Cada fin de semana, la Editora en Jefe de Euronews, Maria Tadeo, analiza en su boletín ‘Off the Record’ las historias que marcan el espíritu de los tiempos. Esta semana: las teorías conspirativas virales que aseguran que Argentina fue injustamente desplazada de la Copa Mundial, y lo que esas narrativas revelan acerca del debate posverdad.
Bienvenidos nuevamente. Para comenzar, lo más relevante de la semana: España conquistó la Copa Mundial. ¿Sorprende? No debería, porque dejando de lado las predicciones desacertadas (que abundaron), el resultado fue lógico.
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El fútbol es un deporte colectivo, y España ha demostrado maestría en ello, basándose en un sistema y una filosofía que domina el juego, más que en una figura estelar individual. El entrenador puede cambiar mediocampistas sin que la dinámica en el campo se note, porque la estructura es clara: controlar los pases, mantener la posesión y anotar.
Existió además un cierto sentido de justicia poética, y sólo puedo referirme al comentario del periodista brasileño Bruno Cantarelli, que definió el gol decisivo del delantero del Barcelona, Ferran Torres, como el momento más emblemático de la final.
O futebol vence a catimba – gritó emocionado.
¿Qué significa esto? Es difícil de expresar con exactitud, pues es una sensación, y el portugués brasileño capta genial esa esencia. A veces, es necesario dejar la traducción literal y dejarse llevar por la musicalidad de las palabras. En términos generales, representa la idea de que el fútbol – con mayúscula, o jogo bonito, el juego bello – prevaleció sobre la catimba: la provocación, la trampa y la mentira. En otras palabras, España encarnó el fútbol en su forma más pura; Argentina, la catimba. Sé que esto generará críticas.
Pero permítanme detallar:
¿Fue Argentina el antagonista del torneo? Sin duda. ¿Es Enzo Fernández el jugador menos querido? Diría que sí, quizás sólo superado por su compañero Leandro Paredes. ¿Juega Argentina con rudeza? Completamente, la expulsión en la final de Cubarsí lo confirma. ¿Disfrutan los argentinos de la reputación de villanos? Aquí es donde la situación se vuelve interesante, casi excéntrica (pero entretenida).
Mientras el mundo hablaba de justicia kármica, los argentinos percibían una conspiración de FIFA para destronar a Messi. Una campaña internacional de odio contra el país que involucraba a Infantino, el FBI (sí, leyó bien), la familia real británica y Lamine Yamal. ¿Suena exagerado? Lo es, pero también refleja un experimento en la sociedad de la posverdad.
Durante horas, programas argentinos difundieron teorías pseudocientíficas sobre por qué su selección nacional perdió la final. Algunas sugerían que FIFA maquinó todo para coronar a Lamine Yamal, el delantero español de 19 años, como la nueva estrella global destinada a reemplazar a Messi, ahora de 39, en una especie de rito mesiánico. Esta teoría no es mi favorita. Otra versión menos intensa postula que Infantino, jefe de FIFA, no desea que un mismo país gane dos veces para equilibrar nacionalidades y maximizar ingresos.
Asimismo, se habló del supuesto arresto inminente del presidente de la asociación argentina, Claudio «Chiqui» Tapia. Para aclarar, no fue detenido. Sin embargo, circuló el rumor de que fuerzas especiales podrían irrumpir en el vestuario, afectando la estrategia de juego. Esto —según la leyenda— explicaría las palabras de Messi a sus compañeros: «Olvídense de todo, sólo jueguen».
Además, apareció el nombre del rey Carlos.
La teoría apunta a que la Corona británica quiso castigar a los jugadores argentinos por una pancarta exhibida en la semifinal ante Inglaterra que declaraba: Las Malvinas son argentinas, o «las Falklands pertenecen a Argentina», junto a un logo de FIFA. Ante la amenaza de una sanción —presuntamente una suspensión de 10 años— los argentinos optaron por dejar ganar a España, en un partido donde apenas tocaron el balón.
Finalmente, la política jugó su papel. La derrota de Argentina sería parte de una campaña global promovida por el Comintern futbolístico de lo progresista para dañar la reputación nacional, perjudicar a Javier Milei y su revolución con motosierra, y promover la propaganda de izquierda española. Impactante, pero exagerado. Se mencionó la posible intervención rusa y un ejército de bots bolivianos, pero la trama se volvió tan caótica que perdí el hilo de tantos giros.
Lamentablemente, la realidad es mucho más simple y carente de dramatismo que la creatividad teatral argentina —y esto último se dice con respeto.
