
En julio pasado, el telescopio de sondeo ATLAS (Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides), respaldado por la NASA y ubicado en Río Hurtado (Chile), comunicó por primera vez la observación de un «objeto interestelar» que supuestamente se originó fuera de nuestro sistema solar.
Tras captar el interés de astrónomos a nivel global, este «objeto interestelar» o cometa recibió la denominación oficial 3I/ATLAS. El nombre 3I honra que se trata de solo el tercer objeto de esta clase registrado en la historia, precedido por el asteroide Oumuamua y el cometa 2I/Borisov, mientras que ATLAS referencia al sistema que lo detectó.
Los científicos indican que este cometa proviene de la constelación de Sagitario y se localiza a más de 670 millones de kilómetros de la Tierra. Aseguran también que no representa ningún peligro para nuestro planeta, aunque revela un valor significativo para el estudio del cosmos.
El desafío radica en que la investigación sobre 3I/ATLAS es muy limitada, debido a la extrema rareza de estos avistamientos, ya que atravesará nuestro sistema por unos meses y luego no se volverá a observar jamás. En particular, el 19 de diciembre, el cometa alcanzará su punto más próximo a la Tierra, y aunque no implique riesgo alguno, Europa ha activado su protocolo de defensa planetaria.
Aunque se trata de un simulacro, esta oportunidad permite poner a prueba los sistemas de defensa que, en caso de una amenaza espacial futura, podrían resultar vitales. Las agencias espaciales consideran a 3I/ATLAS como una amenaza potencial y practican todo el proceso: detección temprana, cálculo orbital, evaluación del riesgo, alertas y posibles medidas de mitigación.
Este ejercicio también verifica si la red internacional de alerta puede compartir información de forma rápida y confiable, además de tomar decisiones coordinadas bajo presión. Además, contribuye a refinar un «manual de actuación» global ante futuros objetos que sí puedan constituir un peligro real para la Tierra.

