El sistema sanitario de las dos ciudades autónomas continúa siendo gestionado por el Estado a través del INGESA. Los profesionales de la salud señalan una desconexión entre este modelo y la realidad asistencial
Hubo un tiempo en que un sistema sanitario operaba prácticamente bajo una sola entidad: el Instituto Nacional de la Salud, conocido como INSALUD. La Constitución de 1978 abrió la puerta para que las nuevas comunidades autónomas administraran sus hospitales y centros de salud, siempre bajo unas normativas comunes.
El proceso de transferencia sanitaria a todas las regiones concluyó en 2002. No obstante, Ceuta y Melilla, al no tener la condición de comunidades autónomas, no recibieron el traspaso total de la sanidad como sí ocurrió con las CCAA. Con la desaparición del INSALUD en 2002, la gestión sanitaria en ambas ciudades autónomas no pasó a la consejería autonómica, sino a un nuevo organismo estatal: el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA). Esta entidad, adscrita al Ministerio de Sanidad a través de la Secretaría de Estado de Sanidad, depende de la Seguridad Social.
¿Es lógico que la gestión sanitaria de Ceuta y Melilla se realice desde Madrid, sede central del INGESA? Para Juan José Bestard Perelló, quien dirigió la Organización y Planificación del INSALUD entre 1996 y 1999, este es el “primer error”. “No tiene sentido. Las decisiones sanitarias deben tomarse en Ceuta y Melilla para que ajusten sus recursos a sus necesidades. No sé si es políticamente correcto, pero quizás sería más adecuado que se gestionara desde Málaga, no desde Madrid”, comenta a este medio.
Además, enfatiza que INGESA ha buscado una “estructura paritaria”, intentando que los hospitales de ambas ciudades sean “muy similares”: “Puede parecer un buen modelo, pero implica una mala gestión porque no comparten las mismas necesidades”. De hecho, menciona un indicador “altamente sensible que advierte sobre cómo se están haciendo las cosas”. Se refiere a la tasa de mortalidad infantil, que en 2024 fue de 8,76 por cada 1.000 nacidos vivos en Ceuta y de 3,77 en Melilla, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Dada la baja cantidad de nacimientos, estas cifras pueden variar considerablemente anualmente. Sin embargo, a nivel nacional, la tasa varía entre 1,50 en Galicia y 4,19 en las Islas Baleares. “¿Por qué con los mismos recursos ambas ciudades autónomas muestran resultados tan distintos? Creo que la razón radica en la gestión”, afirma el doctor en Derecho y especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.
Según su análisis, en Ceuta la inversión en infraestructura hospitalaria ha alcanzado un punto que técnicamente se denomina “retorno decreciente”: “No es cuestión de invertir más para mejorar los resultados negativos, ya que no se deben a la carencia de quirófanos sino a un fallo estructural en determinantes sociales de la salud y una falta de coordinación en Atención Primaria”.
Sobre este tema, el mismo INGESA aclara a El Confidencial que las disparidades entre ambas ciudades «son muy notables debido a su distinto sustrato sociológico». «Están a 400 kilómetros de distancia y se suele asociarlas automáticamente por ser territorios españoles fuera de Europa continental. Queremos destacar algo tan obvio como crucial: cada realidad es distinta», señalan.
Para Enrique Roviralta, presidente del Sindicato Médico de Ceuta (SMC), la sanidad en su ciudad, que cuenta con un hospital universitario y tres centros de salud, “sufre abandono institucional”. También considera que “no disponen de la capacidad real” para atender los picos de demanda asistencial. “Existe un déficit importante de profesionales y el INGESA lo niega. Durante la Operación Paso del Estrecho, miles de personas llegan a Ceuta y después pueden requerir asistencia en la sanidad pública. Además, es una ciudad costera donde en verano crece la población. Puntualmente ocurren saltos de valla, somos una zona de potencial conflicto y desastre”, asegura.
