ONU advierte que la crisis climática incrementa los costos de compra y mantenimiento de viviendas

La organización alerta sobre cómo los inmuebles con aislamiento deficiente incrementan el gasto energético y agravan la vulnerabilidad de los hogares ante fenómenos extremos

Un edificio de color crema con carteles de "Se vende" y "Se alquila" en su entrada. A la izquierda, un termómetro digital de poste marca 45°C. Se ven coches y un árbol.

La crisis habitacional no se limita al precio del alquiler, la hipoteca o el pago inicial para comprar una vivienda. También implica el costo de mantener su habitabilidad cuando las temperaturas aumentan, la energía se encarece o el inmueble no está diseñado para soportar el calor, el frío u otros fenómenos climáticos extremos. Un nuevo reporte del Programa de Naciones Unidas (ONU) para el Medio Ambiente advierte que la crisis climática y la problemática del acceso a la vivienda deben abordarse de manera conjunta, dado que las casas con aislamiento insuficiente o baja eficiencia no solo generan mayor contaminación: además resultan costosas de mantener y elevan la vulnerabilidad de los hogares con menores ingresos.

El documento, elaborado en colaboración con la Alianza Global para los Edificios y la Construcción, señala que la descarbonización en el sector construcción ha disminuido su ritmo en los últimos años. En 2024, las emisiones operativas de los edificios crecieron un 1%, alcanzando 9,9 gigatoneladas de CO₂. Este sector aporta cerca del 37% de las emisiones globales, utiliza el 28% de la energía mundial y representa casi la mitad de la extracción global de materiales.

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La alerta de la ONU se produce en el marco de una crisis global de acceso a la vivienda y a la energía. El informe subraya que mejorar las condiciones de los edificios no solo es clave para disminuir emisiones; también puede reducir el gasto energético y brindar mayor protección a los hogares ante los impactos del cambio climático.

Viviendas con aislamiento deficiente, facturas elevadas

Una vivienda escasamente preparada para enfrentar el calor o el frío requiere un mayor consumo energético para mantener una temperatura adecuada. Este hecho impacta especialmente en hogares de bajos ingresos, que tienen menos capacidad para afrontar elevadas facturas, reparar la vivienda o reubicarse en viviendas con mejores condiciones.

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Esta vulnerabilidad se distribuye de manera desigual. El informe indica que las mujeres están sobrerrepresentadas en hogares con alquileres bajos, familias monoparentales, personas mayores y habitantes de asentamientos informales, enfrentando además obstáculos como la brecha salarial y un acceso limitado a financiamiento, lo que dificulta aún más obtener una vivienda adecuada.

El cambio climático puede intensificar la crisis habitacional en varias formas. Por un lado, incrementa los riesgos para viviendas vulnerables frente a eventos como inundaciones, tormentas u olas de calor. Por otro, eleva el costo de construcción y materiales debido a la presión sobre los recursos. Asimismo, aumenta la demanda de calefacción o refrigeración en edificios con malas condiciones térmicas, ampliando la brecha entre quienes pueden costear viviendas eficientes y quienes no.

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La ONU sostiene que el acceso a vivienda asequible y la acción frente al cambio climático deben concebirse conjuntamente para evitar que las soluciones a una problemática agraven la otra. Construir más viviendas podría aliviar la escasez de oferta, pero si estas son poco eficientes, con aislamiento deficiente o dependen de sistemas energéticos costosos y contaminantes, se traduce en viviendas con costos de mantenimiento elevados a largo plazo.

La vivienda concentra gran parte del consumo energético

El informe resalta el papel central de la vivienda dentro del sector. Más del 75% de la superficie edificada a nivel mundial corresponde a edificios residenciales y las viviendas representan el 70% del consumo energético total de los edificios. Por tanto, la problemática no se limita a oficinas, centros comerciales o grandes infraestructuras, sino que afecta directamente a las viviendas.

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Desde 2015, la intensidad energética de los edificios, que mide el consumo de energía por unidad de superficie, se ha reducido en un 8,5%. No obstante, este progreso resulta insuficiente para cumplir los objetivos climáticos. En 2024, solo el 17,3% de la demanda energética de los edificios fue cubierta con energías renovables, cifra muy alejada de lo necesario para avanzar hacia una ruta de emisiones netas cero.

El crecimiento veloz en la construcción a nivel mundial

La superficie construida sigue aumentando. A diario se agregan cerca de 12,7 millones de metros cuadrados en el mundo, equivalentes a sumar casi toda la superficie de la ciudad de París cada semana. En 2024, la superficie total edificada creció un 1,7%, hasta alcanzar 273.000 millones de metros cuadrados.

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Este crecimiento está mayormente impulsado por economías emergentes, como India y el Sudeste Asiático, aunque el informe señala que la construcción se ha desacelerado en Europa y China. Según la ONU, el problema radica en que la transición hacia edificios más eficientes y con menor impacto ambiental no progresa al mismo ritmo que la nueva construcción.

La inversión requerida antes de 2030

Para encaminar el sector hacia una trayectoria de emisiones netas cero, el informe estima que la inversión en eficiencia energética en edificios debe alcanzar 5,9 billones de dólares antes de 2030, lo que equivale a aproximadamente 592.000 millones de dólares anuales.

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Estas inversiones comprenden acciones como mejorar el aislamiento, rehabilitar edificios antiguos, reducir el uso de combustibles fósiles, electrificar los sistemas de calefacción y refrigeración, e incrementar la incorporación de energías renovables. El propósito no es solo disminuir emisiones, sino también impedir que mantener una vivienda en condiciones adecuadas se vuelva cada vez más costoso para quienes ya enfrentan dificultad para acceder a una vivienda.

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