El papel destacado de Luis de la Fuente en el Mundial donde España brilló como el equipo líder

Luis de la Fuente. La Selección se coronó campeona del mundo reafirmando un estilo colectivo, donde lo grupal prevalece por encima de lo individual.

Más información: España consigue su segunda estrella: el dominio total elimina a Argentina en la prórroga y pone fin a la ‘era Messi’ (1-0)

España se alzó como campeona del Mundial tras superar a Argentina (1-0) en la prórroga de una final disputada en el MetLife Stadium, Nueva Jersey, gracias a un gol de Ferran Torres en el minuto 106 tras un cabezazo asistido por Nico Williams, que recibió un centro de Pedro Porro.

Con este triunfo, la Selección conquistó su segunda estrella mundialista, dieciséis años después del título en Sudáfrica 2010, dominando de principio a fin un encuentro en el que Argentina apenas creó peligro para la portería defendida por Unai Simón.

El torneo, celebrado en Estados Unidos, México y Canadá, quedará marcado por la despedida de Lionel Messi en un Mundial y el valor simbólico de superar a la selección tricampeona.

Este Mundial fue anunciado como el de las grandes figuras: Messi buscando su último Mundial, Kylian Mbappé liderando a Francia, Bellingham destacando con Inglaterra, Haaland impulsando a una Noruega renovada.

No obstante, el desenlace confirmó una idea que De la Fuente sostiene desde que tomó el cargo en enero de 2023: el fútbol colectivo, reparto de funciones y esfuerzo grupal pueden superar el talento individual por brillante que sea.

España alcanzó la final tras eliminar a Francia (2-0) en semifinales, mientras que Argentina revirtió un duro partido contra Inglaterra (2-1), pero en la final fue la cohesión española, no una acción individual inesperada, la que definió el partido.

Además, este resultado supone una gesta histórica: España se convierte en la primera selección, junto al legado de la generación de Vicente del Bosque, en lograr consecutivamente el título de la Eurocopa (2024) y el Mundial, consolidando un ciclo exitoso bajo un entrenador que ha desarrollado el proyecto desde las categorías inferiores.

Posiciones medias de España y Argentina en la final.

Posiciones medias de España y Argentina en la final. Diseño: Arte EE

El arquitecto de Haro

Luis de la Fuente, natural de Haro (La Rioja), nacido en 1961, accedió al banquillo de la selección absoluta no por ser figura mediática, sino como el artífice discreto de trece años de triunfos en categorías inferiores de la RFEF.

Desde 2013 lideró la Sub-19, ganando la Eurocopa en esa categoría en 2015; en 2018 asumió el mando de la Sub-21, conquistando el título en 2019 tras derrotar a Alemania, y en 2021 logró con el combinado olímpico la medalla de plata en Tokio.

En ese camino formó y moldeó a gran parte de la generación que ahora sostiene a la absoluta: Rodri, Mikel Merino, Dani Olmo, Mikel Oyarzabal, Fabián Ruiz y Unai Simón pasaron por sus manos antes de alcanzar el máximo nivel.

Al asumir la dirección de la selección absoluta en enero de 2023, tras la eliminación de Qatar 2022 frente a Marruecos, se encontró con un equipo sin identidad definida desde la última etapa brillante entre 2008 y 2012.

Su respuesta fue contundente: a los seis meses obtuvo la Liga de Naciones de la UEFA y, un año después, se coronó con la Eurocopa 2024 en Alemania.

Trayectoria Luis de la Fuente

Trayectoria Luis de la Fuente Diseño: Arte EE

Su balance es cercano a la perfección en cifras: la España dirigida por él ya es la selección con más partidos consecutivos invicta, tras ganar la final del Mundial y sumar 38 encuentros oficiales seguidos sin derrota.

El sello identificativo de esta España no radica en destellos individuales, sino en la labor grupal: un bloque que combina el control posicional de Rodri en la base, la verticalidad de los carrileros, la conexión entre líneas de Dani Olmo y la multifuncionalidad ofensiva de Oyarzabal. Cada uno de estos elementos se mantuvo de forma constante durante todo el torneo y se mostró al máximo nivel en la final contra Argentina.

