EL ESPAÑOL conversa con el hijo del que fuera campeón mundial en la extinta disciplina de los 100 kilómetros contrarreloj por equipos.
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Hubo un periodo en que dentro del conjunto de especialidades que comprenden el ciclismo existía un Mundial de 100 kilómetros contrarreloj por equipos. Cuatro ciclistas encaraban esta enorme distancia a máxima velocidad, un evento amateur que, en algunos casos, servía como trampolín hacia el profesionalismo.
Tal como le ocurrió a Giuseppe Soldi. Este italiano se coronó en 1965 campeón mundial en esta modalidad ya desaparecida, en España, concretamente en Lasarte, bajo una lluvia intensa, según recuerdan las crónicas de entonces.
Esa hazaña lo impulsó hacia la carrera profesional. Al año siguiente firmó con el equipo Bianchi, disputó una Milán-Sanremo donde vio pasar rápidamente a Eddy Merckx y, tras medirse con los mejores, decidió abandonar el ciclismo.
Giuseppe Soldi, durante el Mundial de Contrarreloj por equipos de 100 kilómetros. CEDIDA
Actualmente EL ESPAÑOL sostiene una conversación con el hijo de Giuseppe Soldi, quien ya falleció. Luca narra con orgullo las vivencias de su padre, un hombre sencillo, que dominó el ámbito amateur, jamás presumió de sus logros y comprendió que los sacrificios del profesionalismo no encajaban con él.
El maillot de campeón del mundo, el arcoíris, una de las prendas más emblemáticas del deporte, permaneció guardado 60 años en un cajón. Reservado, como Giuseppe, aunque ahora ha sido recuperado y se exhibe en el Museo del Ciclismo Madonna del Ghisallo junto a otras prendas de Merckx, Bartali y Coppi.
El joven que conquistó todo
El León de Zoppas. Así se titula el libro biográfico que Luca Soldi ha escrito sobre su padre, Giuseppe Soldi. Con el exciclista ya fallecido, quiso preservar su legado y relata una historia impresionante que en su momento fue noticia pero que había quedado en el olvido.
El 11 de diciembre de 1940 vino al mundo Giuseppe Soldi en Forcello di Stagno Lombardo, un pequeño municipio de la llanura padana italiana, en la provincia de Cremona. Hijo de Palmiro, molinero de oficio, y de María, ferviente seguidora de las carreras de su hijo.
«La bicicleta no era un mero juguete. Era la única forma de recorrer las distancias en esa vasta llanura, pero para Giuseppe pronto se convirtió en algo más: el camino hacia el mundo. Su padre Palmiro ensamblaba bicicletas con piezas recicladas», rememora para EL ESPAÑOL Luca Soldi sobre los inicios de su padre en el ciclismo.
Rápidamente comenzó a destacarse. A los 15 años empezó a competir con el Gruppo Sportivo Migliaro, y sus piernas mostraban que tenía algo especial en comparación con otros jóvenes. Con dieciséis victorias en la categoría ‘allievi’ se convirtió en ídolo en Migliaro.
«El pueblo se vaciaba cuando había competición. Su padre permanecía quieto al borde de la carretera con los brazos cruzados. Su madre, con las manos unidas, como en oración», relata Soldi sobre cómo se vivían los éxitos de su padre.
Soldi, ganador de la Coppa Dondeo. CEDIDA
A los 17 años, en 1958, se coronó campeón de la Coppa Dondeo, la competición más destacada de Italia en la categoría ‘allievi’, y 4.000 espectadores se agolparon en las cunetas para presenciar la victoria de Soldi. «La hazaña del joven que conquistó todo», titularon los diarios.
Dos errores clave
Tras una grave caída que provocó fracturas múltiples y obligó a meses de inmovilización forzada a los 20 años, llegaron los que Luca Soldi, citando a su padre, define como los dos errores más importantes de su carrera.
«Cuando fue momento del servicio militar, existía un camino claro para un ciclista talentoso: la Compagnia Atleti de Roma, donde los mejores deportistas italianos cumplían su servicio sin dejar de entrenar y competir», rememora Luca.
«Sin embargo, un buen amigo, Giuseppe Miglioli, vicepresidente de la U.S. Cremonese, el histórico club futbolístico de Cremona hoy en Serie A, le aconsejó optar por los Vigili del Fuoco«, detalla el hijo del campeón.
«Giuseppe confió en él. Terminó en Roma igualmente, pero sin poder competir. Fueron dos años de inactividad después de la lesión; tres en total lejos de las carreras. Más adelante no culpaba a Miglioli porque el consejo fue dado de buena fe, aunque admitía que fue la primera verdadera equivocación en su trayectoria deportiva», apunta Luca Soldi.
El segundo gran error apareció después, al entrar en el profesionalismo. Soldi firmó por Bianchi, aconsejado por su amigo Pierino Baffi, pero en su primer año en el equipo italiano se encontró aislado al perder a la referencia que suponía su compañero, que se retiró.
El Mundial bajo una intensa tormenta
En 1965 tuvo lugar el momento decisivo para avanzar en su carrera deportiva. Giuseppe Soldi formó parte del equipo italiano que viajó a Lasarte para competir en el Campeonato Mundial de contrarreloj por equipos. 100 kilómetros que ponían a prueba a cualquier ciclista.