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En cuanto a la separación entre los responsables del INGESA y la experiencia de médicos y pacientes, sostiene que “existe una distanciamiento total” entre el “mensaje idílico” que transmiten sobre la sanidad en Ceuta y la realidad asistencial. “La unidad de hemodinámica lleva cerrada un año por falta de cardiólogo; vino uno desde Barcelona y estuvo aproximadamente tres meses antes de irse. INGESA maquilla las cifras que no coinciden con las eternas listas de espera de los pacientes ni con las demandas de los médicos”, ejemplifica.
Sobre esto, INGESA subraya que ellos «no propagan ningún relato idealizado ni otro tipo». «No hay una lucha por el relato. Lo que ya no hacemos es permanecer callados ante constructos apocalípticos insoportables que no concuerdan con la verdad material y objetiva. Buscamos servir objetivamente al interés general, sin martirologio y con baja tolerancia a la mentira que sustenta intereses particulares», enfatizan.
El representante sindical insiste en que los dos retos en Ceuta son la escasez de profesionales y la falta de especialistas. “Otro ejemplo es la inexistencia de radiólogos en radiodiagnóstico, lo que obliga a externalizar servicios básicos como resonancia y TAC. No hay UCI pediátrica, radioterapia, cirugía vascular ni neurocirugía. Dependen mucho de derivaciones a la Península, tanto públicas como privadas. Los pacientes que necesiten radioterapia diaria deben desplazarse a Algeciras, cruzar el estrecho y pasar controles de la Guardia Civil, lo cual es muy complicado. Hace semanas trasladaron a dos bebés en un buque de salvamento marítimo porque helicópteros y barcos no podían salir debido al mal tiempo”, añade. Mientras tanto, INGESA afirma haber “reducido” la dependencia externa incorporando tecnología avanzada.
Además, Roviralta, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Ceuta, indica que en cinco años han tenido unas 150 bajas: “Se han cubierto, pero implica una alta rotación. La interrupción continua en la relación médico-paciente genera desafección”.
Por ello, estima que la población de Ceuta no recibe atención sanitaria equiparable al resto del país. “Han existido múltiples manifestaciones de plataformas ciudadanas que exigen no ser ciudadanos de segunda. Los profesionales ofrecen una atención con la máxima garantía, pero el problema está en quienes faltan. No estaría tranquilo ante un ictus porque carecemos de un código presencial”, expone.
Se observa claramente que el modelo INGESA ha fracasado; la sanidad gestionada desde Madrid está desconectada del terreno
“Está claro que el modelo INGESA ha fracasado, la gestión desde Madrid está muy alejada de la realidad local. No existe diálogo con los profesionales y este modelo presenta fallos. Quizás debería depender directamente de una secretaría de Estado o incluso gestionarse directamente desde la ciudad autónoma. El abandono institucional es irónico y lamentable. Si no reconocen el problema y mantienen mensajes triunfalistas, nunca encontrarán la solución”, describe.
Elisabeth Muñoz, secretaria general autonómica del Sindicato de Enfermería (SATSE) en Ceuta, señala que la sanidad pública “no cumple las ratios seguras de enfermería, tanto en hospital como en centros de salud”. Coincide con Roviralta en que la imagen que presenta INGESA sobre la sanidad en Ceuta difiere “totalmente” de la realidad diaria: “La presión asistencial es enorme y para que enfermería y fisioterapia funcionen, los profesionales están sacrificando su salud”.
Añade que disponen de “una buena sanidad pública”. “El mayor problema es la carencia de recursos humanos. Las instalaciones e infraestructuras son comparables con cualquier otro lugar en España, pero la población sufre las consecuencias de la falta de personal y los riesgos para la seguridad del paciente. Muchos profesionales prefieren trabajar en otros puntos del país por los contratos precarios que ofrece INGESA, incluso de días sueltos”, afirma.
