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Información del artículo
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- Autor, Yogita Limaye
- Título del autor, Enviada especial a La Guaira, Venezuela
- Fecha de publicación 6 julio 2026
- Tiempo de lectura: 7 min
Karina Blanco estaba a punto de iniciar su clase de spinning cuando el suelo comenzó a vibrar. Las sacudidas se hicieron cada vez más fuertes, así que tomó su bolso y salió a toda prisa junto a los demás.
"Al comprender la gravedad del evento, empecé a gritar: ‘¡mi hija, mi hija!’. Me subí a mi carro y conduje lo más rápido posible", recordó Karina.
Su única hija, Fabiana, de 12 años, estaba en casa cuando dos terremotos poderosos sacudieron Venezuela con apenas segundos de diferencia el 24 de junio. El segundo, con una magnitud de 7,5, fue uno de los temblores más intensos que ha registrado el país en un siglo.
Al llegar a su edificio en Caraballeda, al norte del estado La Guaira, Karina apenas podía asimilar lo que veía.
“Vi un edificio, luego un hueco donde solía estar el mío y después otro edificio”, relató.
Fabiana se encontraba en el dormitorio de su madre, ubicado en el primer piso de un inmueble de diez plantas, cuando ocurrieron los temblores. Corrió hacia la cocina y se aferró a la encimera justo en el momento en que las paredes comenzaron a derrumbarse. La caída la proyectó contra el suelo.
"Veía objetos temblar, desplomarse y romperse. Después, las paredes empezaron a agrietarse. El muro que dividía mi apartamento del de una amiga se vino abajo. En ese instante pensé: ‘Voy a morir. No sobreviviré. Nadie vendrá a buscarme’", relató Fabiana.

Desde entonces, inició una espera angustiante de 32 horas.
Desde fuera del edificio derrumbado, Karina pudo distinguir la mitad de la cama de su hija asomándose entre los restos.
“Corría de un lado a otro del conjunto residencial gritando: ‘Está muerta. Mi hija está muerta’. No sabía qué hacer”, compartió Karina.
Bajo los escombros, todo se volvió silencio para Fabiana. Ella permanecía acostada boca arriba, atrapada por los cascotes y con el techo casi tocándole el rostro.
“Sufro mucha ansiedad y claustrofobia. Sin embargo, no sé por qué, me invadió una calma extraña. Tal vez mi cerebro estaba en estado de shock”, explicó.
Poco tiempo después, una enfermera que cuidaba a los vecinos del piso superior comenzó a gritar para saber si alguien podía oírla. Fue entonces cuando Fabiana respondió.
“Ella me indicó que mantuviera la calma y que todo estaría bien”, recordó Fabiana.
Seis horas tras el sismo, alrededor de la medianoche, la enfermera fue rescatada y comunicó a los voluntarios que había una joven llamada Fabiana viva dentro del lugar.
“Me había encomendado a Dios, pidiendo fuerzas para continuar sin Fabiana. Entonces, alguien me dijo: ‘Tu hija está viva’”, narró Karina.
Regresó corriendo al edificio, gritando hacia los huecos entre los escombros, llamando a su hija por su nombre.

Fuente de la imagen, Cortesía Familia Blanco
Una misión que parecía imposible
Desde el cúmulo de escombros, Fabiana no escuchaba ningún sonido.
"Por alguna razón, sentía esperanza y fe", afirmó.
"Tenía una pierna doblada en una posición dolorosa y logré mover algunos escombros para estirarla. Aunque me hice rasguños y cortes, encontré un bote de kétchup y algo de queso rallado, lo que me ayudó a mantenerme consciente", contó.
Al amanecer, un grupo de bomberos venezolanos llegó al sitio. Revisaron entre los derrumbes, llamando a Fabiana, pero no obtuvieron respuesta.
Esa fue una de las ocasiones en que Karina osciló entre la esperanza y el desaliento.
"Me dijeron que no había nada que hacer y se retiraron. Pensé que tal vez se había asfixiado o sufrido un infarto. Entonces apareció un voluntario y me preguntó qué ocurría. Viktor fue mi héroe", compartió.
Entre los escombros, Fabiana halló su teléfono. Aunque no había señal por la caída de las redes celulares, decidió grabar un video con la esperanza de que, tarde o temprano, pudiera enviarlo a su madre o a alguien que la ayudara.
"Apartamento: Ritamar Palace. Hubo un temblor y muchos escombros cayeron. No hay luz ni nadie para rescatarnos. Estoy sola. Muchos vecinos están atrapados. Necesitamos ayuda", dice Fabiana en el video.
Mientras tanto, Viktor trepó por los escombros y empezó a llamar a Fabiana. Esta vez ella lo escuchó y respondió. Él informó a Karina.
"Me giré hacia todos y grité: ‘¡mi hija está viva!’", relató Karina.
"La gente comenzó a llegar con herramientas, pero los bomberos que estaban allí aseguraron que no podían pasar y se marcharon", añadió.

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Horas más tarde llegó otro contingente de bomberos, quienes prometieron sacar a Fabiana. No obstante, tampoco consiguieron llegar hasta ella.
Mientras tanto, Viktor —el voluntario— volvía constantemente al punto desde donde podía comunicarse con Fabiana para darle ánimo.
Los bomberos solicitaron refuerzos de rescate desde Caracas, pero para cuando arribaron ya era de noche.
Karina corrió solicitando linternas y pidiendo auxilio. Siete motocicletas y unos autos apuntaron sus luces al edificio colapsado.
De a poco, comenzaron a despejar los escombros hasta hacer un espacio suficiente para ver a Fabiana.
El video de ese instante —donde se observa a una sonriente Fabiana asomándose por el hueco— se ha viralizado en Venezuela.
"Después de tantas horas atrapada, me llené de alegría al verlos. Supe que sería rescatada", dijo Fabiana.
Alrededor de las 02:00 hora local del viernes —32 horas tras los terremotos— lograron cavar un túnel lo bastante amplio para extraer a Fabiana. Ella fue rescatada con ayuda de los equipos de emergencia y cayó en los brazos de su madre.
"Al salir, vi a mi familia, el edificio totalmente derruido y pensé que no era real, que parecía una serie de televisión", explicó Fabiana.

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Karina comenta que, de las cerca de 50 personas que habitaban su edificio, solo tres lograron sobrevivir.
Para el domingo, las autoridades confirmaron la muerte de 3.342 personas debido a los sismos, junto con casi 17.000 heridos, y decenas de miles permanecían desaparecidos.
A excepción de una fractura en el pie izquierdo y algunos raspaduras y moretones, Fabiana no sufrió lesiones mayores.
Actualmente, reside con su abuela.
"Al principio tenía miedo de acostarme, sobre todo boca arriba, porque recordaba el tiempo que pasé atrapada entre los escombros", comentó.
En las calles próximas a donde ahora vive en La Guaira, numerosos edificios permanecen derruidos.
"Se siente una tristeza profunda fuera de esta casa. Siento mucho dolor al pensar en mis vecinos y amigos. Nos tomará tiempo recuperarnos, pero saldremos adelante", aseguró Karina.
"¿Qué más puede pedir una madre? Mi hija está viva", concluyó.
Información adicional de Aakriti Thapar, Yesman Utrera, Maria Ines Calderon y Sanjay Ganguly

