Las familias equilibran campamentos, limitados días de descanso y la dependencia de redes familiares no siempre disponibles para gestionar la conciliación durante el verano

En España, existe una marcada discrepancia entre los 30 días naturales de vacaciones (o 22 laborales) anuales disponibles para los padres y madres trabajadores, frente a las casi 11 semanas que disfrutan los niños solamente desde junio hasta septiembre

Una mujer trabaja en portátil y habla por teléfono en una cocina, mientras una abuela ayuda a dos niños a empacar mochilas. Calendarios de verano en pared.

A finales de junio, las escuelas cierran sus puertas y los niños inician sus vacaciones más extensas del año. Mientras ellos disfrutan de un descanso que dura entre diez y once semanas, los padres y madres deben ingeniárselas para distribuir sus limitados 30 días naturales de vacaciones (o 22 laborales) anuales con el fin de cuidar a los menores. “Es como una gymkhana”, relata a Infobae la presidenta de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres del Alumnado (FAPA) Francisco Giner de los Ríos, María Carmen Morillas Vallejo. Sin embargo, puntualiza que el verano no es el único periodo complicado, ya que “a lo largo del año enfrentamos muchos momentos difíciles para la conciliación familiar y laboral”, como Navidades, Semana Santa o días no lectivos. De hecho, como señala la representante de las familias, las políticas de conciliación en España “brillan por su ausencia”.

En el caso de los padres, su opción suele ser destinar “casi todos los días de vacaciones” al periodo estival. Pero, tal como comenta Blanca, madre trabajadora, a Infobae, “ya usamos algunos días en Semana Santa, porque también hay que estar para cuando el colegio cierra”. “Al final, las vacaciones son insuficientes para cubrir estos meses”, concluye. Además, añade que, aparte de julio y agosto, los niños “finalizan el colegio a finales de junio y regresan a mediados de septiembre, y en esos dos meses, por lo general, salen antes, por lo que la conciliación se vuelve más complicada”.

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Para los días de verano en los que los adultos continúan laborales, existen opciones como los campamentos urbanos; sin embargo, estos servicios —en muchos casos privados— presentan dos grandes dificultades: el coste económico y la incompatibilidad horaria. Por ejemplo, para Blanca, esta alternativa no es viable, ya que “el problema de los campamentos es que a menudo los horarios no son lo bastante amplios”. “Nosotros debemos empezar a trabajar a las ocho de la mañana, y muchos campamentos no abren hasta las nueve o nueve y media”, explica.

Esta asimetría obliga a las familias a ajustar sus recursos. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, el 17,1% de los españoles con hijos menores de 15 años recurre habitualmente a servicios profesionales de cuidado, cifra que se incrementa hasta el 19,6% entre los padres y madres trabajadores. Sin embargo, los campamentos de verano o cuidadores son inaccesibles para muchas familias. Morillas Vallejo advierte que “muchas no pueden permitírselos y no todos los ayuntamientos ofrecen campamentos gratuitos”, lo que genera, finalmente, “una laguna que sólo fomenta desigualdades entre niños y niñas”. En casos vulnerables, como los de familias monoparentales, se ven forzadas a “depender de una red familiar que no siempre está disponible”.

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“Para organizarnos tiramos de abuelas”

Cuando el dinero es insuficiente o los horarios no coinciden, el cuidado y bienestar de los menores recaen en los abuelos. Las estadísticas del INE muestran que casi un 20% (19,84%) de las familias se organiza solicitando ayuda a abuelos, familiares o amigos. Es el caso de Rosana, madre de dos hijas, quien admite a Infobae que el apoyo de su entorno es fundamental. “Para organizarnos, tiramos de abuelas. Mi madre cuenta con un mes de vacaciones cada año, y ese periodo las niñas se van al pueblo con ella sí o sí”, reconoce.

Ella enfrenta una complicación adicional, ya que “mis vacaciones van de junio a septiembre y, al rotarlas, quizás no tenga todas las opciones en julio y agosto, que es cuando más difícil es cubrir las vacaciones de las niñas”. “En cuanto al padre, debido a su trabajo, siempre se solicita algunos días en verano y se reservan otros para el resto del año en caso de necesitar algún día”, aclara.

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No obstante, cuando la red familiar no existe, el mercado laboral recae casi exclusivamente sobre las mujeres. Según el INE, un 20,63% de las mujeres ha tenido que reducir su jornada laboral para cuidar de sus hijos, frente a solo un 3,05% de los hombres. María Carmen confirma esta realidad y señala que, en familias tradicionales, “habitualmente es la madre quien realiza ese sacrificio y asume todo el cuidado”.

“Sientes que no estás donde te gustaría estar, que es con tus hijos”

El coste de esta carencia de conciliación se manifiesta también a nivel emocional. Blanca comenta que esta situación le provoca mucho estrés porque “sientes que no estás donde quisieras estar, que es con tus hijos, porque tienes que trabajar”. “Mi marido y yo conversábamos hace poco sobre la pena que es no poder ofrecer a nuestros hijos los veranos que tuvimos nosotros […] Te hace sentir algo mal y culpable por no poder brindarles otra cosa debido a las obligaciones laborales”, lamenta, destacando que el verano de los menores se llena de “madrugar” para “seguir yendo a campamentos”.

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Además, este contexto tanto institucional como laboral respecto a la crianza conlleva consecuencias macroeconómicas directas. Según el primer estudio del CIS sobre fecundidad, publicado en 2024, el 44,1% de los españoles considera que los problemas para conciliar vida laboral y familiar son una de las causas principales por las que se tienen pocos hijos en España.

España avanza en conciliación familiar sobre el papel, pero no en la práctica. (Canva)

¿Qué solución se plantea? Las asociaciones de padres y madres tienen claro que la respuesta no consiste en mantener abiertos los centros educativos las 24 horas del día, siete días a la semana, porque eso tampoco resolvería el problema, afirma María Carmen. La verdadera transformación, asegura, pasa por impulsar políticas de corresponsabilidad y lograr que las empresas reconozcan que sus empleados tienen responsabilidades familiares.

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“Las distintas administraciones, cada una con sus responsabilidades, deberían sentarse obligadas a coordinarse y ofrecer soluciones que necesita la sociedad para progresar”, concluye la presidenta de la asociación de padres y madres. Este año, una vez más, el verano será para gran parte de la clase trabajadora en España un lujo fuera de alcance y un verdadero rompecabezas logístico.

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