Reviven las corrientes de pensamiento enfocadas en «gestionar la incertidumbre». La demanda por Filosofía crece en la universidad pública, con notas de corte que alcanzan hasta 8,5.

Jorge Maestro, nacido en Granada hace 36 años, ejercía como arquitecto en Qatar, diseñando viviendas de lujo y obteniendo ingresos mayores que los que podría haber tenido en España. Sin embargo, en cierto momento comprendió que ese trabajo no le satisfacía –«me sentía desconectado, es un entorno muy artificial»– y optó por regresar a Madrid para cambiar su trayectoria profesional. Actualmente, crea piezas artísticas de ajedrez. Está totalmente apasionado por este juego, que para él simboliza la «virtud», la «inteligencia» y la «estrategia».
En un punto determinado, Maestro se percibió «más como artesano que como técnico» y renunció a un empleo previsible y estable. «Estoy en una etapa de búsqueda, y considero que muchos jóvenes como yo desean ir más allá de lo que la sociedad impone», comenta. Se autodefine como «un inconformista que no se conforma con lo que hace, posee o es».
Maestro forma parte de Thenomba, una escuela online donde docentes –entre ellos algunos de los filósofos, escritores, científicos, historiadores y artistas más destacados de esta década– ofrecen vídeoclases breves de 15 minutos cada día. Es un «máster para quienes buscan una vida no convencional» o «la escuela que no te llevará a ascender en una big four».
Así describen el proyecto Javier Roca (30 años) y Javier Fernández (31), conocidos como Los otros Javis, quienes también impulsan El Despertar y los Thinkglaos, similitudes a charlas TEDx donde los jóvenes, además, pueden interactuar y socializar mientras disfrutan de cervezas y comparten pizzas.
«Notamos que, tras finalizar la universidad, nuestros amigos pasaron de dedicar tiempo a la lectura a tener como única meta escalar hasta la planta más alta de Deloitte», explica Fernández.
«Por eso quisimos crear algo que permitiera a la gente detenerse a reflexionar, inspirarse humanamente y cultivarse internamente, sin enfocarse en el crecimiento profesional o en formarse como líderes. Desde la infancia nos entrenaron para ser productivos, no contemplativos. Pero somos la sociedad con más información histórica y también la que menos criterio posee. Este no es un máster convencional, es un viaje interior. Se trata de ser, no de tener».
«Romper con la rutina»
Thenomba inició sus actividades en diciembre sin alumnos y en pocos meses alcanzó casi 1.000 estudiantes, muchos de ellos abogados, empresarios o ingenieros que buscan «salirse de la rueda» y «encontrar un sentido».
Esta expansión coincide con un incremento en la matrícula del grado de Filosofía en la mayoría de las universidades públicas: la Complutense elevó su nota de corte de 5,940 a 6,373; en la de Sevilla de 5 a 7,353; en la de Santiago de 5,798 a 7,549; en la de Oviedo de 5,306 a 7,566; en la de Murcia de 5,386 a 8,564; y en la Autónoma de Barcelona de 5 a 5,982, según el análisis de notas de corte entre 2025 y 2026 realizado por EL MUNDO.
Los campus universitarios también están dando mayor relevancia a posgrados que vinculan filosofía, pensamiento crítico y antropología. Son ejemplos el Máster en Humanidades Digitales de la Politécnica de Valencia, el Máster en Condición Humana y Trascendencia de Comillas y el Máster en Filosofía del Cuidado de la Universidad de Girona.
Paralelamente, diversas carreras integran el Programa de los Grandes Libros, un modelo educativo originado en la Universidad de Columbia, que propone formar a los estudiantes a través de la lectura y discusión de obras fundamentales, independientemente de que estudien Derecho, Ingeniería o Medicina.
«Saturados»
«Habitamos en una sociedad insatisfecha, en la que la tecnología nos distancia de nuestra esencia. Con la IA, muchas personas se sienten abrumadas y desorientadas. Estamos muy desconectados de nuestro ser y, tras realizar este máster, siento que he llegado a conocerme mejor», expresa Maestro.
«Somos numerosos los jóvenes fatigados por la inmediatez, que buscamos momentos de introspección para detenernos, reflexionar y adentrarnos en nuestro interior. Tenemos ansias de conocimiento y de hallar sentido», añade Cayetana de Urbina, ingeniera industrial de 32 años que trabaja en una gran empresa logística y opina que «la universidad dejó pendientes las humanidades». Ella es alumna de Thenomba y participa igualmente en un club de lectura de clásicos italianos, convencida de que «el criterio está siempre en construcción» y persigue «trascender el umbral».
El aumento de estudiantes humanistas llega en un contexto de transformación social, polarización y malestar generacional por los problemas de vivienda y los bajos salarios. Javier G. Recuenco, ingeniero informático y profesor en Thenomba, sostiene que «el MBA cumplió su función durante un tiempo», pero «ahora se abre una etapa con condiciones diferentes y el factor dominante es la incertidumbre»: «A partir de seis meses, cualquier predicción se vuelve imposible y el ser humano no está preparado para manejar esa incertidumbre».
El filósofo Gregorio Luri, también docente en esta escuela, destaca que «el conocimiento riguroso ejerce un efecto terapéutico en los jóvenes, al brindarles experiencias de orden». Añade: «Educamos para opinar antes de esforzarnos por comprender y, entender el mundo, no es tarea sencilla».
Nacho Losilla, de 29 años, estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y hace casi dos años dejó la empresa de streaming deportivo donde trabajaba porque no se sentía a gusto. «Tenía buen salario y condiciones, pero había mucha vorágine y horarios muy caóticos». Mientras trabaja como freelance, realiza el máster en Thenomba.
«Estoy descubriendo lo que quiero hacer en la vida. No me gustó la carrera de Periodismo y, muchos años después, he encontrado el placer de aprender, no con un fin práctico, sino porque resulta estimulante». Losilla conoce a muchos amigos «insatisfechos con la vida» porque «no se cumplió la promesa de ‘tener trabajo tras la universidad’ o, si se cumplió, no les satisface».
Volver a lo clásico
La Fundación Catherine L’Ecuyer organiza en septiembre un curso de fin de semana para 50 jóvenes entre 20 y 30 años titulado «Lo clásico es épico».
Con materias tan novedosas como «El espíritu de nobleza y caballerosidad», «Disciplina y compromiso como antesala de la libertad» o «Hablar con propiedad y elegancia», los alumnos asisten a conferencias a cargo de filósofos, filólogos y escritores.
Además, la fundación ofrece un posgrado de dos años en Educación Clásicorrealista y Humanidades destinado a «educar en la belleza, el asombro y la sensibilidad».