Territorio Rodri

Rodri fue galardonado como mejor jugador del Mundial, obteniendo el Balón de Oro del campeonato. El mediocampista del Manchester City fue el metrónomo absoluto del equipo: completó el mayor número de pases en todo el torneo. Su capacidad para mantener el ritmo, temporizar las jugadas y activar a Dani Olmo entre líneas es de nivel élite.

En la final, Rodri fue el eje central del mediocampo español, controlando la posesión frente a una Argentina bien posicionada, pero incapaz de arrebatarle el balón de forma constante.

Su asociación con los centrales Pau Cubarsí y Laporte creó un triángulo en la salida de balón casi impenetrable: la pareja defensiva apenas permitió oportunidades claras para Messi y Julián Álvarez durante 120 minutos, mientras Rodri filtraba pases entre líneas para habilitar a Lamine. Cubarsí, además, fue reconocido como mejor jugador joven del torneo, ratificando la calidad de la defensa.

Territorio Rodri

Territorio Rodri Diseño: Arte EE

Este triángulo dorado —Rodri como director y Cubarsí-Laporte como base segura— explica cómo España pudo mantener una posesión tan elevada sin exponer en exceso las transiciones rápidas de Argentina.

La paciencia y visión de Rodri en la salida de balón brindaron al equipo la estructura necesaria para que el resto de jugadores —laterales, interiores y delanteros— gozaran de libertad en ataque sin descuidar el equilibrio defensivo.

El peso de los laterales

Uno de los aspectos tácticos más reveladores de esta España es su transformación posicional con balón: lo que en defensa es un 4-3-3 pasa a un 3-2-5 en fase ofensiva, con Pedro Porro interiorizándose por la derecha y Marc Cucurella subiendo por la banda izquierda como un extremo adicional.

Esta reorganización fue clave en la final, donde Cucurella, junto a Álex Baena y Oyarzabal, generó varias llegadas constantes por el flanco izquierdo en la primera parte.

En la segunda mitad y en la prórroga, el carril derecho fue decisivo: Pedro Porro se incorpora repetidamente al ataque junto a Cubarsí, y fue su centro, prolongado por Nico Williams, el origen directo del gol de Ferran Torres que otorgó el título a España en el minuto 106.

El peso de los laterales

El peso de los laterales Diseño: Arte EE

Esta doble amenaza por ambos flancos obligó a Argentina a construir líneas muy replegadas casi durante todo el encuentro, incapaz de contener simultáneamente la amplitud generada por los laterales.

La anchura completa que aportan Cucurella y Porro no solo estira la defensa rival, sino que crea superioridad numérica en campo contrario, liberando espacios interiores para los mediapuntas y permitiendo a Rodri disponer de líneas de pase despejadas.

Este sistema se repitió a lo largo de todo el Mundial y resultó crucial en la final para desestabilizar a una Argentina que, según las crónicas, apenas pudo inquietar más allá de tímidas aproximaciones por la derecha y acciones aisladas de Messi y Julián Álvarez.

El factor Olmo

Dani Olmo operó durante todo el torneo como el nexo de todas las jugadas ofensivas de España, un mediapunta con habilidad para girar que le permite recibir de espaldas a la portería rival y encararla para amenazar el área o asistir a Lamine Yamal y Oyarzabal.

En la final generó una de las oportunidades más claras del primer tiempo tras una pared con Lamine que requirió una gran intervención de Dibu Martínez, y ya en la segunda mitad provocó otra parada exigente del portero argentino con un disparo que botó justo delante de él.

Sus estadísticas en el Mundial reflejan su papel de enlace más que de finalizador: a pesar de no anotar goles, sumó asistencias y participaciones destacadas en la creación de oportunidades, con un porcentaje de acierto en el pase superior al 88% y varias ocasiones claras generadas para sus compañeros.

Su capacidad para recibir entre líneas y su visión para encontrar a los extremos en el último tercio le convirtieron en la pieza que transformó la posesión improductiva en riesgo real.

