Una joven española de 20 años que participaba en un programa Erasmus narra la violencia sexual grupal sufrida tras una noche en la discoteca ‘The Beach’, ubicada en la Via Corelli: «No quería y tenía miedo». Así fue la trampa preparada por un joven a quien acababa de conocer.

Más de treinta minutos de pesadilla. Terror puro. Y agresiones que los investigadores definen como «brutales». La víctima, una estudiante española de 20 años que estaba en Milán realizando prácticas dentro del programa Erasmus, relató los hechos a la mañana siguiente frente a los investigadores.
Se encontraba aún en estado de shock. Para contar lo ocurrido durante la noche del viernes 22 al sábado 23 de mayo, decidió expresarse en español.
Según los planes iniciales, tenía previsto pasar la noche con una amiga española en ‘The Beach’, discoteca situada en la Via Corelli, en la periferia este de Milán, cerca del aeropuerto de Linate.
En esa noche se celebraba la fiesta ‘Fu..ing Beach’, muy concurrida por jóvenes que bailaban hip hop, trap y reguetón. Pero al amanecer, la joven, que cursa Humanidades en España y realizaba prácticas laborales en Milán, perdió de vista a su amiga.
«No sabría precisar la hora exacta en la que nos separamos. Me fui a sentar en unos sofás ubicados en una plataforma en un rincón del local».
Aquí prosigue, de acuerdo con la reconstrucción, «conocí a unos chicos». Inicialmente, eran dos, casi de su misma edad y de nacionalidad italiana. «No recuerdo quién se acercó primero», explicó a los investigadores de la brigada móvil, liderados por Alfonso Iadevaia y Lucia Vitali, «solo sé que empezamos a hablar». Este intercambio derivó en la invitación del más insistente a salir con él.
La joven de 20 años aceptó, pero se trataba de una trampa. Él la persuadió para que lo siguiera a un lugar apartado, lejos del bullicio, entre coches estacionados. Ella no advirtió que el amigo de ese desconocido los seguía, y también llegó.
Fue entonces cuando comenzaron las agresiones. El primero «empezó a hacer cosas que yo no quería», relata la joven, y poco después «vi llegar a otros de sus amigos».
Los recuerdos se vuelven borrosos. «Recuerdo que tenía miedo. No sé si me empujaron o me tomaron del brazo». En cualquier caso, el grupo decidió trasladarse a un sitio aún más aislado. La arrastraron y la metieron en el coche de uno de los agresores. Movieron el vehículo hasta el rincón más solitario del aparcamiento y continuaron con los abusos.
Cuando finalmente la dejaron salir del coche, la joven logró alejarse hasta la entrada del local, donde relató lo ocurrido a un portero y luego a la amiga que la buscaba.
Luego vinieron las visitas al hospital, la denuncia en la comisaría y el regreso a España. Los investigadores, coordinados por las fiscales Letizia Mannella y Rosaria Stagnaro, están cruzando declaraciones con el análisis de antenas telefónicas y grabaciones de cámaras de seguridad para obtener pruebas que ayuden a identificar a los agresores.

