Récord de desalojos por incendios forestales fuera de control según expertos

La Guardia Civil ha movilizado un cuerpo especializado para realizar evacuaciones que ya superan las 75.000 personas. Los políticos han entrado en acción, situando la reconstrucción como prioridad principal.

Las autoridades de de La Vall d'Uixò (Castellón) proceden al desalojo de los vecinos.

La magnitud excepcional del incendio en Ávila y Madrid ha obligado a la Guardia Civil a emplear uno de sus recursos más extraordinarios. La Agrupación de Reserva y Seguridad (ARS), el cuerpo élite itinerante del Instituto Armado, ha desplegado a 108 efectivos ante una emergencia con una complejidad sin precedentes, debido a una serie de factores que van más allá de la fuerza destructiva del fuego.

Este incendio destaca, no sólo por su extensión, sino también por la combinación de una propagación sumamente intensa y un volumen inusual de evacuaciones. De hecho, según fuentes del equipo consultadas por EL MUNDO, este último aspecto es el que marca la diferencia en el operativo. Decenas de poblaciones han sufrido desalojos tanto en Madrid, Ávila y Toledo, como en Castellón durante estos días, lo que ha generado una mayor demanda de seguridad, apoyo logístico y protección en las zonas evacuadas.

La labor en el terreno resulta especialmente exigente, puesto que, debido a la evolución constante de las llamas, las evacuaciones se suceden de forma prácticamente continua. Un verdadero éxodo provocado por el avance del fuego. «Nunca habíamos tenido que manejar un número tan elevado de desalojos». «Son pueblos enteros, algunos de tamaño considerable. La situación es extrema», alertan personas presentes en el operativo.

Fuentes del dispositivo expresan «preocupación» por la evolución de las llamas y señalan que el deterioro de la masa forestal es uno de los factores que explica su comportamiento. «Había una gran cantidad de maleza, y esta elevada carga de combustible vegetal pudo facilitar una propagación tan rápida de las llamas».

El Ministerio del Interior activó al cuerpo élite de la Guardia Civil en los primeros pasos del incendio, reconociendo la gravedad de la emergencia. Hasta la zona se han desplegado un total de 108 agentes distribuidos en ocho pelotones. La ARS integra orgánicamente a los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS), que actúan como equipos operativos de intervención rápida en el terreno.

La percepción de los agentes de esta unidad coincide con la de los mandos de la Guardia Civil presentes sobre el terreno, quienes admiten que la evolución y la intensidad del fuego han llevado a sus miembros al límite: «Nunca habíamos vivido algo semejante; es un desastre total. Estamos desbordados», fue el testimonio ofrecido a este periódico.

«Nunca se había visto algo así; estamos completamente saturados», insisten. Los mandos del Instituto Armado coinciden en que la «única» vía para contener las llamas de forma efectiva es la llegada de medios aéreos procedentes de otros países. España ha activado el Mecanismo Europeo de Protección Civil para fortalecer la lucha contra los incendios, lo que ha posibilitado la llegada de dos aviones italianos y dos griegos. A su vez, Turquía anunció el envío de otras dos aeronaves adicionales.

A última hora de la noche, el panorama nacional presentaba estas cifras: 170.000 personas afectadas y 83.500 hectáreas quemadas. Solo en Ávila, se han consumido 50.000 hectáreas, constituyendo el incendio más grande registrado en la historia de España. Entre los territorios afectados también figuran Toledo y la Vall d’Uixó (Castellón), siendo esta última una de las áreas más preocupantes, puesto que el fuego permanece «fuera de control», según informó la Unidad Militar de Emergencias (UME). En las cuatro provincias se han evacuado a 75.896 personas y 93.867 continúan confinadas. No obstante, la UME informó ayer que los incendios en Madrid y Ávila están «contenidos», aunque todavía quedan «algunos focos activos», señaló el teniente coronel Alfonso Arribas a RTVE.

