Un fenómeno continúa modificando uno de los humedales más representativos de Valencia, con consecuencias tanto visibles como ocultas bajo el agua. La acumulación de restos vegetales, lodos y sedimentos ha generado un nuevo foco de preocupación ambiental
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Un fenómeno generado tras la DANA de octubre de 2024 sigue afectando uno de los humedales más vulnerables de la Comunidad Valenciana. Tanto bajo la superficie como en la superficie del agua, los impactos del temporal han dejado una marca visible a través de sedimentos, lodo, vegetación y modificaciones en el lecho del lago que inquietan a los especialistas por su repercusión en el ecosistema.
En el Parque Natural de la Albufera de Valencia, lo que se ha denominado como el ‘iceberg’ de la Albufera no corresponde a una masa congelada, sino a una vasta acumulación flotante de cañas, barro y restos vegetales, con dimensiones similares a un campo de fútbol. Esta estructura se desprendió de la zona noroeste del lago debido a la fuerza de la DANA y, desde entonces, se mueve erráticamente impulsada por los vientos y corrientes, convirtiéndose en una suerte de islote móvil dentro del humedal.
Un nuevo delta sumergido frente al barranco del Poyo
El inconveniente, no obstante, no se limita a esta masa flotante. La Memòria Anual del Parc Natural indica que la DANA provocó la entrada de 2,1 millones de metros cúbicos de sedimentos en el área estudiada del humedal. Este material se ha depositado en el fondo, formando un nuevo delta sumergido frente al barranco del Poyo, con una forma cónica y una extensión aproximada de un kilómetro hacia el interior del lago. Aunque no es visible desde la superficie, esta alteración ya conforma parte de la nueva morfología de la Albufera y demuestra que la tormenta movilizó no solo agua, sino también tierra, limo y partículas finas.
La actualización batimétrica, que se basa en 728.458 puntos de medición, muestra que el lecho lacustre ha aumentado casi 10 centímetros en comparación con 2023, representando un incremento del 12,89% en la zona examinada. Además, la distribución del sedimento no fue uniforme: el viento contribuyó a que determinadas áreas orientales resultaran más profundas, mientras que las depresi ones hacia la Gola de El Pujol acumularon mayor cantidad de residuos. También se observaron modificaciones en el litoral valenciano, asociadas con la DANA de 2024 y el temporal de enero de 2025, con cambios en la anchura de playas como Pinedo y el segmento entre el Arbre del Gos y El Salor.
Un fenómeno surgido tras la DANA de octubre de 2024 sigue alterando uno de los humedales más sensibles de la Comunidad Valenciana. Bajo la superficie y también sobre el agua, los efectos del temporal han dejado una huella visible en forma de sedimentos, lodo, vegetación y cambios en el fondo del lago que preocupan a los expertos por su impacto en el ecosistema.

