Fue uno de los bases más destacados en la historia del baloncesto español durante los años ochenta. Sus dos carreras profesionales le han permitido experimentar personalmente las sensaciones que relatan algunos de sus pacientes
Juan Antonio Corbalán se destacó como uno de los mejores bases en la historia del baloncesto español y participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. España logró la medalla de plata tras perder contra un equipo de Estados Unidos que contaba con Michael Jordan, una de las figuras más sobresalientes del deporte.
Tras una extensa trayectoria en el Real Madrid y una última temporada en el Forum Valladolid, Corbalán se retiró hace más de tres décadas y actualmente se dedica a la medicina deportiva. Ofrece una visión completa de cómo logró compaginar el alto rendimiento deportivo con sus estudios. «A los 18 años se vive todo de forma intensa, cada experiencia entusiasma mucho. Elegí la medicina porque se sitúa en un punto medio entre lo humanista y lo técnico«, señala en esta entrevista.
Sus dos caminos profesionales le han permitido experimentar en carne propia las sensaciones que ahora relatan algunos de sus pacientes. «El acondicionamiento físico es fundamental y corresponde al efecto del entrenamiento. Las personas hacen ejercicio para mejorar su calidad de vida y salud, mientras que los deportistas buscan medallas olímpicas o títulos. Sin embargo, el fundamento fisiológico es exactamente el mismo. El enfoque ante cualquier situación relacionada con la salud, ya sea para mantenerla o aliviar alguna enfermedad, requiere un equilibrio entre lo psicológico, fisiológico, el entrenamiento, la nutrición y el descanso», añade.
El especialista asistió a una jornada organizada por la Asociación Española Contra el Cáncer dentro del marco del congreso Cardiotox, cuyo objetivo es perfeccionar la atención cardiovascular en pacientes oncológicos. Para él, es crucial «romper el círculo vicioso»: «Si después del diagnóstico de una enfermedad como el cáncer se mantiene el sedentarismo, se incrementará el peso corporal, lo que empeorará la condición física y aumentará la fatiga. Esta situación puede abordarse desde distintas perspectivas; disponemos de un arsenal terapéutico cada vez mayor, pero ninguna medicina puede reemplazar el entrenamiento».
De hecho, destaca el rol del deporte en la prevención. «Para las enfermedades cardíacas, es esencial desarrollar un músculo más eficiente. Cualquier actividad física proporciona un perfil protector contra el colesterol, la diabetes y el sobrepeso. Además, genera una sensación de mejor calidad de vida y crecimiento de la autoestima», explica.
En relación con quienes padecen obesidad o tienen dificultades para incorporar el entrenamiento en su rutina diaria, resalta la relevancia de una triple acción: «Buena alimentación, entrenamiento y descanso». También menciona que ciertos hábitos como abusar de la comida, el alcohol o la vida nocturna pueden alejarnos de las pautas recomendadas. «Cuando somos jóvenes, estos hábitos no generan una gran sobrecarga porque el cuerpo posee amplia reserva biológica. El problema surge cuando se mantienen malos hábitos a largo plazo, por eso es fundamental inculcar a los niños conductas saludables«, enfatiza.
Uno de los puntos que Corbalán subraya es la diferencia entre «entrenarse y simplemente pasear»: «Imagina que debes realizar cinco entrevistas en un día y solo haces dos; evidentemente, el periódico saldría incompleto. Lo mismo ocurre con el deporte; está claro que pasear es mejor que estar sentado, pero el entrenamiento por intervalos tiene un papel fundamental, hay que persistir incluso cuando se siente cansancio».
Visión integral de la salud
Asimismo, considera que el sistema sanitario en España está capacitado para abordar al paciente de manera global, en lugar de fragmentada por especialidades. «Contamos con profesionales que son líderes a nivel internacional. Soy un firme defensor de la sanidad pública, pero su financiación ha ido disminuyendo en relación con las demandas de una sociedad que busca no solo tratar las enfermedades, sino promover un estado de salud», señala.
Por ello, insiste en la importancia de mantener buenos hábitos y en la responsabilidad del paciente de ser «parte activa del proceso y no solo un problema»: «Comenzamos a morir cuando dejamos de movernos, por eso es fundamental trasladar el cuerpo al máximo posible siempre. Se debería eliminar el consumo de alimentos procesados y optar por productos lo más naturales posibles, entendiendo que esto no es una cuestión de todo o nada, sino una tendencia».

