Un enclave lleno de simbolismo se encuentra entre viñedos y arquitectura ancestral en Pontevedra. Es un sitio donde el paso del tiempo ha configurado uno de los paisajes patrimoniales más emblemáticos del noroeste de España
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Entre las joyas patrimoniales de Galicia existen lugares capaces de captar la atención desde el primer instante. En Cambados, rodeado de viñedos y próximo a la brisa atlántica, se conserva uno de estos enclaves que fusionan historia, arquitectura y emoción en un solo escenario. Se trata de un espacio de gran valor visual y cultural, erigido sobre siglos de memoria y transformado hoy en una de las vistas más distintivas de Pontevedra. Su apertura hacia el cielo realza esa impresión de sitio detenido en el tiempo que atrae a quienes desean descubrir tesoros con personalidad propia.
Ese espacio es las Ruinas de Santa María de Dozo, en Cambados, un antiguo templo gótico edificado sobre una iglesia románica del siglo XII. Fue D. Lope Sánchez de Ulloa quien construyó la iglesia sobre aquella capilla inicial, mientras que su hija, Dña. María de Ulloa, promovió su restauración y expansión a finales del siglo XV. El complejo responde al llamado gótico marinero, aunque también presenta elementos renacentistas. Así, el visitante se encuentra en un entorno donde conviven varias etapas artísticas y donde la piedra aún conserva gran parte de su fuerza expresiva.
Un conjunto histórico abierto al cielo en el corazón
La antigua iglesia cuenta con una única nave organizada por cuatro arcos transversales románicos, además de cinco capillas laterales, sacristía y capilla mayor. En su interior destaca la decoración con bollos sobre arcos y capillas, así como diversos relieves con escenas bíblicas. Entre ellas se incluyen la Visitación, Cristo y los Apóstoles, la expulsión del paraíso o los pecados capitales. De hecho, en uno de los arcos se representa la pereza, uno de los siete pecados capitales.
Con el tiempo, este espacio fue adquiriendo también un componente simbólico y emocional. Sus restos fueron declarados Monumento Nacional en 1943 y, además, el escritor Álvaro Cunqueiro lo definió como “el más melancólico camposanto del mundo”, una frase que ha contribuido a consolidar su identidad cultural. No es casualidad que hoy albergue un cementerio que ha incrementado aún más su singularidad dentro del patrimonio gallego. Desde diciembre de 2013, tras cumplirse el 70 aniversario de dicha declaración, el Ayuntamiento de Cambados consiguió su inclusión en la Asociación de Cementerios Singulares de Europa (ASCE). Por lo tanto, estas ruinas destacan no solo por su valor arquitectónico, sino también por su capacidad de reunir, en un mismo espacio, historia, arte y memoria.
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