Mapas revelan las islas del Caribe colaborando con EE.UU. en operaciones militares contra embarcaciones venezolanas

Una composición de imágenes que muestra el mapa de América enfocado en la región Caribe y dos portaaviones estadounidenses.

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La intensificada presión militar del presidente estadounidense Donald Trump contra Nicolás Maduro en Venezuela enfrenta la resistencia de numerosos líderes latinoamericanos, aunque cuenta con soporte logístico de varias naciones caribeñas.

En la zona geográfica comprendida entre República Dominicana y Trinidad y Tobago, diversos aliados se han sumado a la «Operación Lanza del Sur» de Estados Unidos, desempeñando funciones variadas.

La movilización masiva de tropas de la principal potencia mundial requiere múltiples tipos de apoyo: desde pistas de aterrizaje, puntos de suministro, radares en puestos estratégicos, hasta maniobras y campamentos para sus efectivos. Igualmente, se necesitan misiones de reconocimiento y espacios para almacenar equipamiento.

En agosto de este año, Trump ordenó el despliegue de tres buques de guerra de la Armada estadounidenses en el Caribe Sur para interceptar embarcaciones sospechosas de transportar drogas desde Venezuela. Hasta la fecha, Estados Unidos ha lanzado más de 20 ataques contra estas naves en aguas internacionales, que resultaron en la muerte de más de 80 personas.

Un portaviones y dos barcos atraviesan un mar calmo.

Fuente de la imagen, Getty Images

Desde entonces, en las aguas de la región se han acumulado al menos 12 buques de guerra, un submarino nuclear, aviones, helicópteros y drones, junto con dos portaaviones: el USS Gerald R. Ford y el Iwo Jima. Se calcula que la cantidad de efectivos militares supera los 15.000.

«En general, es probable que los aliados en el Caribe brinden vigilancia, apoyo logístico o respaldo de contingencia, siendo la República Dominicana el país que más abiertamente facilita esto», comentó a BBC Mundo Evan Ellis, profesor e investigador en estudios latinoamericanos del Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos.

«No obstante, todos evitarán actuar como puntos de lanzamiento para ataques ofensivos, a menos que las circunstancias cambien», añadió.

Mapa que muestra las naciones alrededor del Mar Caribe

Washington sostiene que su meta es detener el tráfico de drogas hacia EE.UU., aunque tanto Caracas como varios observadores consideran que el propósito real es provocar un cambio de gobierno en Venezuela.

De hecho, la mayor parte del tráfico de drogas que los carteles latinoamericanos envían hacia el norte circula por el Océano Pacífico oriental: el 74% de los envíos según la DEA. Sin embargo, las operaciones militares actuales no se focalizan allí.

«El que la administración Trump presente las operaciones antidroga como un acto de defensa nacional representa un cambio notable en la política exterior estadounidense», asevera Björn Beam, responsable de Investigación Tecnológica y analista geopolítico senior en Arcano Research.

Beam explica que al declarar un «conflicto armado» contra actores no estatales que actúan desde Venezuela, Washington ha difuminado la línea entre la lucha antiterrorista y el cambio de régimen.

«Esto da lugar a una operación con flexibilidad jurídica, que podría evolucionar desde ataques limitados en mar abierto a acciones selectivas en tierra, sin requerir la aprobación del Congreso», agregó.

Actualmente, además de Puerto Rico y las Islas Vírgenes estadounidenses, República Dominicana y Trinidad y Tobago han otorgado acceso a sus infraestructuras, aunque existen otros involucrados.

Estos son, hasta ahora, los territorios e islas que ofrecen soporte a las fuerzas estadounidenses:

Mapa que muestra la situación geográfica de Aruba y Curazao

Aruba, Curazao y Bonaire

Aruba, Curazao y Bonaire están situadas a 80 kilómetros de Venezuela. Son territorios de ultramar pertenecientes a los Países Bajos que, aunque cuentan con un estatus especial y autogobierno, teóricamente deberían obtener autorización de ese país europeo para cualquier uso militar ofensivo.

Estados Unidos dispone de una base de operaciones avanzada en Curazao y una instalación menor en Aruba. Según fuentes oficiales, su función es detectar y monitorear presuntas actividades de narcotráfico aéreo y marítimo.

Ellis, tras dialogar con diplomáticos y altos mandos militares, percibe cierta inquietud.