España dominó el encuentro, con un 68% de posesión. Sin contacto con el balón, no hay victoria. España efectuó 20 disparos, 11 entre los tres palos, duplicó las asistencias de Argentina y mostró mayor efectividad. Fernández fue expulsado, mientras España mantuvo casi intacta su alineación. Los cambios de Scaloni no alteraron el curso, pero la entrada de Ferran derivó en gol. Messi parecía ausente del campo, porque así fue.
¿A qué responde todo esto? Esa fue la pregunta que planteamos a nuestros invitados en Euronews esta semana. Algunos opinaron que Argentina es un país de gran emotividad: todo o nada. El fútbol sigue siendo un ámbito donde han reinado durante décadas, a pesar del declive económico arraigado. En un entorno así, hay que jugar duro y actuar primero.
Mi colega Michael Reid, disculpable por su condición inglesa en este análisis, dijo en Europe Today que el fútbol representa mucho más en América Latina que en Europa respecto al tejido social y político. El costo de perder, y el sacrificio aceptado para triunfar, es considerablemente mayor, para bien o para mal.
También existe la herencia italiana, que en Argentina tiene un peso significativo.
Reid comentó que, al igual que en las décadas de 1960 y 1970, cuando los italianos transformaron el catenaccio en estrategia ganadora, los argentinos también han adoptado un estilo de juego más agresivo. Sugirió incluso que la razón de ese estilo podría responder mejor a un psicoanalista, algo conveniente pues el país posee una de las mayores proporciones de psicoanalistas por habitante del mundo. La psicología influye en el deporte.
Y hay que reconocerlo: ningún otro país despliega tanto dramatismo, exceso, comedia y tragedia como Argentina. En cuanto a la cuestión de las Malvinas, podría interpretarse como un reclamo por la libertad de expresión. Para los ingleses no hay debate, pero para los argentinos es una protesta política legítima y muy compartida. Por cierto, en el mundo hispanohablante nadie conoce las Falkland Islands: todos las llaman Islas Malvinas. Es una realidad lingüística, no necesariamente un posicionamiento político.
No obstante, FIFA investiga si Argentina infringió normas durante la semifinal contra Inglaterra y evalúa sanciones tras un altercado físico protagonizado por Paredes tras la final contra España.
No se esperan grandes medidas por parte de FIFA. La federación está concentrada en disfrutar los ingresos y la audiencia televisiva récord del torneo. Para la entidad, el objetivo de este Mundial quedó claro: penetrar el lucrativo mercado norteamericano. Según los datos de la final transmitida simultáneamente por Fox en inglés y Telemundo en español, lo logró.
En cuanto a Infantino, esta semana el New York Post informó que Trump contempla su nombramiento al frente de la ONU, en reemplazo de António Guterres, quien es poco apreciado por los estadounidenses. Según el diario, el presidente estadounidense ve en Infantino a alguien capaz de unir al mundo, a diferencia de los candidatos «flojos» que hasta ahora se han postulado. Suena a estilo Trump.
Y para finalizar, FIFA, si me lees, por favor elimina el espectáculo de medio tiempo la próxima vez. No queremos a BTS o Bieber; deseamos ver el partido con menos interrupciones. Los argentinos son mucho más entretenidos que cualquier estrella pop — dentro y fuera del campo.
Como siempre, pueden enviar comentarios a [email protected].
– Maria Tadeo
Aranceles, multas y tensiones. ¿Quién cederá primero?
Los aranceles vuelven — aunque con matices. Esta semana, la administración estadounidense anunció un nuevo impuesto global entre 10 y 12.5%, bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de EE.UU. para justificar la medida, Washington afirmó que más de 60 países no previnieron el trabajo forzoso en sus cadenas de suministro y deben ser sancionados.
La Casa Blanca sostiene que es para proteger a los trabajadores. ¡Qué generosidad, Ave Trump! Expertos en comercio creen que es un pretexto para mantener los aranceles vigentes tras múltiples rechazos judiciales previos.
Si no lo vio, las tarifas originales del «Día de la Liberación» fueron bloqueadas por la Corte Suprema de EE.UU., que dictaminó que Trump sobrepasó su autoridad ejecutiva este año, y los aranceles temporales que las sucedieron estaban próximos a expirar. Todo encaja en el tiempo.
Por otro lado, la UE anunció multas contra el negocio de búsqueda de Google, acción que podría incrementar las tensiones con Washington, pues la administración Trump siempre ha visto la supervisión europea de las grandes tecnológicas estadounidenses como un caballo de Troya político.
Conversé con nuestro corresponsal político, Luca Bertuzzi, para analizar estos hechos.
Maria: Luca, aranceles nuevos. ¿Qué implican para la UE?
