalúa negocios con la misma estrategia que aplicaba en el juego. Durante una charla sobre inversiones, detallaba su método: «Cuando reviso una operación, me pregunto: ‘¿Generará flujo de caja? ¿Cuál es el historial de rendimiento del activo? ¿Quién lo administra? ¿Son buenos, excepcionales o mediocres?'».
Solo participa en proyectos donde encuentra perspectiva de crecimiento a cinco años y un equipo gestor capaz de llevarlo a cabo.
También explica cómo reinvierte las ganancias para crecer paso a paso. Sobre su asociación con Starbucks, afirmó: «Con Starbucks, permití que el primero financiara el segundo. No retiré nada del dinero de los beneficios obtenidos».
Esta estrategia de no sacar dividendos anticipados y utilizar cada éxito para financiar nuevos proyectos ha sido crucial en la expansión de Magic Johnson Enterprises.
Más allá de las cifras, Johnson destaca que sus inversiones buscan obtener poder y pertenencia. Es copropietario de Los Angeles Dodgers (MLB), Los Angeles Sparks (WNBA), LAFC (MLS) y Washington Commanders (NFL), poseciones que representan su evolución de empleado a propietario en las principales ligas deportivas de Estados Unidos.
Joe Biden entrega la Medalla Presidencial de la Libertad a Magic Johnson. Reuters
Su influencia también llega al sector inmobiliario urbano y servicios a gran escala: «Decidí invertir en mi barrio, un lugar que conocía perfectamente», explicó refiriéndose a su apuesta por centros de ocio y restauración en comunidades afroamericanas.
En conjunto, la trayectoria de Magic Johnson demuestra cómo la combinación de visión empresarial, paciencia y control de activos puede multiplicar considerablemente el dinero generado en la cancha. Sus propias palabras lo sintetizan: conocer los números, contar con los gestores adecuados y pensar siempre como dueño, no solo como invitado especial.

