La Unión Europea solo reúne 72.000 millones en inversión de capital riesgo en IA frente a los 598.000 millones de Estados Unidos, y sus primeras gigafábricas no estarán listas antes de 2027

La diferencia entre Europa y Estados Unidos en la competencia por la infraestructura de inteligencia artificial crece a un ritmo que los planes europeos no logran equilibrar. Mientras que los principales proveedores de servicios en la nube de Silicon Valley (Amazon, Google, Microsoft y Meta) destinan conjuntamente más de 650.000 millones de dólares solo durante 2026 a centros de datos, chips y sistemas energéticos, la Unión Europea acumula apenas 72.000 millones de dólares (alrededor de 63.000 millones de euros) en inversión de capital riesgo en IA, comparado con los 598.000 millones (523.700 millones de euros) de Estados Unidos, de acuerdo con datos de la Reserva Federal incluidos en un informe de Funcas Intelligence publicado en julio. Así, el ‘think tank’ advierte sobre el riesgo de que Europa acabe pagando por el uso de una tecnología que no controla, captando apenas una fracción de su valor económico, mientras otros financian y poseen la infraestructura que la sostiene.
El informe, titulado La fiebre del oro de la IA, sostiene que la competencia por el liderazgo tecnológico ha entrado en una segunda fase en la cual el factor clave no es qué modelo de lenguaje tiene los mejores resultados, sino quién tiene el control sobre la infraestructura que permite su funcionamiento: capacidad de cómputo, centros de datos, energía barata y redes de distribución. Esta transición sitúa a Europa en una posición estructuralmente desfavorable.
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La Comisión Europea anunció un plan para movilizar 200.000 millones de euros en desarrollo de IA, aunque apenas unos 20.000 millones están comprometidos firmemente, en su mayoría destinados a la construcción de gigafábricas de IA y supercomputación. De esta cifra, menos de 10.000 millones se enfocan en infraestructura de cómputo central, mientras que el resto depende de coinversión de los estados miembros y actores privados. Las primeras instalaciones no estarán operativas antes de 2027. Un solo hiperescalador estadounidense invierte en un año cerca de diez veces más que este fondo europeo en su totalidad.
Los hiperescaladores, columna vertebral del negocio
El informe de Funcas señala que los principales proveedores de servicios en la nube se posicionan como los actores más sólidos en el ciclo de la IA, precisamente porque generan ingresos independientemente de qué modelo finalmente triunfe en el mercado. Sus estrategias de inversión se asemejan cada vez más a las de una empresa de suministros o un conglomerado industrial, alejándose del esquema tradicional de una compañía tecnológica.
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Microsoft y Meta cerraron en el último trimestre compromisos de arrendamiento de capacidad por un valor adicional de 120.000 millones de dólares, según datos publicados por Bloomberg basados en registros regulatorios. El total de compromisos entre los principales proveedores de nube supera ya los 850.000 millones de dólares. Meta estima un gasto de capital entre 120.000 y 135.000 millones de dólares para 2026, mientras que Microsoft, proyecta 190.000 millones. Amazon Web Services comprometió más de 17.000 millones de dólares solo en su región de Fráncfort.
La ventaja clave de estos actores frente a desarrolladores de modelos como OpenAI, Anthropic y xAI radica en su capacidad para financiar esas inversiones con recursos propios. Por el contrario, estos últimos dependen cada vez más de la capacidad de cómputo y financiamiento que les ofrecen esos hiperescaladores, lo que vuelve la relación en una dependencia creciente.
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Europa: investigación de primer nivel, infraestructura extranjera
La paradoja europea, según Funcas, es que el continente cuenta con investigadores e industrias de primer nivel, pero depende de proveedores foráneos para casi toda la infraestructura que sustenta la IA. Empresas y administraciones europeas procesan sus datos en infraestructura de Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud, y no en servidores propios. Esta dependencia conlleva tres consecuencias directas: exposición operacional, pérdida del valor económico generado por la tecnología y sometimiento a decisiones externas sobre precios y acceso.
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El análisis de Funcas sostiene que el objetivo europeo no debería ser competir con OpenAI, una carrera que el continente no puede ganar en inversión en infraestructura de última generación. La brecha es demasiado amplia: en 2024, Estados Unidos construyó 5,8 gigavatios de capacidad en centros de datos; la UE añadió solo 1,6 gigavatios. Las normativas europeas sobre eficiencia energética y uso del suelo plantean barreras extra que los operadores estadounidenses no enfrentan.
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La apuesta industrial, la única salida viable
Ante este diagnóstico, el informe identifica una vía concreta para Europa: la IA industrial. El continente cuenta con fortalezas consolidadas en sectores manufactureros, logísticos y energéticos donde la implementación de inteligencia artificial puede generar valor económico. Esa es la dirección recomendada también por algunos analistas citados por Reuters, que subrayan que “hay mucha inversión ligada a la infraestructura de IA que también beneficia a numerosos industriales europeos,” especialmente en semiconductores y automatización.
Existen señales de avance en esa dirección. Cerebras, fabricante estadounidense de chips de IA, anunció en julio planes para desplegar su primera capacidad de centros de datos en Europa antes de finalizar 2026, con una expansión posterior en Francia y países nórdicos que alcanzaría una capacidad combinada de 200 megavatios. SoftBank Group también ha anunciado la construcción de un centro de datos de 5 gigavatios ubicado en el norte de Francia, con una inversión prevista de hasta 75.000 millones de euros. Pese a que son inversiones extranjeras, no europeas, demuestran una demanda concreta de infraestructura local.
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