Señala que el esfuerzo extra del personal hace que los pacientes “sufran menos” los efectos de la falta de contrataciones, pero la carga de trabajo es inmensa: “Les faltan ‘patines’ para atender todo”. También menciona que durante ausencias por permisos, licencias, vacaciones o bajas “no se sustituyen completamente”. “El hospital sigue lleno y los cupos de atención primaria llegan a 1.900 personas por enfermera, claramente hay una sobrecarga laboral que produce más lesiones por estrés, depresión y otras enfermedades relacionadas”, apunta.
Sobre el nivel básico de atención sanitaria, habla Carlos Andrés García Cano, secretario general autonómico de SATSE en Melilla: “De los cuatro centros de salud, dos necesitan una reforma estructural relevante. Algunos compañeros comparten consulta por falta de espacio y deben ajustar las citas. INGESA es consciente de esta situación pero no hay planes de solución a corto plazo”.
Además, remarca que la Atención Primaria del INGESA mantiene el antiguo modelo INSALUD. “Las enfermeras no tienen un cupo específico y esto está obsoleto. Las otras CCAA han avanzado y Ceuta y Melilla están rezagadas en el sistema sanitario español”, añade.
Con respecto a la gestión centralizada, García Cano reconoce que a nivel sindical dificulta la labor. “Debemos viajar a Madrid, las reuniones son difíciles y escasas. Los consejeros de otras comunidades viven la sanidad en primera persona, mientras que los gestores de Melilla y Ceuta no usan sus servicios. Visitas esporádicas no son suficientes, la sanidad debería estar descentralizada como en las 17 CCAA”, sostiene.
El 2 de junio de 2025, el presidente del Gobierno y la ministra de Sanidad inauguraron el nuevo Hospital Universitario de Melilla (HUME). A comienzos de diciembre de ese año, el INGESA emitió un comunicado: “Se ha reforzado la plantilla del Área Sanitaria de Melilla con más de 110 profesionales sanitarios y no sanitarios, dentro del plan operativo previo al traslado definitivo al HUME”. El traslado se efectuó el 16 de diciembre y el secretario de Sanidad del PSOE de Melilla, Lukman Driss, afirmó que supuso “un avance real en calidad asistencial, seguridad y dignidad para pacientes y profesionales. Hoy el Hospital Universitario está plenamente al servicio de la ciudadanía”.
No obstante, el secretario de SATSE en Melilla ofrece otra perspectiva. “Estaba previsto incrementar la plantilla con 58 enfermeras para atención especializada, 35 técnicos auxiliares, una matrona, un logopeda y seis fisioterapeutas. Respecto a SATSE, esas incorporaciones no han ocurrido. El edificio está muy bien equipado y con tecnología avanzada, pero no han proporcionado explicaciones”, concluye.
En palabras de Justo Sancho-Miñano Belmonte, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Melilla, reaparece la misma explicación. “La sanidad está precaria en términos de médicos. Muchos están próximos a jubilarse y no existen tasas de reemplazo por condiciones laborales poco atractivas. El Ministerio de Sanidad gestiona desde lejos y la información se pierde; negar los problemas a distancia es fácil porque no los sienten propios. En nuestra opinión, los cargos intermedios no reflejan fielmente los verdaderos problemas sanitarios de la ciudad”, explica.
Además, considera que se están normalizando situaciones asistenciales que en otras regiones serían inaceptables: “Los pacientes a menudo dicen ‘esto es lo que hay’ y nos preguntamos dónde está la equidad entre españoles”.
“Somos una isla sanitaria, carecemos de medios técnicos y humanos. Una persona con infarto en Melilla tiene más riesgo de morir que en Antequera, aunque los hospitales sean similares. Necesitamos una avioneta para realizar cateterismos que a veces no pueden salir por mal tiempo. Tampoco contamos con UCI pediátrica, por lo que debemos trasladar a los bebés a la Península, lo que genera problemas familiares y de salud”, detalla. Al igual que en Ceuta, el hospital nuevo tiene una unidad de hemodinámica “excelente”, pero sin cardiólogo disponible. “Hay dos cardiólogos para 86.000 habitantes, y así sucede con varias especialidades, lo que resulta insuficiente”, añade.
