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- Autor, Lebawit Lily Girma
- Título del autor, BBC Travel
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Durante un recorrido por carretera por la costa norte de Jamaica en 2014, hice una parada para almorzar en la playa de Mammee Bay. La extensa franja de arena blanca que bordeaba el mar turquesa me dejó sin palabras. Sin embargo, lo que más quedó grabado en mi memoria fue el panorama local: barcos de pescadores amarrados tras una jornada laboral y niños jugando en la arena.
Para el año 2020, ese tramo de playa fue vendido a un promotor privado, con el propósito de erigir un lujoso complejo turístico y residencial con inversión millonaria. Como resultado, se levantó un muro de cemento y la playa fue clausurada para los residentes.
Los pescadores que vivían cerca, en la comunidad de Steer Town, se vieron abruptamente restringidos en su acceso a las aguas donde habían botado sus embarcaciones durante innumerables generaciones.
El paso hacia el popular lugar para nadar, el Roaring River, también fue bloqueado, después de que el gobierno vendiera los terrenos a la empresa China Harbor Engineering Company, que construyó residencias privadas.
“¿Cómo es posible que una playa o un río se usen durante (cientos de) años y, de repente, en pocos días, se pierda el acceso?”, expresó Devon Taylor, cofundador del Movimiento Ambiental por el Derecho a la Playa de Jamaica (JaBBEM).
La lucha por las playas de Jamaica
Para muchos turistas extranjeros, Jamaica representa playas de arena blanca y palmeras meciéndose al viento. En 2024, un número récord de 4,3 millones de visitantes llegó a la isla; no obstante, aunque muchos vinieron a disfrutar el agua cristalina, estas playas se están tornando cada vez más inaccesibles para la población jamaicana.
De los 1.022 kilómetros de costa que tiene la isla, solo el 0,6 % corresponde a zonas públicas con acceso libre para los residentes, según reporta JaBBEM.
“Se ha deteriorado gravemente nuestra conexión cultural con los espacios naturales”, afirmó Taylor.
“Están transferiendo nuestros recursos naturales a manos extranjeras”, añadió.

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La privatización de las playas en Jamaica ha sido un proceso que se extiende durante setenta años, pero en los últimos cinco, el cierre de áreas valoradas por los locales, como Mammee Bay, se ha acelerado con la proliferación de resorts y desarrollos inmobiliarios de propiedad extranjera.
Actualmente, solo un 40% de los US$ 4.300 millones que aporta el turismo a Jamaica permanece en el país. Paralelamente, los hoteles todo incluido están creciendo en las playas insulares.
Se proyecta que para 2030 se construyan 10.000 habitaciones nuevas en toda la isla, muchas de las cuales, como el Hard Rock Hotel con 1.000 habitaciones y el Moon Palace The Grand con 1.350 habitaciones en Montego Bay, estarán ubicadas en la costa y aumentarán las restricciones para los jamaicanos en el acceso al litoral.
Este fenómeno se atribuye en gran medida a la Ley de Control de Playas de 1956, una herencia del casi siglo en que la nación fue colonia británica. Dicha legislación otorga al Estado la propiedad del litoral y establece que los jamaicanos no tienen derecho público a nadar ni a acceder a las playas sin autorización, lo que permite al gobierno transferir zonas costeras a particulares.
“Al desconectar a los jamaicanos del mar, de sus técnicas pesqueras ancestrales y de sus medios de subsistencia, se está erosionando la comunidad; en una o dos generaciones, esta dejará de existir”, declaró Marcus Goffe, abogado representante de JaBBEM.
La lucha de los jamaicanos por el acceso a las playas cobró mayor impulso con la creación de JaBBEM en 2021.

