Diplomático y ex secretario de Estado de Seguridad, el ex presidente de Tedae ha experimentado en primera persona durante siete años el auge de la industria armamentística en España y Europa.

El despacho de Ricardo Martí Fluxá se asemeja a la sala de estar de cualquier hogar. «Paso muchas más horas aquí que en mi salón, por eso necesito que se asemeje a una casa», relata a EL MUNDO este diplomático de carrera, que fue jefe de Protocolo de la Casa Real y secretario de Estado de Seguridad. Tras liderar la empresa ITP, asumió la presidencia de la Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (Tedae), organización que agrupa a un centenar de compañías del sector de Defensa. Fue su penúltimo destino, del que se desvinculó el 30 de junio.
La primera vez que conversamos, en 2023, comenzaba el auge de la industria de Defensa. ¿Cómo ha cambiado en estos tres años?El sector ha atravesado una transformación completa, algo que puedo confirmar con cifras: hemos pasado de unas 60 empresas a 150 actualmente dentro de TEDAE, y hay otras 50 esperando su incorporación. Este año cerrará con un número próximo a las 200. Observamos que muchas compañías relacionadas con la defensa han buscado certificar formalmente su rol dentro del ámbito español. En este periodo, la interlocución con el Gobierno ha sido excelente, y los cambios desde 2023 han supuesto un avance significativo para la industria y para España.Habla de una interlocución fluida con el Gobierno, aunque siempre ha pedido un pacto de Estado en Defensa que no se ha materializado.He solicitado ese acuerdo prácticamente en todas las actividades en las que he participado. Resulta esencial. Considero que los retos de España se resuelven mediante grandes coaliciones, con partidos que apoyen al país, respeten la Constitución y entiendan la necesidad de pactos que superen los vaivenes políticos. De hecho, hay mucho más que nos une que lo que nos separa.¿Será posible alcanzar consensos en algún momento?Al menos debemos esforzarnos por no complicar más el camino. Todo lo que podamos aportar para ayudar, impulsar y concienciar a la sociedad sobre nuestras necesidades reales es vital. Además, el cambio registrado se ha reflejado también en la opinión pública española. Presentamos hace unas semanas nuestra segunda encuesta, que muestra un aumento significativo del respaldo social a la industria de defensa y la percepción de su importancia. Enfrentamos una Europa que debe fortalecerse y que ya reconoce la urgencia de contar con una industria autónoma en ciertos ámbitos, así como con una estrategia energética en la que debemos avanzar hacia la independencia tanto como sea posible.Dentro de esas tres necesidades, ¿falta generosidad entre países? La industria está en un buen momento, pero cuando se intenta llevar a cabo un proyecto internacional, nadie está dispuesto a ceder su liderazgo.La palabra generosidad es clave y la he mencionado en numerosas ocasiones últimamente. Sin duda, es necesario cultivar una cooperación franca entre naciones, algo que en Europa debe ser evidente. Hemos logrado proyectos grandes, como el Eurofighter. Sin embargo, creo que España debe posicionarse como un actor indispensable en ciertos componentes críticos de los sistemas de armas europeos. Ese es el camino que hay que seguir. Creo que el Gobierno lo tiene claro y, por supuesto, esto exigirá generosidad. Debemos comenzar con una cooperación reforzada en defensa, con los países que consideremos adecuados, y sobre todo, con generosidad. Es fundamental. No todos podemos pretender ser los únicos capaces de desarrollar determinados sistemas de armas. Debemos apostar por Europa. Si realmente creemos en Europa y no queremos cerrar fronteras, tenemos que aceptar que tenemos una doble ciudadanía, española y europea. Pienso que es posible convivir así.¿Cuáles son las carencias y oportunidades de la industria de defensa?Contamos con excelentes ingenierías y compañías, y es preciso profundizar en la investigación, creando un sistema que nos haga indispensables en ciertas áreas. Ya lo somos en muchas. Exportamos el 65% de nuestra producción, lo que demuestra nuestra calidad en componentes. Además, somos imprescindibles en elementos clave de grandes consorcios europeos. Debemos continuar por esta senda, que considero la más acertada. Somos competentes en muchas áreas, debemos ser conscientes de ello y perseverar.En este punto, existe un debate sobre la conveniencia de contar con un gigante español que lidere la industria nacional de defensa. ¿Es necesaria esa figura?Para mí, no, aunque hablo a título personal, ya que lo fundamental es mantener nuestra posición indispensable para Europa. Los grandes conglomerados se construyen con el tiempo y ahora no disponemos de ese margen. No podemos esperar 40 años para tener un gigante, porque, sin exagerar, construir un gigante europeo lleva décadas. No se puede improvisar un gran grupo de la nada, ni mediante una simple agregación de empresas.Arantxa González Laya comentó que es vital hablar a la ciudadanía con sinceridad e iniciar un debate abierto sobre el incremento del gasto en defensa, como ha ocurrido, por ejemplo, en Alemania.Debe seguir fomentándose la cultura de defensa. Hemos avanzado considerablemente desde 2023, especialmente porque la invasión de Ucrania por Rusia nos hizo comprender que los grandes conflictos ya no están en países africanos remotos o en Oriente Próximo. Todo esto ha asentado cada vez más la conciencia de defensa en la sociedad española.El boom de la industria de defensa ha sido una consecuencia inesperada de los acontecimientos. Cuando todo termine, ¿permanecerá ese compromiso en España?Considero que no hay vuelta atrás. Además, creo que es positivo que los europeos tomemos este camino. La OTAN debe seguir su papel, seguir apoyándonos y debemos continuar trabajando, pero Europa necesita contar con su propia defensa y su propia industria de defensa.