Por su parte, INGESA niega esta realidad. «No existe déficit de profesionales ni especialistas en las áreas dependientes del INGESA. La inversión en años recientes sitúa a Ceuta y Melilla a la vanguardia en infraestructuras y tecnología avanzada», aseguran.
¿Zonas de difícil cobertura?
El Real Decreto 118/2023 reconoce como puestos de difícil cobertura sanitaria a los correspondientes al personal del INGESA. Después, la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud estableció unos criterios mínimos para identificar la difícil cobertura y creó incentivos económicos y no económicos para atraer y retener dichos puestos.
Así, se definieron 13 criterios mínimos que un puesto debe cumplir para ser declarado como difícil cobertura: número de pacientes, distancia al hospital, densidad poblacional, envejecimiento, entre otros. «En los informes de actividad del INGESA no se refleja la concurrencia de estos criterios, ni en Ceuta ni en Melilla, ni siquiera tres de ellos. Las condiciones laborales y salariales son mejores que en la Península. No puede hablarse de una presunta difícil cobertura cuando las plazas están completas. No debe primar el interés sobre la evidencia profesional en un servicio público financiado por todos», sostienen desde la entidad.
Hace poco más de un mes, Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, visitó Ceuta y afirmó que “estaba dejando de ser una zona con puestos de difícil cobertura”. Esto causó indignación entre sanitarios y organizaciones profesionales que interpretaron su declaración como un giro político respecto a un problema reconocido por el Estado en 2023. “Sus palabras fueron un jarro de agua fría”, reconoce Roviralta. Además, según los profesionales consultados, esta medida no se ha aplicado con incentivos ni mejoras reales para atraer o retener médicos.
Para Muñoz, secretaria de SATSE en Ceuta, la administración pública “debe reconocer que en Ceuta y Melilla existen condiciones especiales”. Ella considera que la solución sería aprobar un “incremento urgente de plantillas”.
Por otro lado, García Cano relata que se llevaron a cabo reuniones y negociaciones con INGESA para promover acciones que retuvieran a los profesionales mediante incentivos económicos y prestaciones no salariales: “No se ha implementado nada, INGESA no ha hecho nada. Esto implica que, con bolsas de empleo casi siempre agotadas, tenemos un problema estructural”.
Barómetro sanitario
La semana pasada, el Ministerio de Sanidad publicó el Barómetro Sanitario donde, en la valoración global del sistema, Melilla es uno de los territorios con peor valoración positiva del funcionamiento, con un 41,7%, por debajo de la media nacional del 51,6%. Asimismo, la valoración negativa (“funciona mal y necesita cambios profundos”) sitúa a Ceuta entre los territorios con peor resultado, con un 26,3%, superior a la media nacional del 20,2%. En satisfacción sobre el sistema público, ambas ciudades figuran entre las más bajas: Ceuta 5,39 y Melilla 5,56, frente a la media nacional de 6,02.
En la evaluación de los servicios públicos sanitarios, el informe indica que las ciudades autónomas suelen estar en los niveles inferiores. En consultas hospitalarias, Ceuta obtiene 4,77 y se señala que Melilla y Andalucía apenas superan el aprobado. En hospitalizaciones, Ceuta presenta uno de los valores más bajos con 5,92. En urgencias de atención primaria, Ceuta obtiene la puntuación más baja, 5,53. En urgencias hospitalarias, las calificaciones son “notablemente bajas” en Ceuta (5,05) y Melilla (5,15). Finalmente, en urgencias 061/112, Ceuta es nuevamente la peor valorada (6,27).
Por último, en la percepción comparada sobre la asistencia sanitaria entre su territorio y el resto del Estado, ambas ciudades muestran resultados negativos reiteradamente. En “los servicios que ofrece” las peores valoraciones corresponden a Melilla (55,3%) y Ceuta (46,5%). En “los medios técnicos” los resultados más negativos son Melilla (67,7%) y Ceuta (47,8%). En “organización del sistema”, el informe destaca una predominancia negativa en Melilla (53,8%) y Ceuta (49,9%).