«Considero que su preocupación radica en que si Venezuela advierte un respaldo militar estadounidense a través de ellos, podría llevar a cabo operaciones contra estos territorios. Aunque Maduro probablemente no actuaría de manera imprudente, existe ansiedad ante esa posibilidad», comenta el experto militar.

Recientemente, el sitio de monitoreo aéreo Flightradar24 registró bombardeos estadounidenses sobrevolando entre Aruba y Curazao.

Mapa que muestra la situación geográfica de Trinidad y Tobago

Trinidad y Tobago

Situadas a solo 11 kilómetros de la costa este venezolana, estas islas se encuentran como las más próximas a Venezuela, lo que las expone considerablemente. Durante años, han sufrido el impacto del flujo migratorio venezolano y la presencia de diversos grupos criminales.

El gobierno conducido por Kamala Prisad-Bisisier, desde mayo, ha adoptado una postura muy favorable hacia Estados Unidos. En sus primeros meses, sostuvo una reunión con el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, con el fin de fortalecer la relación y facilitar el intercambio de inteligencia militar.

Recientemente, Trinidad y Tobago acogió buques de guerra de Estados Unidos y facilitó entrenamiento a fuerzas especiales estadounidenses. Prisad-Bisisier confirmó que marines estadounidenses operan en el aeropuerto de Tobago, trabajando en la mejora de una pista, una carretera y en la instalación y modernización de un radar. También, varios aviones militares han utilizado la isla para reabastecer combustible.

La administración justifica esa colaboración alegando que forma parte de las medidas de seguridad nacional y la lucha contra el narcotráfico en sus aguas territoriales.

«Han respaldado considerablemente la operación de las fuerzas estadounidenses y aprueban la presencia de marines en su territorio, aunque han dejado claro que no permitirán lanzamiento de operaciones ofensivas desde su suelo, salvo que Venezuela ataque primero. Esa es la línea roja establecida», explica Ellis.

Un Humvee militar estadounidense en Aguadilla, Puerto Rico, el 30 de noviembre de 2025.

Fuente de la imagen, Getty Images

República Dominicana

Es otro país gravemente impactado por el tráfico de drogas, el crimen organizado y la migración en la región, y es el que más abiertamente ha ofrecido soporte logístico a la «Operación Lanza del Sur».

Desde la primera presidencia de Trump, el gobierno de Luis Abinader ha mantenido una fuerte alineación con Washington. República Dominicana obtiene beneficios significativos del turismo estadounidense y del acceso al mercado de EE.UU. a través del Tratado de Libre Comercio CAFTA-DR.

«La lucha contra el narcotráfico constituye una prioridad para esta administración [la de Trump], dado que es una amenaza que afecta la estabilidad tanto nacional como regional», afirmó Abinader.

«Esta batalla es fundamental para salvaguardar a nuestras familias y preservar la estabilidad; ningún país puede ni debe enfrentarla sin contar con aliados», añadió.

En medio de la escalada con Venezuela, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, visitó República Dominicana y firmó acuerdos que incluyen el uso militar de áreas restringidas en la Base Aérea de San Isidro y en el Aeropuerto Internacional de Las Américas.

Mapa que muestra la situación geográfica de República Dominicana

Adicionalmente, República Dominicana permite el reabastecimiento de combustible para naves estadounidenses, así como el traslado de equipos y personal técnico a través de su territorio.

«A Abinader le interesa la cooperación con Trump para abordar el problema de Haití, pero la estrategia dominicana de posicionarse como aliado clave de Washington refleja su intención de asumir un rol más preponderante en la región», señala Ellis.

«Por ejemplo, recientemente el país solicitó convertirse en miembro asociado de Caricom, un espacio clave para el comercio y la cooperación caribeña, lo que potenciaría considerablemente su colaboración en áreas como el intercambio de inteligencia contra el crimen organizado», explica.

El respaldo a las operaciones estadounidenses es presentado como temporal, técnico y limitado, centrado en fortalecer la vigilancia aérea y marítima contra el crimen transnacional.

Mapa que muestra la situación geográfica de la isla de Granada

Granada

La isla de Granada se sitúa a unos 145 km en línea recta del territorio venezolano, a través del mar Caribe.

Estados Unidos solicitó la instalación temporal de equipos de radar y la presencia de personal técnico en el Aeropuerto Internacional Maurice Bishop. Ellis indica que esta solicitud data del mandato de Biden o incluso antes, pero parece estar implementándose actualmente.

