El Consejo General de Enfermería ha remitido una carta a Mónica García alertando sobre las actividades de parteras tradicionales
El conflicto entre enfermeras y doulas no es algo reciente. Desde hace años, las primeras denuncian el intrusismo y los peligros asociados a partos sin supervisión médica. Recientemente, se ha añadido un nuevo episodio a esta problemática: el Consejo General de Enfermería (CGE) ha enviado una carta a la ministra de Sanidad, Mónica García, expresando su preocupación por las parteras tradicionales y solicitando la implementación de las medidas adecuadas.
El documento, al que ha accedido El Confidencial, inicia con críticas a publicaciones realizadas por doulas o parteras tradicionales pertenecientes a un grupo autodenominado B.R.U.J.A.S. (Brigada Revolucionaria Unida por la Justicia, la Autonomía y lo Sagrado).
Concretamente, las enfermeras citan un comunicado en el que se lee: «En un contexto donde se reivindica la figura histórica de las brujas como símbolo de resistencia y sabiduría femenina, vemos con preocupación cómo algunas matronas se suman a la persecución de parteras tradicionales mediante denuncias por intrusismo. Estas acciones no solo invisibilizan los saberes ancestrales, sino que niegan a las mujeres el derecho a decidir cómo, con quién y en qué condiciones dar a luz«. Además, B.R.U.J.A.S. exige el reconocimiento de la partería tradicional como una “práctica legítima y necesaria”. Este medio ha intentado contactar con este grupo, sin éxito.
Montse Angulo, vocal de Matronas del CGE, explica que B.R.U.J.A.S. suele organizar encuentros donde se discuten temas de salud y se promueve la exclusión del sistema sanitario, considerando a los profesionales sanitarios «los malos». “En su comunicado alegan que no respetamos a las mujeres y que dificultamos su derecho a elegir dónde y con quién parir. Esto es falso. Nuestro papel es informar correctamente sobre los riesgos y beneficios de un parto en casa o en hospital, siempre que la mujer cuente con la supervisión de un profesional sanitario”, puntualiza.
Florentino Pérez Raya, presidente del CGE, señala en la carta dirigida a Sanidad que estas posturas de las autodenominadas doulas o parteras tradicionales están originando una “corriente reducida de mujeres mal orientadas y asesoradas” desde la perspectiva profesional, quienes creen erróneamente que, al tratarse de un proceso fisiológico, carece de riesgos y no requiere atención médica.
Aunque se trata de un fenómeno natural que debería desarrollarse espontáneamente y culminar con la salud de madre y bebé, Angulo advierte que durante el proceso “pueden surgir numerosas complicaciones”. En esos casos, el profesional sanitario es clave al conocer las posibles situaciones, riesgos y prevenciones. Estos profesionales adquieren ese conocimiento tras completar el grado, preparar el EIR y especializarse por dos años en enfermería obstétrico-ginecológica.
Además, la carta del CGE destaca que en tiempos recientes se observa un incremento de partos sin presencia profesional, conocido como parto libre, «con los consiguientes daños y riesgos graves para la salud tanto de la mujer como del recién nacido». Angulo recibe también esta información a través de los vocales provinciales, con especial repercusión en Cataluña.
Esta situación ha sido expuesta a la ministra Mónica García mediante un documento que, según fuentes de Sanidad consultadas por este medio, aún no ha sido recibido oficialmente. No obstante, el Ministerio ya conocía esta problemática desde hace años gracias a las denuncias del Consejo General, según indican las enfermeras. Además, otras entidades como la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) comenzaron en 2014 a establecer contactos con Sanidad para solicitar medidas contra las doulas.
El consejo enfermero concluye el escrito solicitando la adopción y promoción de “medidas adecuadas de toda índole (inspección, información y control) en los distintos territorios”. La vocal del CGE explica que con esta petición buscan generar un llamado a la sociedad y que García establezca diálogo con las matronas para abordar estrategias educativas sobre salud y fortalecer la relación de las mujeres con el sistema sanitario para evitar su adhesión a estos movimientos.
Angulo añade que esperan recibir apoyo, particularmente en el ámbito legal. “Podemos actuar por intrusismo, pero el problema es que estas mujeres son muy astutas y discretas. Al navegar por páginas de doulas, lo que afirman no corresponde con la realidad. Además, las mujeres que las acompañan están muy influenciadas y cuando llegan al hospital alegan que las acompaña una amiga. Si la mujer no quiere denunciar, no se puede hacer más”, concluye.
Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva
Respecto al intrusismo, Sanidad indica que la supervisión del ejercicio profesional y las actuaciones frente a posibles intrusiones se gestionan a través de los colegios profesionales y autoridades competentes en las comunidades autónomas.
Sin embargo, señala que está finalizando la actualización de la Estrategia Estatal de Salud Sexual y Reproductiva 2025-2030 en colaboración con el Ministerio de Igualdad. En esta estrategia, en la que han participado comités técnicos, CCAA, asociaciones profesionales y colectivos de mujeres, se refuerza de manera especial la necesidad de formación y desarrollo de competencias en todos los profesionales que acompañan a la mujer durante el embarazo, parto y postparto.
Asimismo, se destaca «la relevancia de contar con profesionales sanitarios regulados y con la formación adecuada, como las matronas, reconociendo su papel de liderazgo».
¿Cómo se ha llegado a esta situación?
Más allá de las posibles soluciones, Angulo reflexiona sobre que todo este escenario contrasta con el mayor acceso a la información existente hoy en día: “Regresar a épocas primitivas parece incongruente en un momento donde la evidencia científica demuestra la viabilidad de partos tanto en casa como en hospital. Otra cuestión es que la sanidad pública lo ofrezca”. Recuerda además que estas doulas o parteras tradicionales no trabajan de forma gratuita.
“La mujer tiene derecho a decidir dónde y con quién parir. No obstante, si no se es profesional de la salud, no está permitido cobrar por ello. Si prefiere hacerlo con la vecina o la tía, asume el riesgo y yo no puedo avalar que sea así, pero es su derecho siempre que no haya remuneración”, señala.
¿Cómo se ha llegado hasta este punto? La matrona sostiene que existe un movimiento antisistema activo, y que estas mujeres “se manejan con destreza en esos ambientes”. Buscan a quienes tuvieron malas experiencias previas en el sistema público y que ya estén vinculadas a asistencias basadas en medicina tradicional o remedios naturales.