El presidente Sánchez con Alfonso Fernández-Mañueco en Navaluenga (Ávila).

Frente a este escenario de devastación, en el ámbito político las piezas han comenzado a moverse. Tanto la Administración Central como los gobiernos regionales han colocado la reconstrucción de las zonas afectadas en la primera línea de la agenda, incluso antes de que las llamas sean completamente extinguidas.

«En el próximo Consejo de Ministros se aprobará el Real Decreto Ley que declarará como zonas gravemente afectadas por emergencias de protección civil a las áreas arrasadas por los incendios», anunció ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Esto implica la asignación de recursos económicos estatales con el fin de reparar los daños causados.

Sánchez realizó este anuncio desde el Puesto de Mando Avanzado en Navaluenga (Ávila). Estuvo acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y se reunió con el alcalde local, Armando García Cuenca, además del presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández-Mañueco, quien había adelantado que su administración solicitaría la declaración de zona catastrófica antes del anuncio oficial. También informó que las labores de recuperación en su comunidad comenzarían esta misma semana, abarcando desde «viviendas e infraestructuras afectadas» hasta la «promoción turística del área» y la «restauración medioambiental».

Vecinos de las localidades desalojadas en un polideportivo de Las Rozas.

Una postura similar manifestó su homóloga madrileña, Isabel Díaz Ayuso, quien afirmó que su «responsabilidad es ya pensar en la recuperación». La dirigente del PP informó que su gobierno está «comenzando la evaluación de los daños sufridos por miles de familias madrileñas para prestarles ayuda inmediata y facilitar su reconstrucción». «Ya trabajamos en una recuperación acelerada incluso antes de que el fuego se extinga. No vamos a esperar», aseguró.

Además de destacar su «experiencia frente a estas adversidades» —recordando la dana de 2023 que devastó 10 municipios, la borrasca Filomena o la pandemia, entre otros—, la presidenta reconoció que «la paciencia de la población comenzará a agotarse» debido a las altas temperaturas, la persistencia de los incendios y la incertidumbre.

Estas declaraciones de los populares coincidieron con el despliegue de miembros del Gobierno en las zonas afectadas, con el propósito de transmitir un mensaje de presencia y compromiso ante la emergencia. Además de Ávila, Sánchez visitó el sábado el Puesto de Mando Avanzado en Cenicientos —posteriormente trasladado a Navalcarnero (Madrid)— y hoy se dirigirá al puesto de la Vall d’Uixó para evaluar la situación del fuego en Castellón.

Los Reyes visitan a los vecinos alojados en Villamanta (Madrid).

Pero además del presidente, Grande-Marlaska y la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen —quien participa en los comités de seguimiento de la emergencia—, otros ministros como Margarita Robles (Defensa) y Óscar López (Transformación Digital), que no forman parte de los órganos directivos de esta crisis, también visitaron los Puestos de Mando para reflejar la implicación del Ejecutivo ante la situación.

El Partido Popular también se sumó a estos gestos políticos. Su presidente, Alberto Núñez Feijóo, viajó ayer por la tarde a Navalcarnero, desde donde expresó su «solidaridad» con los vecinos afectados y agradeció la labor de coordinación realizada por el operativo que «abarca todas las administraciones públicas», calificando el trabajo de «enorme» y con el «único objetivo de acertar».

La nota destacada ayer fue la valoración positiva de la «coordinación ejemplar» del operativo. Así lo declaró el Rey Felipe VI durante su visita junto a la Reina Letizia al polideportivo La Chopera, en Villamanta, donde se encuentran alojadas unas 200 personas afectadas, a quienes mostraron su «cariño, comprensión y apoyo». «Todos los medios están realizando una labor extraordinaria, entregada y sufrida, que merece reconocimiento y elogios», subrayó. El monarca instó a todos los responsables políticos a «asegurar que se están empleando todos los recursos posibles» y valoró la «unidad» frente a la emergencia provocada por los incendios.

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