Luca: Para Europa la base legal de estos aranceles es absurda. Como indicó Kaja Kallas, las leyes laborales y condiciones de trabajo en la UE no pueden compararse con las estadounidenses. Dejando eso de lado, lo irónico es que estas nuevas tarifas son en cierto modo buenas noticias para los europeos respecto a otros.
Maria: ¿Entonces nada de pánico en Bruselas?
Luca: Por ahora no, aunque podría cambiar. Los aranceles están bajo el límite del 15% acordado en Turnberry y respetan en términos generales las exenciones. El foco está en la regulación digital y cómo reaccionarán los estadounidenses ante la multa de esta semana a Google. Ahí está el verdadero problema.
Maria: Exacto, pero ¿puedes recordarnos qué es el acuerdo de Turnberry?
Luca: El verano pasado, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, visitó el resort de golf del presidente en Turnberry, Escocia, de ahí el nombre. La UE aceptó aranceles que se triplicaron del 5% al 15%, aprobado con una foto que aún causa polémica en Berlaymont. El acuerdo claramente favorece a EE.UU., pero fue una decisión política para evitar una guerra comercial como la que China afronta.
Maria: No fue una negociación como tal, y Bruselas lo defiende…
Luca: Para Europa fue un alivio conseguir un “arancel no acumulable” — es decir, que el 15% es un techo y EE.UU. no puede añadir otros impuestos sobre éste. Es un consuelo frío, pero crucial para las empresas. Bruselas logró algunas exenciones, aunque no todas las deseadas, y los aranceles sobre acero y aluminio permanecen en 50%, un nivel prohibitivo.
Maria: ¿Quién paga estos aranceles en realidad?
Luca: Según datos de la Comisión, los importadores estadounidenses están pagando cerca de €31 mil millones en aranceles adicionales un año después de Turnberry, frente a €8 mil millones antes. Es un aumento notable con relación directa. Parte la absorben las compañías, y Trump incluso sugirió represalias si estas trasladaban los costos a los recibos. Pero inevitablemente el consumidor final asume parte.
Maria: ¿Qué hay detrás de la multa europea a Google esta semana? ¿Por qué?
Luca: Esta sanción estaba pendiente desde hace tiempo. Se trata de prácticas de Google para favorecer su propio contenido en búsquedas y restringir a desarrolladores de apps dentro de su ecosistema. Empresas llevan años quejándose de estas prácticas en Europa y EE.UU. Por eso no sólo afecta a compañías americanas, aunque para muchos siempre es más simple regular a las extranjeras que a las propias.
Maria: El monto es llamativo pero pequeño. ¿Se moderó la multa?
Luca: Sí, los €890 millones son bajos comparados con otros casos de antimonopolio, que suelen superar miles de millones. Por muy elevada que parezca, es apenas una multa simbólica para una empresa que ingresa más que muchos presupuestos nacionales. La verdadera cuestión es si la Comisión logrará cambiar las prácticas comerciales clave de Google. Esa es la prueba real, no el tamaño de la multa.
Maria: ¿Cómo responderá EE.UU.?
Luca: De hecho, ya lo ha hecho, pero no es alentador. Trump prometió que la UE pagará caro esta supuesta agresión a firmas americanas. El viernes anunció una investigación comercial sobre un supuesto robo europeo y anticipó un arancel retaliatorio considerable. No detalló cifras, pero el rumbo es claro…
Maria: Un problema serio, porque la regulación es soberana, ¿no?
Luca: La UE considera esto una línea roja. Aplicar la legislación propia es una decisión europea, no extranjera. Ceder podría sentar un peligroso precedente y debilitar la capacidad de regulación del mercado único, principal activo económico.
Si Bruselas retrocede, también enviaría la señal a otros países de que pueden ser presionados para modificar estándares regulatorios, abriendo aún más problemas. No olvidemos que China también observa este escenario.
Maria: Hablando de China, la UE inició investigaciones esta semana sobre TikTok y AliExpress. ¿Por qué?
Luca: Esto forma parte de un esfuerzo integral para proteger a los usuarios digitales frente a productos ilegales y algoritmos dañinos.
En el contexto geopolítico, perseguir empresas chinas y estadounidenses refuerza el argumento de que las reglas son para todos, independientemente de origen. Pero existen problemas reales con algunos vendedores chinos y el rastreo de productos prohibidos en Europa, más allá de la política. ¿Recuerdas el escándalo de las muñecas sexuales de Shein?
Maria: Esas muñecas con apariencia infantil causaron conmoción.
Luca: Correcto: son productos ilegales, y los consumidores europeos esperan que las autoridades actúen. Son fáciles de comprar en mercados online, y la venta de armas también es una preocupación. Estas investigaciones reflejan problemas serios aparte de la política.
Gracias, Luca.
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