Japón desarrolla un plástico innovador para enfrentar uno de los desafíos ambientales más importantes

Japón crea un nuevo tipo de plástico que soluciona uno de los principales problemas del mundo

El plástico está presente en nuestra vida cotidiana; se encuentra en envases, cosméticos, prendas de vestir, materiales de construcción y en casi cualquier objeto que utilizamos. El inconveniente radica en que, aunque se puede reciclar, no siempre se lleva a cabo, generando residuos altamente contaminantes que pueden tardar siglos en desaparecer.

Una gran proporción de este plástico termina en los océanos y mares. Según GreenPeace, cada año reciben hasta 12 millones de toneladas de desechos. Esta situación impacta directamente en el ecosistema marino, al punto que microplásticos acaban en nuestra alimentación porque los peces que consumimos los han ingerido.

Por ello, diversas organizaciones y países están desarrollando estrategias para mitigar el daño ambiental causado por el plástico, y parece que Japón ha encontrado una solución con gran potencial que podría resolver de forma definitiva estos problemas.

Esto se debe a que un equipo de científicos del RIKEN Center for Emergent Matter Science y la Universidad de Tokio, han creado un material que se disuelve en agua salada sin generar residuos tóxicos. La característica principal es que este plástico mantiene la misma resistencia que los derivados del petróleo, pero con la ventaja de desintegrarse tras una exposición prolongada al agua salada.

Durante la biodegradación, este material es descompuesto por bacterias naturales del entorno marino, además, no emite dióxido de carbono en su proceso de descomposición. De esta manera, se evita la formación de microplásticos.

Este compuesto, muy similar al plástico convencional, destaca por su inocuidad, resistencia al fuego, y si se le aplica un recubrimiento adecuado, puede utilizarse como plástico tradicional en productos cotidianos. Actualmente se encuentra en fase de prueba, aunque los resultados son muy alentadores.

Han conseguido que el material se degrade completamente tras una hora de agitación en agua de mar, y dado que la sal está presente en el suelo, una pequeña muestra se desintegró en tierra húmeda en solo 200 horas, un tiempo significativamente inferior a los siglos que tardaría un plástico común.

Esta innovación adquiere un valor adicional al potenciar sus prestaciones y su impacto positivo para el medio ambiente, especialmente si se considera que las proyecciones del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente indican que la contaminación por plásticos podría triplicarse para 2040.

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