Llegaron a la región vasca junto a sus compatriotas Guerra, Dalla Bona y Denti, y llegaron nada menos que 40 días antes de la competición, decisión tomada por Elio Rimedio, el comisario técnico.
«La rutina era estricta: despertar a las 6:30, desayuno con arroz blanco y bistec – siempre igual cada mañana -, y luego entrenamiento en bicicleta sobre el circuito. Rimedio no solo trabajaba las piernas, sino también la conexión del equipo», recuerda su hijo para EL ESPAÑOL.
Giuseppe Soldi, junto a sus compañeros en el podio. CEDIDA
«Llegamos a España con 40 días de anticipación y realizamos entrenamientos intensos, más rigurosos que nunca, bajo las órdenes del Comisario Técnico Rimedio. Teníamos buenas opciones de ganar, a pesar de que los favoritos eran los españoles», declaraba entonces el protagonista.
La noche previa a la prueba, entre el 1 y 2 de septiembre de 1965, una tormenta severa azotó el Golfo de Vizcaya. Las tribunas fueron derribadas por fuertes vientos y las carreteras se transformaron en auténticos ríos.
En esas condiciones extremas, Italia resultó vencedora. El equipo italiano, enfrentando múltiples dificultades excepto Soldi, completó los 100 kilómetros en 2 horas, 22 minutos y 38 segundos, con un promedio de 42,238 kilómetros por hora.
España, favorita con Díaz, Lasa, Rodríguez y Perurena, finalizó segunda a 27 segundos, mientras que Francia llegó tercera a más de dos minutos.
El paso al profesionalismo
Esa actuación le otorgó un contrato profesional a Giuseppe Soldi. «Un amigo, Pierino Baffi, lo llevó al Salón del Ciclo de Milán. Allí, seducido por la famosa maglia biancoceleste, firmó con la Bianchi de Giuseppe ‘Pinella’ De Grandi», recuerda su hijo.
De repente, estaba corriendo una Milán-Sanremo entre los mejores del mundo. Soldi había dejado atrás las competiciones menores para mostrarse al mundo en la Classicissima.
«En aquella Sanremo, al llegar al pie del Turchino, el grupo rodaba despacio, intenté adelantarme esperando hacer algo bueno. Tras algunos kilómetros, un pequeño grupo me alcanzó y me pasó a gran velocidad», recordaba el ciclista.
«Me puse de pie sobre los pedales y di todo para mantenerme con ellos. Imposible, iban demasiado rápido con Eddy Merckx, que después ganó la carrera. Agotado y frustrado, me retiré», comentó el excorredor del Bianchi.
Soldi constató que ese mundo no era para él. Exigía demasiado, sacrificios mayores. «Molesto, regresé a casa y di por terminada mi etapa en el ciclismo», contó. Una carrera breve con un fugaz brillo en el profesionalismo.
Ganando carreras desde un escritorio
Tras dejar el ciclismo, Giuseppe Soldi se reinventó como maquinista ferroviario y empleado bancario. «Trabajó en banca hasta su jubilación», recuerda su hijo para EL ESPAÑOL.
No obstante, nunca abandonó la bici: «Unos diez años después de retirarse del alto nivel, volvió a competir en categoría amateur. Y ganó nuevamente, aproximadamente ciento cincuenta veces. Incluso contagió a sus compañeros del banco – personas que tal vez nunca habían visto una carrera ciclista y que, gracias a él, descubrieron algo hermoso», relata Luca.
El arcoíris olvidado
Giuseppe Soldi, hombre reservado y sin deseos de protagonismo, nunca presumió de aquel Campeonato Mundial que conquistó. De hecho, tomó su maillot arcoíris y lo guardó en un cajón, donde permaneció años intacto y cubierto de polvo.
«Dobladito entre papeles y fotos antiguas, sin marco ni vitrina. Como cualquier objeto común», recuerda su hijo al evocar la personalidad de su padre.
«Nunca se jactó; era fiel a su esencia. Todos quienes lo conocían recordaban primero su sonrisa en lugar del maillot arcoíris», comenta Luca.
El hijo y el nieto de Giuseppe Soldi, en el Museo del Ghisallo con el maillot. CEDIDA
Ahora es él quien ha vuelto a dar brillo a ese maillot para compartirlo con el mundo del ciclismo. Lo ha llevado al Museo del Ciclismo Madonna del Ghisallo, en Magreglio, junto al lago Como.
Nieto y padre tomaron la iniciativa para preservar la memoria de este ciclista casi desconocido: «Tres generaciones unidas por una maglia que aguardó sesenta años en un cajón. Ahora reposa junto a las camisetas de Coppi, Bartali y Merckx. Además, hay otro maillot conservado en el Museo del Ciclismo Cremonese».
En el funeral de Giuseppe reposaban dos camisetas sobre el ataúd. Una era la azul de la selección italiana, la otra, el maillot arcoíris de campeón mundial. «Llegó un hombre de unos setenta y cinco años, vestido con ropa ciclista. Se acercó al féretro, lo besó y únicamente dijo en dialecto cremonese: ‘Ciao, Giusep'», recuerda su hijo.
Ahora su historia puede ser rememorada y apreciada gracias a un maillot arcoíris que vuelve a brillar con luz propia.