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Los residentes demandan cada vez con más vehemencia la derogación de la Ley de Control de Playas. Actualmente hay cinco litigios en curso que buscan garantizar el acceso a las playas para la población en toda la isla.
Entre estos casos se encuentran Mammee Bay Beach; Providence Beach en Montego Bay, donde Sandals Resorts International planea construir bungalows sobre el agua; Bob Marley Beach, con comunidades rastafaris que enfrentan un resort de lujo valorizado en US$ 200 millones; así como Little Dunn’s River y Blue Lagoon, donde la operación de negocios locales de rafting fue prohibida desde agosto de 2022.
“En Montego Bay, quizás quedan solo cuatro playas públicas”, mencionó Monique Christie, coordinadora de JaBBEM.
Christie está entre las diez personas que recientemente interpusieron una demanda contra Sandals Resorts, con la intención de evitar la privatización de Providence Beach, un lugar donde ella y su familia han nadado desde su infancia.
“Esto no es solamente una cuestión de derechos. Comunidades como la nuestra mantienen un vínculo profundo con la tierra y el entorno natural: mares, aire, costa, flora y fauna”, explicó Goffe.
Cuando regresé a Jamaica para un viaje por carretera en diciembre, apenas seis semanas después del huracán Melissa, constaté que la mayoría de las playas en las costas oeste y norte permanecían cerradas debido a los resorts todo incluido que ocupan el espacio o exigen pago para ingresar, incluido Mammee Bay.
Aboné 1.200 dólares jamaicanos (7,60 dólares) para acceder a la playa a través del restaurante Bamboo Blu del hotel.
En las escasas playas libres y hermosas de la costa norte, como Dead End Beach y Discovery Bay, las familias con niños disfrutaban del reggae en el bar restaurante del hotel, mientras pescadores limpiaban y vendían su captura.
En importantes destinos turísticos como Montego Bay y Ocho Ríos, los huéspedes de resorts privados están cada vez más aislados de los entornos de vida local.

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Cómo visitar Jamaica de manera responsable
Mientras Jamaica se recupera de los daños ocasionados por el huracán Melissa el otoño pasado, Taylor aconsejó a los viajeros evitar resorts que restringen el acceso a las playas únicamente a sus huéspedes y no a los jamaicanos.
“La tarea es sencilla: investigar, administrar el presupuesto con cuidado y aprovechar los espacios locales de Jamaica”, añadió.
Afortunadamente, existen diversas formas de gozar unas vacaciones idílicas en estas playas, conectándose con la cultura local y apoyando la economía local. En Seven Mile Beach, Negril, hospedarse en el Charela Inn, propiedad local, sitúa a los visitantes a pocos pasos de la playa pública, además de estar cerca de los puestos de pollo jerk en Norman Manley Boulevard y del mercado artesanal.
Un círculo semanal de tambores por la tarde en el Wavz Beach Club con el maestro baterista Calbert Brooks, o una banda de reggae en vivo en el Boat Bar, propiedad jamaicana, ofrecen excelentes maneras de experimentar la cultura local.
A dos horas al sur de Negril, las playas de arena negra de Treasure Beach permanecen abiertas al público y cuentan con varios hoteles locales y villas de lujo, como My Irie Escape, que se abastecen de productos de agricultores y pescadores jamaicanos y emplean guías turísticos locales.

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Taylor sugiere también optar por alojamientos de Airbnb gestionados por jamaicanos a lo largo de la isla, incluyendo Kingston, la capital poco valorada y centro cultural de Jamaica.
La costa este, agreste y tranquila, cuenta con hoteles boutique íntimos de propiedad jamaicana, como Sea Cliff Resort. Esta casa está a solo 15 minutos en coche de Winnifred Beach, una de las playas públicas más hermosas de la isla.
A 45 minutos en auto de Kingston hacia el este se encuentra la playa pública Bob Marley, que originalmente fue un santuario para familias rastafaris que huyeron de la persecución estatal a finales de los años 60. También fue el lugar donde el icono del reggae vivió un tiempo y creó música junto a Peter Tosh y Bunny Wailer.

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Camala Thomas, una residente rastafari de tercera generación cuya abuela fue una de las primeras en establecerse aquí, dirige un pequeño restaurante junto a la playa llamado Macka’s Kitchen, donde suele contar a los visitantes la historia local.
Cuando se planificó la construcción de un resort de lujo de US$ 200 millones en los alrededores, ella y su familia se unieron a una demanda para asegurar que el acceso a la playa permaneciera público.
“Se siente como una gran traición (por parte del gobierno)”, declaró.
Sin embargo, para Christie, el problema es tan simple como permitir que los jamaicanos puedan acceder a los mismos mares azul celeste que atraen a tantos turistas.
“En Noruega, los bosques son de todos y no se cercan”, afirmó, haciendo alusión al allemannsretten, el derecho público a caminar libremente por zonas boscosas, siempre que no se cause daño.
“¿Por qué el mar y las playas deberían ser diferentes en Jamaica?”, cuestionó.