El factor Olmo

El factor Olmo Diseño: Arte EE

Esta función de ‘conector’ también justifica por qué De la Fuente lo utilizó como enlace constante entre el doble pivote y el tridente ofensivo durante todo el torneo, no solo en la final.

Su influencia remite a la de otros mediocampistas históricos de la Selección, aunque con un perfil más físico y mayor capacidad para recorrer ambas zonas del campo.

Oyarzabal, más allá de un ‘9’

Mikel Oyarzabal, nominalmente delantero centro, desempeñó en el Mundial la función de futbolista con movilidad constante, bajando a asociarse con la medular en vez de fijar su posición en el área rival.

Su apoyo entre líneas se conecta directamente con Dani Olmo, Lamine Yamal y Álex Baena en espacios reducidos, generando una red de pases triangulares que desarma las defensas contrarias antes de que puedan reorganizarse.

En la final esta movilidad se evidenció en varias jugadas: Oyarzabal inició un contraataque que fue detenido con falta y amonestación a Lisandro Martínez, y lanzó un tiro centrado que Dibu Martínez logró detener al final de la primera parte.

Oyarzabal, más que un '9'

Oyarzabal, más que un ‘9’ Diseño: Arte EE

Su capacidad para atraer a los centrales fuera de posición liberó sistemáticamente las bandas, facilitando las proyecciones constantes de Lamine Yamal y Ferran Torres.

Este tipo de falso ‘9’ descentralizado explica en gran medida el desequilibrio ofensivo español durante el torneo: al no permanecer en el punto de penalti, Oyarzabal dificulta que los centrales rivales sepan a quién marcar y su papel en la circulación aporta un jugador extra en la superioridad numérica en la zona de creación.

Su gol decisivo en semifinales ante Francia (5 goles en total en el torneo) y su constante participación en las oportunidades en la final ratifican que su aportación trasciende el tradicional instinto goleador.

El pressing español

De la Fuente entrenó a lo largo del ciclo un pressing colectivo a media-alta intensidad, con líneas de recuperación orientadas a recuperar la posesión en menos de diez segundos tras perder el balón.

Este método asegura que cada pérdida se transforme en una transición defensiva inmediata, eliminando el riesgo de quedar expuestos a contraataques veloces, algo especialmente relevante frente a una Argentina que basaba buena parte de su juego en rápidas transiciones con Messi y Julián Álvarez.

El pressing español

El pressing español Diseño: Arte EE

En la final, esta presión coordinada explica que Argentina apenas si pudiera inquietar a Unai Simón, salvo aproximaciones esporádicas: el bloque español recuperaba rápidamente el balón en su campo y prevenía que la Albiceleste encontrara espacios para romper la defensa.

La expulsión por doble amarilla de Enzo Fernández en el descuento, causada por una entrada dura sobre Cubarsí en un contexto de partido físico, refleja el desgaste que el pressing constante generó en el centro del campo rival.

Esta estructura de recuperación inmediata ha sido un patrón constante durante todo el Mundial, no un recurso puntual; es uno de los fundamentos del proyecto de De la Fuente desde las categorías inferiores: un equipo que ataca con generosidad pero defiende colectivamente a partir de la pérdida del balón.

El Mundial 2026 quedará recordado como el torneo en el que las individualidades más destacadas del planeta —Messi en su probable despedida, Mbappé, Julián Álvarez— cedieron ante un concepto colectivo sólido, replicable y bien engranado.

España no ganó apoyándose en un solo genio, sino en la suma de mecanismos: la dirección de Rodri, la amplitud de Cucurella y Porro, la conexión de Olmo, la movilidad de Oyarzabal y un pressing incesante durante los 120 minutos de la final.

La segunda estrella confirma que el proyecto de Luis de la Fuente, desarrollado pacientemente durante trece años en categorías inferiores, ha culminado en la mayor conquista posible: encadenar la Eurocopa 2024 con el Mundial 2026 con una generación que él mismo ha formado desde la base.

Más allá del marcador, este Mundial «de las estrellas» demostró que, en el fútbol profesional, el mejor equipo prevalece sobre la mejor individualidad.

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