España supera los desafíos económicos de la guerra en Irán mejor que en la crisis de 2008 y Europa, aunque muestra debilidades en vivienda y productividad

Un informe de Esade prevé que la economía española crezca un 2,3% en 2026 en un entorno europeo mucho más débil

La economía española afronta la

Mientras la guerra en Oriente Medio y en Ucrania continúa aumentando la incertidumbre económica, España mantiene un ritmo de crecimiento superior al de sus socios europeos y se encuentra con menor deuda privada que en anteriores crisis, pese a que persisten ciertos puntos débiles dentro de su propia economía. El último Informe Económico y Financiero de Esade subraya que esa posición más favorable no elimina riesgos como el mercado inmobiliario, los precios energéticos o la baja productividad.

Según las estimaciones del centro académico, la economía española crecerá un 2,3% en 2026, tras haber avanzado un 3,5% en 2024 y un 2,8% en 2025, en un contexto europeo notablemente más débil, con una eurozona que apenas alcanzará el 1,3%. El informe atribuye esta diferencia al dinamismo del consumo privado, la generación de empleo y una menor dependencia de sectores industriales altamente expuestos a la desaceleración internacional.

No obstante, el documento también advierte que un crecimiento superior no implica necesariamente una mejora en la calidad del desarrollo. Los autores destacan que gran parte del progreso reciente depende aún de incrementar la cantidad de trabajadores y no de aumentar la producción por hora trabajada, un factor que podría limitar la capacidad de resistencia del país si el entorno internacional se deteriora.

Una economía más saneada que en otras crisis

Uno de los aspectos que el informe resalta como diferenciador frente a ciclos anteriores es que España llega a esta etapa con menos desequilibrios acumulados que antes de la crisis financiera de 2008. En contraste con el elevado endeudamiento privado de entonces, tanto hogares como empresas registran ahora niveles de deuda históricamente inferiores, lo que proporciona un mayor margen ante eventuales aumentos en los costes financieros o una ralentización económica.

También mejora la posición externa. El informe recuerda que España conserva capacidad de financiación y se desarrolla sin los grandes desequilibrios externos que caracterizaron otras etapas. A esto se añade el creciente peso de actividades más allá del turismo, como la tecnología, la consultoría o los servicios profesionales, cuyas exportaciones han alcanzado máximos históricos en los últimos años.

El empleo sostiene gran parte del crecimiento

A pesar de esa mejora estructural, el informe insiste en que el principal impulsor del crecimiento sigue siendo el empleo. Cerca del 60% del incremento del PIB entre 2021 y 2024 se explica por el aumento de la ocupación, mientras que una porción menor corresponde a mejoras en la productividad. En resumen, España sigue creciendo fundamentalmente porque hay más personas trabajando, y no porque cada trabajador produzca significativamente más que antes.

Los autores opinan que esta dependencia del empleo limita la sostenibilidad del modelo a medio plazo. Aunque reconocen avances en ciertos sectores y mejoras puntuales en eficiencia, advierten que aún no existe un salto amplio y consolidado en productividad que posibilite un aumento sostenido de salarios y renta por habitante.

Vivienda, energía y tamaño empresarial como frenos internos

Por otro lado, el informe identifica varios obstáculos internos que podrían dificultar esa transición hacia un crecimiento más sólido. Uno de los más importantes es el sector de la vivienda. El mercado residencial continúa mostrando un desajuste entre oferta y demanda, especialmente en territorios con alta presión demográfica y laboral, lo que eleva los precios y limita la movilidad laboral.

Además, se suman otros frenos, como el costo de la energía, que sigue afectando tanto a familias como a empresas, y el reducido tamaño de muchas compañías españolas, lo que limita su capacidad para expandirse, invertir más y modernizarse. El informe señala que, aunque España ha avanzado en digitalización y en sectores con mayor valor añadido, numerosas pymes todavía enfrentan dificultades para integrar tecnología de manera suficiente en su operación diaria.

Si las guerras se alargan, aumentará la presión

El informe advierte que una intensificación de los conflictos en Oriente Medio y una prolongación de la guerra en Ucrania podrían deteriorar la economía española en un corto periodo.

Entre los principales riesgos se destacan el aumento en el costo de materias primas, el alza en los gastos de transporte y posibles interrupciones en las cadenas globales de suministro. La situación en torno al estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial, se señala como uno de los puntos más sensibles por su impacto directo en el sector energético.

A este escenario se suma la incertidumbre comercial causada por los aranceles promovidos por Estados Unidos y el alto nivel de deuda pública de varias economías, un factor que podría encarecer el financiamiento y aumentar la inestabilidad en los mercados a medida que crecen las dudas sobre la capacidad de algunos países para sostener sus cuentas.

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