Las federaciones del PSOE se levantan contra Ferraz debido a la gestión del caso de presunto acoso sexual protagonizado por Paco Salazar, exalto cargo en La Moncloa.
La reunión telemática organizada para calmar tensiones resultó contraproducente, incrementando la frustración entre las secretarías de Igualdad, que exigen acciones más firmes.
Se señalan la demora y la falta de claridad en la tramitación del expediente, con denuncias bloqueadas y explicaciones confusas por parte de la dirección del partido.
Las denunciantes sostienen que el comportamiento de Salazar era de dominio público y prefirieron revelar su caso a través de medios antes que confiar en los canales internos del PSOE.
De una ola durante una tormenta a un auténtico tsunami. El escándalo por los supuestos actos de acoso sexual del exsecretario del PSOE de Análisis Electoral y exalto cargo en La Moncloa, Paco Salazar, se extiende dentro del partido.
Lo que debía ser una videoconferencia para apaciguar la situación terminó agitando aún más a las federaciones e indignando a las responsables de igualdad de cada región.
A las 21:30, Ferraz convocó una videollamada con la secretaria de Igualdad de la Ejecutiva federal, Pilar Bernabé, junto a las secretarías de Igualdad de las federaciones y las portavoces en las Cortes Generales y Parlamentos autonómicos.
Todos aguardaban medidas firmes o modificaciones en los protocolos, pero lo que recibieron fueron los mismos argumentos presentados estos días y una defensa constante de la gestión del caso, calificada fuera de Ferraz como «desastrosa».
Incluso, para sorpresa e indignación de algunas federaciones, Bernabé afirmó que la lentitud en resolver el expediente de acoso sexual, paralizado ya por cinco meses, se debe a que aún se encuentra en curso dentro del plazo adecuado.
Además, pronosticó que lo habitual es dedicar tres meses a la instrucción y otros tres a la resolución.
La número cuatro del partido solicitó paciencia y manifestó «confianza» en la administración del caso, proponiendo únicamente un nuevo plan de prevención que incluirá formación para cargos con el fin de evitar futuros episodios de acoso sexual.
Esta reacción es idéntica a la emitida por La Moncloa cuando se conoció que Salazar realizaba en sus instalaciones propuestas inapropiadas y comentarios groseros hacia sus subordinadas, a quienes gritaba si ponían límites.
La frustración en las federaciones se evidenció en los turnos de palabra asignados por Ferraz. En mayor o menor grado, todas manifestaron su enojo, asegurando que se percibe una falta de acciones contundentes.
Algunas recordaron que las víctimas confiaron antes en un medio de comunicación, Eldiario.es, para relatar su testimonio de forma anónima en lugar de acudir a los canales internos del partido.
También se planteó que las denuncias presentadas en el canal interno del PSOE deberían derivarse a la fiscalía, pues constituye un caso de violencia de género.
Todas las participantes que pudieron intervenir solicitaron avanzar más allá, aunque Salazar ya haya dejado de ser militante del partido.
Y hasta ahí. Cuando la reunión se acercaba a su hora prevista, Bernabé decidió finalizar los turnos de intervención, pese a varias solicitudes, y se convocó a una futura reunión presencial sin fecha definida.
Entre quienes no hablaron está Castilla-La Mancha, una de las pocas federaciones en las que el PSOE gobierna.
“Ha sido un desastre”, confesó un miembro de una federación sanchista, molesto por los cortes.
Cinco meses después y con denuncias ocultas
A lo largo del miércoles, el malestar en el PSOE ha ido en aumento por la manera en que se ha manejado el caso Salazar y por la protección que ha recibido, bloqueando las denuncias.
Desde el lunes, cuando Eldiario.es publicó que Ferraz ocultaba el expediente y, posteriormente, tras conocerse los detalles del comportamiento de Salazar, diversas secretarías de igualdad de agrupaciones y ejecutivas provinciales solicitaron explicaciones urgentes a las federaciones sobre la gestión del caso.
“Existe un gran descontento en el movimiento feminista, más allá de las feministas dentro del PSOE. Quieren conocer cómo se mitigará el daño a la credibilidad”, expresaron en una federación antes de la reunión.
Coinciden en esto ministros y dirigentes, preocupados por el perjuicio que genera actualmente el caso Salazar, mientras continúan resonando los audios de Koldo García y José Luis Ábalos repartiendo prostitutas.
“Es tremendo, un error tras otro”, comentaron en otra federación sobre el caso Salazar, que estalló justo antes de un Comité Federal donde se iba a nombrar adjunto a la Secretaría de Organización.
Tras las críticas de varias federaciones y del movimiento feminista, y para evitar que alguien señalado por acoso ingresase en el núcleo duro, se improvisó una reunión de la Ejecutiva para que dimitiera de todos sus cargos.
Cinco meses después, Ferraz tuvo que improvisar una nueva, solo con mujeres, dado que el asunto sigue sin resolverse.
Incluso mantuvo su militancia hasta este jueves, cuando Salazar renunció a ella pocas horas tras un registro de la UCO en el Ayuntamiento de Dos Hermanas, donde se le investiga por cobrar 2.000 euros mensuales durante cinco años por un trabajo al que presuntamente no asistió.
A esta cadena de errores se suman las respuestas contradictorias del partido.
Ferraz atribuyó a un supuesto fallo informático el hecho de que, como publicó Eldiario.es, las denunciantes no pudieran acceder a sus textos en el canal habilitado por el PSOE contra el acoso sexual.
Las mujeres, que presentaron las denuncias en julio y agosto, intentaban conocer el estado del caso y descubrieron que los expedientes no estaban disponibles.
Desde la dirección del partido respondieron que, aunque no estaban visibles en el portal, los documentos existían ante el Comité Antiacoso encargado de evaluarlos.
De repente, y tras la indignación generada, la tarde del lunes las denuncias volvieron a ser accesibles. No tardaron en filtrarse.
En ellas se relataba cómo dos mujeres que trabajan con él en La Moncloa denunciaban su lenguaje «hipersexualizado», sus gestos sexuales fingidos en la oficina, las solicitudes para que enseñaran escote o cuando se bajaba la bragueta frente a sus subordinadas.
Cuando ellas imponían límites, Salazar respondía despreciándolas públicamente y regañándolas. Esta conducta era conocida en todo el edificio de Semillas, en el ala oeste de La Moncloa.

