Una investigación señala que el factor primordial en el desarrollo de esta afección es la cantidad y el tipo de luz que penetra en el ojo y su efectividad para activar la retina
La miopía se ha convertido en un problema epidémico. Esta condición visual, que dificulta la percepción clara de objetos distantes, afecta a un número creciente de personas. En España, se considera la principal dificultad visual, ya que en 2022 afectaba a un 37% de la población total, lo que representó un aumento de nueve puntos porcentuales respecto al análisis previo. En otras regiones del mundo la situación tampoco mejora: hoy en día, casi la mitad de los adultos jóvenes en Estados Unidos y Europa tienen miopía, y en ciertas áreas del este de Asia la cifra se acerca al 90%. La causa exacta del desarrollo aún no está definida y no existe consenso, pero las pantallas han sido uno de los factores señalados.
Sin embargo, una reciente investigación cuestiona esta hipótesis. Para comprender este punto, es necesario examinar el estudio realizado por la Facultad de Optometría de la Universidad Estatal de Nueva York. Los investigadores emplearon una tecnología innovadora para registrar los cambios en el tamaño pupilar al aumentar el poder óptico del ojo para enfocar objetos cercanos, como al usar un móvil.
Según el profesor José Manuel Alonso, autor principal del estudio, la conclusión principal es que la pupila se contrae cuando el ojo aumenta su capacidad óptica en tareas de visión cercana. Además, esta contracción es “muy notoria, se intensifica con el tiempo y la miopía la amplifica aún más”.
Estos resultados, combinados con otros experimentos del laboratorio de Alonso, condujeron a plantear un mecanismo muy simple para la evolución de la miopía. “Creemos que el factor clave en su desarrollo es la cantidad y tipo de luz que penetra en el ojo y su capacidad para activar la retina, el tejido neuronal que responde a la luz. Cuando el ojo está expuesto a luz débil durante períodos prolongados, la miopía se agrava, como sucede al leer por la noche con iluminación tenue”, explicó a El Confidencial.
Las pantallas no constituyen el problema
Por lo tanto, el investigador sostiene que las pantallas no deberían representar un riesgo siempre que reflejen suficiente luz natural (por ejemplo, leer una pantalla cerca de una ventana durante el día). No obstante, pueden ser problemáticas si se utilizan para leer de noche, cuando la pantalla es la única fuente luminosa y la distancia al ojo es de 30 centímetros o menos.
“Bajo estas condiciones, la cercanía disminuye el tamaño de la pupila y la cantidad de luz que entra al ojo. Además, cuando la pantalla emite mucha luz azul, la pupila se reduce aún más. Nuestro estudio también evidencia que el tamaño pupilar disminuye durante el tiempo que se mantiene la concentración en la lectura”, ahondó.
Esta investigación, publicada este martes en Cell Reports, forma parte de un proyecto de larga duración. Sus estudios previos permitieron predecir que la pupila podría ser un elemento clave en el desarrollo de la miopía y, para confirmar esta hipótesis, desarrollaron un método preciso para medir los cambios pupilares y otras funciones oculares al aumentar el poder óptico del ojo.
La teoría que proponen, en la que las pantallas no son culpables, se suma a un extenso conjunto de hipótesis que intentan explicar el desarrollo de la miopía. “Creemos que esta condición surge cuando el ojo está expuesto a luz tenue durante tiempos prolongados. Otros plantean que influyen factores como el tipo de luz, el contraste o la falta de enfoque. Hasta ahora, ninguno de estos enfoques ha resuelto el problema. No hemos logrado detener ni revertir la epidemia de miopía. Nuestro objetivo en los próximos años es continuar investigando este nuevo mecanismo propuesto y desarrollar recomendaciones concretas para prevenir y frenar la progresión de la miopía”, detalló.
Cómo adaptar los espacios laborales
Por ahora, si su hipótesis es correcta, Alonso propone una serie de medidas dirigidas a modificar los espacios de trabajo para prevenir estos daños visuales. En primer lugar, recomienda el incremento del uso de luz natural, siempre que sea posible, y trabajar con pantallas cerca de las ventanas durante las horas diurnas. Si no se cuenta con luz natural, sugiere aumentar la exposición a esta fuera del horario laboral.
Mejorar la calidad de la iluminación en espacios dedicados a tareas que requieren enfoque cercano es otro consejo, junto con evitar pantallas con exceso de luz azul y mantener una distancia de visualización que no reduzca demasiado el tamaño de las pupilas, algo que se logra situándose a una distancia igual o mayor que la longitud del antebrazo.
Más allá de este mecanismo, el equipo también colabora con dispositivos medidores de luz acoplables a las gafas —dentro del marco del proyecto VEET de Meta— para investigar la relación entre las condiciones luminosas, los hábitos visuales y la severidad de la miopía. “Aún queda mucho por avanzar, pero creemos que estamos cerca de encontrar una solución”, concluyó.

