El cierre del Estrecho de Ormuz ha ralentizado el transporte marítimo, impactando en el relevo de tripulaciones, las exportaciones y el costo del combustible

Las repercusiones de la guerra en Oriente Medio han afectado a múltiples sectores del ámbito productivo español. Para contrarrestar el incremento del precio del combustible provocado por el conflicto, el Congreso aprobó este jueves un conjunto de 80 medidas impulsadas por el Gobierno, incluyendo una rebaja de 20 céntimos por litro de combustible.
“La ayuda es bienvenida, aunque resulta insuficiente frente al coste actual”, comenta Javier Garat, secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca), respecto a la situación que enfrentan pescadores y armadores, problemática que ha motivado a varias organizaciones a mantener sus barcos amarrados en puerto.
Concretamente, la Organización de Productores Pesqueros de Ondárroa (País Vasco) ha decidido cesar su actividad, mientras que algunas flotas de arrastre en Cádiz y el Mediterráneo están valorando adoptar la misma medida. “Si salen bajo estas condiciones, pierden todavía más dinero. Cada vez que un barco zarpa, consume gran cantidad de litros de gasoil, además de los gastos habituales, y los ingresos por la venta no alcanzan para que la actividad sea rentable. Aquí, al menos, no tienen costes salvo los de mantenimiento”, lamenta Garat.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, adelantó este viernes que el Plan integral de respuesta a la crisis en Oriente Medio movilizará 5.000 millones de euros para “proteger a los ciudadanos, apoyar a las pymes, al sector primario y, por supuesto, a la industria”.
Los cuatro frentes que abre el conflicto para los pescadores
Desde el sector pesquero, reconocen que el conflicto en Oriente Medio afecta en cuatro frentes distintos. El primero es el precio del combustible, que representa entre el 30% y el 50% de los costos de explotación de las empresas, dependiendo de la modalidad de pesca que practiquen.
En segundo lugar, el conflicto armado repercute en el relevo de las tripulaciones, dado que algunas flotas que faenan en el océano Índico han visto cómo ciertas rutas para transportar tripulantes han cerrado sus puertos, obligándolos a buscar alternativas que generalmente son más onerosas.
El tercer desafío que se ha presentado para los pescadores afecta a las exportaciones de productos pesqueros, como el atún rojo vendido a China y otros países asiáticos. Según explica Garat, anteriormente usaban el aeropuerto de Qatar por ser la ruta más económica, pero ahora deben optar por otras opciones que elevan los costos.
Finalmente, el sector apunta a la flota mercante, que transporta mercancías hacia terceros países, como una de las más afectadas. Esto ocurre porque el coste operativo del flete ha aumentado considerablemente, incluso sin establecer precios definitivos para el transporte hasta finales de abril o mayo.
Galicia y Andalucía, las más afectadas

Las consecuencias de la guerra han repercutido principalmente en Galicia, que concentra la mitad de la flota española, seguida de Andalucía y, entre la flota de gran altura, el País Vasco. Aunque en otros sectores se denuncia la especulación en los precios, desde Cepesca explican que en el caso de los barcos el aumento responde al cierre del Estrecho de Ormuz, que ha ralentizado el transporte marítimo en general.
Desde la industria han exigido ayudas directas para armadores y pescadores, como incrementar la subvención al combustible hasta 30 céntimos por litro, aplicada directamente en el surtidor. Garat también destaca que han solicitado recursos al Fondo Europeo Marítimo y de la Pesca y la Acuicultura, incluyendo la exoneración del pago de cotizaciones sociales a la Seguridad Social para las empresas hasta que la situación se normalice.
Asimismo, desde la organización indican que estos problemas derivados de la guerra en Irán se suman a una larga lista de dificultades que enfrenta el sector. “Europa ha conseguido avances en objetivos políticos y ambientales, pero ha dejado de lado los aspectos sociales y económicos, sin considerar a las personas ni a las empresas”, apunta Garat.
El relevo generacional también representa un problema grave para el sector, con dificultades para encontrar tripulantes dispuestos a trabajar. Además, “la competencia desleal de terceros países reduce las ganancias del sector en la UE, donde el 70% del consumo proviene de países fuera de la comunidad”. “A medida que los barcos van parando y el tiempo avanza, uno de los riesgos que tenemos es la pérdida de las tripulaciones, que buscan otros medios de vida”, añade Garat. Por eso, como medida especial, los pescadores solicitan a Europa un reglamento ómnibus que fomente la simplificación burocrática para facilitar su actividad.