«En el marco de la lucha contra el narcotráfico, Granada necesita un radar para el aeropuerto que brinde visibilidad sobre vuelos sospechosos. El ejército estadounidense realizó una visita, pero no se sabe si fue para instalar el radar o para discutir aspectos técnicos relacionados», explicó Ellis.

Washington es uno de los principales socios comerciales de Granada. El país se beneficia de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), que otorga entrada sin aranceles a muchos productos.

Granada y Estados Unidos han firmado múltiples tratados para facilitar la cooperación policial y el intercambio de información. Además, el ejército estadounidense ha proveído entrenamiento y equipamiento a las fuerzas de seguridad granadinas.

Mapa que muestra la situación geográfica de las Islas Vírgenes de Estados Unidos.

Puerto Rico e Islas Vírgenes de EE.UU.

Estos dos territorios estadounidenses, ubicados aproximadamente a 800 kilómetros de Venezuela, se emplean para alojar personal militar y ofrecer apoyo logístico.

De acuerdo con una investigación visual de Reuters, la estación naval estadounidense Roosevelt Road, una antigua base de la Guerra Fría cerrada en 2004, está en proceso de modernización, con repavimentación y ampliación de pistas donde operan aeronaves de gran tamaño como el Boeing C-17 Globemaster, usado para transporte rápido de tropas y suministros.

Adicionalmente, la Administración Federal de Aviación (FAA) estableció una zona de vuelo restringida que afectará el espacio aéreo frente a la costa sureste de Puerto Rico desde el 1 de noviembre de 2025 hasta el 31 de marzo de 2026.

Este hecho facilitaría operaciones militares intensas cerca del Aeropuerto José Aponte de la Torre, donde se han desplegado los cazas F-35 de última generación movilizados por el Pentágono, además de observarse maniobras con aviones de combate y transporte.

En estas instalaciones permanece la mayor parte del personal militar terrestre.

Un helicóptero MV-22 Osprey del Cuerpo de Marines de EE. UU. se encuentra en el Aeropuerto Internacional Mercedita, el 2 de diciembre de 2025, en Ponce, Puerto Rico.

Fuente de la imagen, Getty Images

También se tiene constancia de aviones militares en el Aeropuerto Henry E. Rohlsen de las Islas Vírgenes, que opera como plataforma para operaciones logísticas y regionales.

En Saint Croix, la isla más grande de las Islas Vírgenes de EE.UU., se aloja personal militar adicional en el «Man Camp» ubicado en Port Hamilton Refining and Transportation (PHRT).

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) reportó también que la Base Naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo (Cuba) ha incrementado el número de efectivos permanentes.

¿Desde donde se lanzaría?

El aumento progresivo de fuerzas plantea una interrogante: en caso de una operación estadounidense, ¿desde dónde se lanzaría?

«Cualquier operación partiría de múltiples puntos. Personalmente, considero que podríamos observar ataques terrestres limitados antes de una operación importante de derribo», opina Ellis.

«En caso de ataques terrestres limitados, probablemente emplearían misiles estadounidenses, como los Tomahawk. Esto se debe a que Venezuela aún mantiene algunas defensas aéreas, que aunque no son las más avanzadas, sistemas rusos como los S-300 representan un riesgo para la aviación estadounidense», añadió.

Un avión AV-8B Harrier II del Cuerpo de Marines de EE. UU. sobrevuela el Aeropuerto Internacional Mercedita, el 2 de diciembre de 2025, en Ponce, Puerto Rico.

Fuente de la imagen, Getty Images

Por esta razón, el experto considera que no se usarían cazas F-18 desde los portaaviones mientras estas defensas aéreas sigan operativas.

«Podría esperarse el despliegue militar de algunas Fuerzas de Operaciones Especiales sobre el terreno, pero si tuviera que apostar, los ataques iniciales serían con misiles, pues es la forma más segura de operar», explicó.

«También es posible lanzar misiles desde submarinos, ya que esto permite acercarse sin ser detectados. En caso de una operación mayor, probablemente se requerirían múltiples bases.»

Según CSIS, las fuerzas estadounidenses actualmente comprometidas no alcanzarían para un desembarco anfibio o una invasión terrestre, la cual necesitaría al menos 50.000 soldados. «Sin embargo, la concentración de recursos aéreos y navales de los últimos tres meses ha dado al Caribe suficiente potencia para ataques aéreos y con misiles sobre Venezuela», explican los especialistas del think tank.

Mapas por Caroline Souza y diseño de imagen por Daniel Arce, del Equipo de periodismo visual de BBC Mundo

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