El dolor, la pérdida de fuerza y las limitaciones funcionales pueden condicionar el uso más de lo que parece, en un proceso donde la Seguridad Social evalúa la capacidad real para trabajar
Qué es la incapacidad permanente: cómo solicitar la pensión, qué enfermedades otorgan la ayuda y cuánto dinero se recibe.
En el campo de la salud laboral, numerosas dolencias que parecen comunes esconden consecuencias más profundas de lo que a simple vista aparentan. Más allá del diagnóstico clínico, hay una dimensión práctica que afecta directamente la vida diaria de quienes las sufren: su habilidad para seguir desempeñando su actividad laboral. Comprender esta relación entre enfermedad y desempeño profesional es fundamental para abordar con mayor precisión situaciones que a menudo se simplifican demasiado.
El abogado Víctor Arpa ha puesto la atención en un aspecto que frecuentemente pasa desapercibido para quienes tienen artrosis en la muñeca: el impacto real en el futuro laboral. “Muchas personas piensan: ‘Es solo artrosis, debo soportarlo’”, advierte en su perfil de TikTok (@abogadovictorarpa), pero la experiencia clínica indica que la condición puede agravarse con el tiempo.
El experto señala que el dolor constante, la pérdida de fuerza y la dificultad para efectuar movimientos simples pueden restringir significativamente las capacidades. “Y aun así, el INSS muchas veces afirma que puedes trabajar”, lamenta Arpa, destacando la frustración que sienten numerosos afectados.
Evaluación médica y funcional
Estas limitaciones no solo afectan tareas complejas, sino también acciones cotidianas que constituyen parte de muchos empleos: escribir en un teclado, manejar herramientas, levantar objetos o realizar movimientos repetitivos durante la jornada. Con el tiempo, la acumulación de estas dificultades puede traducirse en una disminución notable del rendimiento y, en numerosos casos, en la imposibilidad de continuar con la actividad habitual bajo las mismas condiciones.

Según explica, las razones detrás de estas decisiones no se limitan solo al diagnóstico médico, sino que obedecen a un análisis más complejo. El Instituto Nacional de la Seguridad Social examina no solo la enfermedad en sí, sino también su impacto en el desempeño concreto del trabajador.
Este enfoque implica valorar aspectos funcionales y no únicamente clínicos. Es decir, no basta con demostrar la presencia de artrosis, sino que es esencial evidenciar de qué forma esta patología afecta la capacidad real de trabajo. En este sentido, informes médicos detallados, pruebas funcionales y una descripción precisa de las tareas laborales son decisivos en el proceso de evaluación.
La importancia del tipo de empleo
Para quienes se preguntan por qué con el mismo diagnóstico las decisiones pueden variar, la explicación radica en el tipo de tarea realizada. No es igual sufrir artrosis si se trabaja en una oficina que si se desempeña como mecánico o sanitario. El tribunal médico, según el abogado, se centra en determinar si la persona puede “usar la mano con normalidad, si tiene fuerza, si puede repetir movimientos”.
Esta diferencia pone en relieve la importancia del contexto profesional. Mientras algunos trabajos ofrecen ciertos ajustes o disminución de exigencias físicas, otros dependen directamente de la plena funcionalidad manual, lo que imposibilita su realización cuando existen limitaciones relevantes.
El especialista recomienda no minimizar los síntomas ni aceptar convivir con el dolor en el ámbito laboral. “No se trata de lo que se tiene, sino de lo que ya no se puede hacer”, concluye Arpa, solicitando un enfoque más realista y personalizado en la evaluación de la incapacidad.
