Un caso excepcional en el hospital de Córdoba: atención efectiva en 60 minutos con triaje eficiente y sin fallecidos

La directora del centro relata a El Confidencial cómo se organizó el operativo tras el accidente, lo que evitó un aumento en el número de víctimas. Felipe VI y Mónica García subrayan que todos los atendidos en los centros sanitarios lograron sobrevivir

Foto: El rey Felipe visita a afectados por el accidente de Adamuz en el Hospital Reina Sofía. (Reuters/José Jiménez) EC EXCLUSIVO

Alrededor de las 19:30 del domingo 18 de enero comenzó a sonar el teléfono de Elena García Martínez, directora médica del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba. La noticia del accidente ferroviario se difundió rápidamente entre los gestores sanitarios de la zona, iniciándose la coordinación del plan de catástrofes. Este plan tiene como propósito garantizar la capacidad de respuesta ante una demanda de atención que supere lo habitual, organizando todos los recursos disponibles de forma ágil y efectiva.

Mientras que en el lugar del accidente el centro coordinador intentaba realizar un triaje para determinar a qué centros trasladar a cada herido, el hospital dirigido por la Dra. García se preparaba.

En paralelo a la evaluación de pacientes en la zona cero de Adamuz, se implementó la primera medida en el hospital cordobés: activar a los profesionales localizados, un conjunto de especialistas que pueden acudir desde sus domicilios. Simultáneamente, se coordinó con otros servicios fundamentales. A medida que llegaban los médicos al hospital, se habilitaron áreas y se asignaron recursos esenciales para la atención de las víctimas. Todo el equipo se reunió en urgencias, donde comenzó la ejecución del plan de catástrofe.

Un gran número de estos profesionales ya se dirigían al centro incluso antes de recibir la llamada, mientras que otros llegaron sin haber sido contactados. No solo se movilizaron médicos, sino también especialistas de distintos campos, como enfermeras, auxiliares, ingenieros y técnicos. “Llegaron cientos de profesionales”, relata emocionada la directora del hospital.

Elena García Martínez. (Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba)

Se establecieron circuitos diferenciados para evitar que la atención habitual del hospital se mezclara con la dedicada a los afectados del accidente. Estas vías facilitaron una gestión más ordenada y garantizaron que los heridos fueran atendidos con prioridad, sin interferir con los pacientes previos. Además, se derivaron a pacientes menos graves que ya estaban dentro del hospital a otros servicios de urgencias periféricos cercanos, bajo atención primaria, alivianando así la presión sobre la clínica principal y concentrando los recursos en los casos más críticos.

También se tomaron medidas para liberar espacio. Se liberaron camas tanto en planta como en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), trasladando a pacientes cuya condición no requería atención urgente.

Todo el dispositivo se implementó en poco más de una hora, para asegurar que el hospital estuviera completamente preparado para la llegada de los primeros accidentados. Así, se esperaba recibir pacientes con lesiones graves, que iban desde fracturas y contusiones hasta traumatismos craneoencefálicos. Asimismo, se coordinó con otros centros de la ciudad para redistribuir a los heridos.

«Las lesiones más frecuentes fueron fracturas, contusiones y heridas variadas. La mayoría de los traumatismos craneoencefálicos eran leves, aunque algunos presentaban gravedad extrema”, explica la directora del centro.

Traslado de uno de los heridos. (EFE/ Salas)

Los quirófanos fueron liberados mediante la suspensión de cirugías programadas no prioritarias ni urgentes. Esta acción permitió que los pacientes que requirieran intervención inmediata accedieran directamente a la sala de operaciones, donde les aguardaban los equipos médicos.

En resumen, este conjunto de actuaciones facilitó una atención rápida y efectiva. Los pacientes fueron atendidos según la gravedad de sus lesiones. En total, el hospital atendió a 58 personas, de las cuales más de la mitad recibieron el alta poco después, mientras que el resto fue ingresado o derivado a otros centros.

Éxito de los hospitales

El rey Felipe VI y la ministra de Sanidad, Mónica García, han resaltado cómo la labor de los profesionales sanitarios evitó que aumentara el número de víctimas en este accidente. Todos los pacientes que ingresaron en los hospitales lograron sobrevivir, y esta organización fue fundamental para evitar un colapso en la atención sanitaria.

Lo más impresionante fue observar a ese ejército de profesionales en el área de urgencias, preparados para actuar. Esa imagen de equipos organizados, respondiendo con precisión casi militar, era algo que nunca había visto”, relata García, quien también comenta que quedaron con cierta inquietud porque “si hubiesen llegado más lesionados”, tal vez “se les habría podido salvar”.

A pesar de la tragedia, creció el orgullo por lo que conseguimos juntos. Fue un trabajo en equipo que fortaleció nuestra unión, conscientes de que respondimos acorde a la magnitud de la situación”, concluye la directora del centro en nombre de sus profesionales.

Uno de los integrantes de ese equipo mencionado por la directora de Reina Sofía es Eduardo Aguilar, intensivista con cinco años de experiencia en el hospital principal de Córdoba. «Nos alertaron entre las 20:30 y 21:00», recuerda, detallando que en la UCI aún permanecen seis adultos y un niño según el último informe de la Consejería de Sanidad.

El hospital se preparó para hacer frente a la emergencia y en ese momento llegó Aguilar, con la dirección preparando urgencias y UCI. Al comprender la magnitud del accidente, el intensivista se integró al equipo asignado al hospital de campaña instalado en Adamuz para la atención inicial de los heridos.

«Al confirmarse que eran dos trenes, se decidió reforzar al 061”, explica Aguilar, quien arribó a la localidad alrededor de las 23:20, con la mayoría de los heridos ya atendidos. Los casos predominantes fueron politraumatismos, hemorragias y traumatismos torácicos, por lo que se aplicó la «cirugía de control de daños», es decir, intervenir urgentemente lo que requiere atención inmediata.

La situación no difiere mucho de lo habitual para un intensivista habituado a recibir heridos de accidentes de tráfico, aunque, relata este médico, la escala fue excepcional: «Jamás había presenciado algo así en mi carrera, con tal cantidad de pacientes».

En cuestión de un par de horas, la mayor parte del trabajo en el hospital de campaña concluyó, y los pacientes más graves fueron trasladados a los diversos hospitales alertados por la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias. De regreso en Reina Sofía, se repitió la distribución de pacientes entre urgencias, quirófanos y la UCI. Aguilar y su equipo, aún impactados por la gravedad de lo vivido en Adamuz, se retiraron a descansar alrededor de las 03:00, para regresar a sus puestos a las 07:00 y continuar con la labor.

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